Francisco Fernández García/Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz

Como es sabido, la proclamación en España de la II República se produjo como consecuencia del resultado de las elecciones municipales que tuvieron lugar el 12 de abril de 1931, en un momento de profunda crisis política, tras el fracaso del general Berenguer y la formación de un nuevo gobierno encabezado por el almirante Azar, y de gran descontento en amplios sectores de la población que demandaban un cambio radical en la política nacional.

Nuestra ciudad, como todas, vivió esos momentos con la incertidumbre propia de las circunstancias, agravada aún más con la propia crisis interna producida en el seno del ayuntamiento, motivada por el sistema de elección del alcalde. La nueva normativa, en vigor desde finales de 1930, determinaba que los alcaldes se elegirían por votación entre los concejales, siendo necesario para ello la mayoría absoluta. El 5 de febrero de 1931 el ayuntamiento de Caravaca celebró una sesión extraordinaria para designar oficialmente al alcalde, según lo ordenado por el Ministro de la Gobernación; durante su transcurso se realizó la votación sin que ninguno de los dos concejales mas votados alcanzará la mayoría absoluta, por lo que se ordenó una segunda votación ese mismo día, en la que sería nombrado alcalde el obtuviera la mayoría simple; produciéndose un acalorado debate sobre la legalidad de celebrar la segunda votación en la misma sesión. Tras el abandono de la sala de algunos concejales disconformes con la decisión adoptada, se consumó la votación, resultando elegido D. Francisco Martínez-Carrasco, lo que dio paso a un notorio enfrentamiento entre liberales y conservadores materializado en recursos y denuncias al Tribunal de actas, en medio de todo lo cual llegó la convocatoria de elecciones municipales, en la que los republicanos, especialmente los radicales-socialistas, realizaron una intensa campaña con diversos mítines y actos, no solo en Caravaca, sino también en algunas de las pedanías mas importantes como La Almudena, Archivel, Barranda, Benablón, Los Royos y Singla.

Estas elecciones crearon también cierta controversia ya que, en aplicación de las nuevas disposiciones, se asignaba a Caravaca un total de 23 concejales distribuidos en cuatro distritos. El primer problema se suscitó con la proclamación de candidatos celebrada el 5 de abril, ya que se proclamaron 10 candidatos republicanos, según el artículo 29, “no admitiéndose por la Junta del Censo la proclamación de los ciervistas por todos los distritos, por no estar presentes en el acto, a pesar de tener presentada la documentación”. A pesar de todo, las elecciones se desarrollaron con total normalidad, sin registrarse incidentes.

Al día siguiente, lunes 13, comenzó a extenderse la noticia del triunfo arrollador de los partidos republicanos, coincidiendo con la publicación de los resultados con carácter provisional, siendo en el caso de Caravaca de 21 republicanos y 2 monárquicos. He intentado conocer el resultado definitivo, pero no aparece publicado en ninguno de los tres periódicos provinciales (“El Liberal de Murcia”, “El Tiempo” y “La Verdad”) de esas fechas, desbordados por las noticias de los importantes sucesos que se estaban produciendo en las principales ciudades de la nación y que concluyeron con la abdicación del rey Alfonso XIII y la proclamación de la República. Tampoco aparece ninguna crónica, ni otro tipo de información alguna, sobre como se desarrollaron estos cambios en nuestra ciudad, por lo que para conocerlos la única fuente es el testimonio oral. Yo he tenido ocasión de preguntar sobre este tema a diversas personas y todos coincidieron en el entusiasmo y alegría de los caravaqueños, en las largas concentraciones en la plaza completamente llena esperando y comentando las noticias a través de las radios, en los corrillos en los bares de la plaza, el León y los Yemas, en la multitud de banderas republicanas que llenaban las calles llevadas por improvisados grupos: “Nuestro pueblo, al conocer la noticia, reaccionó como en toda España, fue una explosión delirante de alegría y se celebró como en todas partes. Hubo repiques de campanas, con pasacalles con la banda de música interpretando el himno de Riego y muchas borracheras. El pueblo se lanzó a celebrarlo confiado noblemente, sin meterse con nadie, haciendo gala de su nobleza de sentimientos, sin inclinaciones vengativas. Confiando, en que esta República tan ansiada, tan esperada y tan deseada, le traería la libertad, la emancipación económica y la felicidad. ¡Pobre pueblo! ¡Que pronto se desengañó! Nunca volverá a tener otra ocasión como aquella para hacer la revolución social”. El testimonio procede del libro inédito de memorias del caravaqueño Juan José Guirao titulado “Al resplandor de la aurora”, que vivió intensamente esos momentos, y cuyo contenido resulta interesantísimo para conocer la segunda república, la guerra civil y la represión franquista.

