Francisco Fernández García

(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

Convertida casi desde su inicio en la calle principal de Caravaca y eje fundamental del desarrollo urbano de la ciudad, la Gran Vía surgió a principios de los años 20 del pasado siglo como consecuencia del deseo y necesidad de los caravaqueños de mejorar los accesos al núcleo urbano, que presentaban bastantes incovenientes. En la memoria del proyecto, que en realidad lleva por nombre «Bifurcación de la Carretera de Murcia a Puebla D. Fadrique en el kmº. 65-HM.3 para servidumbre de acceso y travesía interior de la ciudad de Caravaca», de detalla esta cuestión: «El estudio de la carretera de Murcia a Caravaca fue hecho en el año 1861 por el Ingeniero de Caminos D. Eduardo Moreno, abarcando este proyecto la longitud comprendida entre Alcantarilla y Caravaca, en cuya ciudad terminaba al principio de la calle de la Puentecilla que da acceso a la plaza mayor de dicha población. Posteriormente, al hacerse el estudio de la carretera de caravaca a Aguilas por el Ingeniero D. José Rodríguez Acerete, se tomo como origen para esta carretera el vértice del trazado de la de Murcia a Caravaca, a partir del cual se dirigía, contoneando el Cabezo de San Jorge, a buscar la entrada a Caravaca en la calle de la Puentecilla, por lo que al construirse el trozo 6º de esta carretera se dio termino a este en el punto kilométrico 63’880, abandonando así la primitiva dirección del trazado que, como queda indicado, entraba en Caravaca terminando en las primeras edificaciones de la ya repetida calle de la Puentecilla. Esa variación perjudicó grandemente los intereses generales de la ciudad de Caravaca».

Las dificultades de realizar un proyecto de esta envergadura resultaban casi insalvables ya que al coste de la obra se sumaba la compra de varios inmuebles. Sin embargo a los intereses generales de mejora de la ciudad había que añadir los particulares de los propietarios de las tierras colindantes a la nueva vía, cuya construcción incrementaría notablemente el precio de las mismas, pasando de bancales de cultivo a solares urbanos, consiguiéndose finalmente hacer realidad el proyecto.

La documentación conservada sobre este asunto no permite conocer con precisión como y cuando surgió la idea, pero si hay algunas cuestiones curiosas en su comienzo. Según varios testimonios de la época recogidos por la prensa regional el gran promotor de la obra fue D. Amancio Musso Ruiz de Assín, que fue alcalde de Caravaca hasta noviembre de 1920 y que también era propietario de algunos terrenos junto a la nueva calle. Sin embargo durante su mandato no aparece ninguna referencia a este tema. A Musso le sucedió como alcalde D. Manuel Sánchez Nogueras que tan solo estuvo cuatro meses en el cargo, pasando a ocupar su lugar D. Pedro José Caba Sánchez, conservador y hombre de confianza de Musso. El paso de Caba por la alcaldía también fue breve, tan solo nueve meses, ya que a principios de noviembre de 1921 renunció por enfermedad, siendo sustituido por el primer teniente de alcalde D. Juan Guerrero López que ocupó el cargo en funciones durante el resto del año, siendo nombrado oficialmente el 1 de enero de 1922 para el ejercicio de ese año.

Antiguo camino de los callejones sobre el que se construyó la Gran Vía, año 1905

Antiguo camino de los callejones sobre el que se construyó la Gran Vía, año 1905

Fue precisamente en la primera sesión plenaria que presidió Guerrero, celebrada el 12 de noviembre de 1921, cuando se presentó y aprobó el proyecto de travesía y reforma interior de la ciudad, que consistía en unir la Puentecilla con la carretera de Murcia a la altura de la fábrica de Béjar, siguiendo un camino de huerta conocido popularmente como «los callejones”, haciendo que el tráfico se dirigiera hasta ese punto y desde ahí por la nueva vía a la Puentecilla, a la que se accedería derribando dos casas. Si el proyectó se gestó en época de Musso o en época de Caba es algo que no se puede precisar, ya que se desconoce la fecha en que el ayuntamiento encargó la realización del proyecto al ingeniero murciano D. Gustavo Abizanda, que lo concluyó y firmó el 1 de septiembre. Según se recoge en el acta de la sesión, había sido el propio alcalde el que había pagado de su dinero el importe del mismo, pero debe de referirse a Caba, no a Guerrero que acababa de ser nombrado. El texto del acuerdo es el siguiente: «dadas las malas condiciones de las entradas y salidas de carruajes que tiene esta población, sería muy beneficioso el construir una nueva vía desde la carretera junto a la conocida fábrica de Béjar hasta la calle de la Puentecilla, y considerando que es de urgencia y que vendría a remediar una necesidad sentida en el pueblo, había encargado la confección del proyecto al Ingeniero Sr. Avizanda, cuyo proyecto ya terminado sometía a la consideración de los reunidos, no habiendo tenido inconveniente en suplir la cantidad de 2000 pesetas que el Ingeniero ha cobrado por su trabajo. El ayuntamiento reconociendo que esa nueva vía será una importante mejora para la población a la par que de necesidad, acordó aprobar el proyecto, y que se remita al Ministerio de Fomento con la instancia en que se solicita la subvención de fondos del Estado para construir dicha vía; y que se abone al Señor Presidente las 2000 pesetas con cargo al capítulo de imprevistos».

Las autoridades municipales, con en apoyo de Musso y del abogado D. Juan Ramón Godínez, que comenzaba a tener cierta relevancia en la política local, hicieron todo lo posible para poner en marcha el proyecto cuanto antes, informándose en el pleno celebrado el 28 de enero de 1922 de que todo estaba preparado para el comienzo de las obras a falta de la compra de los dos inmuebles de la calle Puentecilla, necesarios para comunicar la nueva vía con esta calle, para lo que se había abierto una suscripción popular: «respecto a la avenida que se ha de construir desde la conocida Máquina de Béjar hasta la calle de Puentecilla de esta población, se está ya en condiciones de empezar los trabajos de construcción, pero siendo necesario expropiar para ello las casas nºs 8 y 10 de dicha calle, y no disponiendo de fondos para adquirirlas, había abierto una suscripción con el fin de allegar recursos para tal objeto; y lo había hecho sin previo conocimiento de la Corporación, por causa de la premura de tiempo; y el Ayuntamiento en vista de que la apertura de dicha vía reportará grandes ventajas a la población, acordó aprobar la gestión del Presidente en este asunto y comisionar al mismo en unión del Síndico Don Julián Martínez Iglesias para que en nombre y representación del ayuntamiento, adquieran por compra a sus dueños, las casas nºs 8 y 10 de la calle de Puentecilla, con destino a derribarlas para la apertura de la avenida».

Para dar mayor realce y publicidad al logro conseguido, gracias a la financiación del Ministerio del Fomento, las autoridades municipales prepararon un acto para bendecir las obras y dar comienzo oficialmente a las mismas que tuvo lugar el 2 de febrero. La ceremonia resultó muy concurrida, asistiendo a la misma «Ayuntamiento, Clero y representación de todas las sociedades de Caravaca, banda de música y pueblo en masa, sin distinción de matices».

Habíamos dejado el relato en la ceremonia de bendición de las obras, que tuvo lugar el 2 de febrero de 1922, festividad de la Candelaria. Durante el acto «hicieron uso de la palabra don Amancio Musso, alma y piedra fundamental de esta mejora, don Rosendo Guerrero(tal vez se refiera al alcalde don Juan Guerrero) don Julio López Egea, don Ginés Rubio y don Tomás Hervás. Todos al final dieron vivas a don José Maestre, por ser concesionario de esta gran obra, cuyos vivas fueron contestados con gran entusiasmo por la multitud que invadía todos aquellos lugares. También se leyó una carta de nuestro buen paisano el abogado del Estado en Albacete, don Juan Ramón Godínez, adhiriéndose al acto». El agradecimiento a don José Maestre, Ministro de Fomento en esa época, se debía a que gran parte de la financiación de la obra corría a cargo de su ministerio, siendo esta una de sus últimas actuaciones, ya que dejó el cargo el 8 de marzo; esto fue causa también de que en esta fase inicial la nueva calle se conociese en algunos ámbitos como Avenida Maestre.