El miércoles 15, una comisión integrada por miembros del Comité Republicano-Radical Socialista, presidida por D. Ángel Sebastián Marín-Espinosa Giménez, se hizo cargo del consistorio, pasando a efectuarse la constitución provisional del nuevo ayuntamiento, resultando designado alcalde D. Miguel de Luelmo Asensio. El primer y único acuerdo que adoptó esta corporación fue rendir un homenaje a los héroes de la república capitanes D. Fermín y Galán y D. Ángel García Hernández, fusilados el año anterior, “se le ponga su nombre a la Plaza de la Constitución, cambiándole esta denominación por la de de Plaza de Galán y García Hernández y que a la calle de Alfonso XIII se le ponga el nombre de calle de la República”, se refiere a la actual calle de D. Alfonso Zamora. Dos días después, en la tarde del viernes 17, se procedió a la constitución definitiva, eligiéndose al alcalde mediante votación de los concejales, saliendo elegido de nuevo D. Miguel de Luelmo “por diez y seis votos y una papeleta en blanco”.

Las organizaciones y partidos republicanos intentaron presentar un frente unido para acometer los profundos cambios que pretendían, de manera que aprovecharon la fecha del 1 de mayo, Día del Trabajo, para organizar sendos actos de afirmación republicana en Caravaca y en Cehegín. En el celebrado en nuestra ciudad intervinieron el prestigioso médico cartagenero Antonio Ros y el caravaqueño Enrique López Sevilla, “universitario y abogado”. En el anuncio de este acto, publicado en “El Liberal de Murcia”, se refleja la excitación del momento: “En la Fiesta del Trabajo van a actuar los republicanos de Caravaca con un claro sentido de la dignidad y la conciencia ciudadanas. La vetusta ciudad muerta de los recuerdos se ha estremecido de pasión. Caravaca civil y republicana está en pié”. El de Cehegín tuvo lugar el día 5 de mayo en el Teatro Alfaro, estando presidido por el presidente del comité republicano y el alcalde de esa localidad y por D. Miguel de Luelmo, presidente del comité de Caravaca. En este acto intervino también Enrique López Sevilla, que pronunció un ardiente discurso exhortando a la unión entre caravaqueños y cehegineros, “mucho tiempo separados, no por la voluntad de los pueblos, sino por la de los caciques”; refiriéndose también “a las mujeres de la clase media española, diciendo que hace falta prepararlas para que puedan ocupar el puesto que le corresponde en la vida social, y dijo que una de ellas ya lo ocupa, refiriéndose lo que supone para la mujer española la elevación al puesto que ocupa de Victoria Kent”.

López Sevilla tuvo una destacada relevancia en la vida política y cultural local caravaqueña de su época, marchando en 1935 a Bilbao tras haber ganado unas oposiciones a la abogacía del estado en el cuerpo de los jurados mixtos. El los últimos años de la República fue secretario privado del Ministro de la Gobernación, teniendo que exiliarse a Francia tras la conclusión de la guerra. Se instaló definitivamente en México combinando su actividad profesional con la política y la literatura; en 1950 publicó el ensayo “Revelación y razón”, sobre la historia de la humanidad y sus creencias. Durante algunos años fue presidente la Agrupación Socialista Española de ese país, donde falleció en 1994. Diez años antes regresó a Caravaca, donde pronunció un insólito y culto Pregón de Fiestas el año 1995.