Las obras continuaron con regularidad, contradiciendo a los que cuestionaron el proyecto tachándolo de quimérico. La revista Caravaca, en su nº 7 de 19 de marzo de 1922, daba cuenta de los avances efectuados: «Estamos en plena realización de lo que se creía un sueño. La Gran Vía, va pareciendo, aun a los más pesimistas, una realidad consoladora. Cuando tuvo lugar el grandioso acto de colocar y bendecir la primera piedra, en el que el entusiasmo desbordante dejó toques de aliento, aun sobre la faz amarillenta de lo que por cortesía, llamo abulia, y que el sano juicio califica de envidia; no faltaron quienes (¡sin calificativo!) soltaron la rienda de la comidilla verdulera, emplazando el comienzo de las obras, para fechas que no alcanzarían a ver (palabras textuales) ni los ojos de sus nietos. No ponemos reparos en aplaudir desde nuestras columnas la gestión llevada a cabo por el Sr. Musso y los trabajos y esfuerzos realizados por el ex ministro de fomento Sr. Maestre».Algunos días después, el 25 de marzo, el pleno autorizó al alcalde y al regidor síndico, cargo en esa fecha ocupado por don Julián Martínez-Iglesias, a que otorgasen los contratos necesarios «para la adquisición de fincas rústicas y urbanas, que hayan de ser expropiadas, para la construcción de la nueva vía que se abre en esta población desde la conocida fábrica de Béjar hasta la calle de la Puentecilla».

El 2 de septiembre se informó sobre la demolición de la casa nº 8 de la calle Puentecilla «para abrir paso a la nueva vía», advirtiendo asimismo que no había quedado ninguna parcela «que pudiera aprovecharse como solar, ni para ningún otro uso». El entronque con esta calle quedaría concluido a principios del año siguiente, en virtud de acuerdo suscrito entre el ayuntamiento y don Mariano Jiménez, propietario de la casa nº 6 contigua a la demolida, autorizando la construcción de un muro en el huerto de su casa «que sostenga las tierras del terraplén que ha de llevar la nueva calle y suficiente pared que impida que el mismo huerto sea visto por los transeúntes», cediendo asimismo el terreno exterior del muro en beneficio de la misma, «pues desea que la nueva calle sea una grande avenida de entrada a la población». Lo avanzado de la obra hizo que algunos propietarios iniciaran los trámites para construir en sus solares, lo que llevó al ayuntamiento el 19 de mayo de 1923 a no autorizar «las edificaciones en la nueva vía en construcción, mientras no se termine dicha vía, y quede alineada».

No hay más noticias hasta el 1 de diciembre en que se acordó el arreglo de «las aceras en el comienzo de la nueva vía por la calle de Puentecilla», por lo que hay que suponer que en esa fecha las obras estarían muy avanzadas. A comienzos de 1924 se planteó la posibilidad de abrir una nueva calle que comunicase en línea recta la calle Canalica con la nueva vía, dotando así a la ciudad de otra entrada más «que dará acceso directamente a las calles céntricas». El proyecto fue presentado en la sesión plenaria celebrada el 25 de febrero siendo aprobado por unanimidad «y el gasto que ocasione, que no será grande por ser poco el terreno que hay necesidad de comprar, podrá ser costeado por suscripción popular»; esta actuación junto con otras mejoras pasó a formar parte de un proyecto de reforma interior de la población redactado dos años más tarde por el arquitecto Pedro Cerdán, que no fue llevado a la práctica hasta la II República. En abril de 1924 se reparó el firme y se colocaron aceras «enel principio de la nueva vía abierta en la calle de Puentecilla, frente a la casa que ocupa la Delegación gubernativa de este partido», importando todo 454’50 pesetas.

A mediados de este año comenzaron a presentarse solicitudes de construcción, siendo el primero en hacerlo don Amancio Musso, que el 13 de junio obtuvo autorización para edificar el Gran Teatro Cinema, teniendo que atenerse a las condiciones que le impusiese el ayuntamiento «por lo que se refiere a la alineación de fachadas y ornato público». El 11 de julio se concedió licencia a don Antonio López y García-Melgares para construir un edificio y garaje en la confluencia de la carretera con la nueva calle, señalándole «que la línea de edificación debe estar a cuatro metros de la arista de la calle y paralela a esta, a fin de dar mayor achura a la nueva vía». A estos se fueron añadiendo otros edificios significativos como la Fábrica de Chocolate Supremo de don Enrique López Bustamante, cuya licencia fue autorizada el 30 de julio de 1926, siendo inaugurada la fabrica el 8 de diciembre del año siguiente, y la Plaza de Abastos, con proyecto del arquitecto madrileño don Manuel Muñoz Casajus en 1928. Curiosamente todos estos inmuebles han sucumbido a la especulación inmobiliaria, habiendo siendo sustituidos por otros de mayor altura y rentabilidad.

La Gran Via a mediados del siglo pasado con la mayoría de solares sin construir

La Gran Via a mediados del siglo pasado con la mayoría de solares sin construir

Durante los últimos meses de 1924 debieron de quedarse concluidas las obras, ya que se anunció para el 1 de octubre la inauguración del Gran Teatro Cinema, aunque según testimonios orales este no se produjo hasta las fiestas de la Cruz del año siguiente. En cualquier caso la información publicada en el diario La Verdad el 29 de septiembre de 1924 es esta: «El día primero octubre, inaugurará el Gran Teatro Cinema del que es propietario nuestro particular amigo don Amancio Musso, la célebre actriz española Margarita Xirgú. Tenemos entendido que están ya casi todas las localidades abonadas y no nos extraña, por ser justa recompensa al esfuerzo hecho por el señor Musso para contratar a tan eminente artista. Reciba el señor Musso nuestra entusiasta enhorabuena».

La alineación de la nueva avenida presentó problemas desde su inicio, por lo que en agosto de 1924 la corporación municipal encargó al arquitecto provincial la realización de un plano del «ensanche de esta población, en la parte que afecta a la nueva vía». La cuestión volvió a presentarse en 1927, decidiéndose el 29 de agosto de ese año la alineación definitiva de la calle, para la que se tomaron como referencia el Gran Teatro Cinema y la Fábrica de Chocolate.

A lo largo de su casi centenaria historia esta calle ha tenido varias denominaciones, generalmente vinculadas a personalidades relacionadas con los gobiernos de la nación. Empezó siendo conocida como Gran Vía, hasta el 4 de mayo de 1925 en que «se acordó que a la nueva avenida abierta en esta población desde la Calle de Puentecilla hasta la carretera de Murcia a Puebla de D. Fadrique, en la conocida Máquina de Béjar, se le de el nombre del Excmo. Señor General Presidente del Directorio militar, denominándose Gran Vía de Primo de Rivera». Así se mantuvo hasta la proclamación de la II República, concretamente hasta el 28 de abril de 1931 en que se le cambió el nombre por el de Avenida Blasco Ibáñez, en honor del insigne escritor y ferviente republicano. Tras la guerra civil pasó a llamarse Avenida del Generalísimo, y finalmente en 1988 se le devolvió su primitiva designación Gran Vía, nombre por el que siempre ha sido conocida por los caravaqueños.