Francisco Fernández García/(Archivo Municipal de Caravaca de la Cruz)

La conocida popularmente como Cuesta de los Poyos es una calle muy célebre entre los caravaqueños, lo que tal vez no sea tan conocido es que esta calle se denominó oficialmente Calle de Bolt durante algo mas de un siglo en homenaje al juez caravaqueño D. Juan Bolt, que sufrió en sus inmediaciones un atentado que acabó con su vida algunos días después.

D. Juan Bolt y Tolosa nació en Caravaca en 1813 y tras realizar los correspondientes estudios de jurisprudencia se dedicó a la carrera judicial, desarrollando la mayor parte de la misma como juez de primera instancia en Caravaca donde tuvo algunas destacadas actuaciones, entre las cuales son dignas de mención las que concluyeron con la muerte del forajido Juan Manuel Noguera y su banda en 1847. Ocupó este cargo hasta 1854 en que pasó a ejercer la abogacía siendo ocasionalmente juez sustituto municipal en funciones y también se dedicó a la política, faceta en la que influenciado por el tío de su esposa, el político D. José Ródenas, ingresó en el Partido Moderado llegando a ser jefe del mismo en nuestra ciudad. Se casó con Dª. Higinia Faquineto y Ródenas y tuvo 4 hijos: Pedro, José María, Mateo y María de la Encarnación.

Su asesinato se inscribe dentro del clima de violencia que se produjo en toda España a raíz de las elecciones de marzo de 1871 y que en Caravaca tuvo una gran relevancia. La revista conservadora Altar y Trono publicó el 29 abril de ese año una curiosa lista de «los sujetos asesinados por la influencia moral en las últimas elecciones», llegando a contabilizar 31 asesinatos entre los días 3 al 15 de marzo. Los hechos que nos ocupan transcurrieron de la siguiente manera: El sábado 11 de marzo de 1871, alrededor de las 11 de la noche, cuando se dirigía el señor Bolt a su casa al llegar a la altura de la antigua iglesia de los jesuitas recibió dos disparos que le hicieron unos individuos que se ocultaban en la cuesta de los Poyos aprovechando su oscuridad, al oír los disparos se acercaron algunas personas que trasladaron rápidamente al herido a la casa de un familiar en la cercana Cuesta de las Herrerías y dieron rápido aviso de lo ocurrido a las autoridades que se personaron en el acto en lugar del suceso. El corresponsal en Caravaca del diario democrático La Discusión en su crónica del referido suceso describía así la reacción de la población ante el trágico acontecimiento: «Este horrible y brutal atentado ha venido a causar en esta tranquila población una alarma general y el consiguiente disgusto a todas las personas amantes del orden, de la libertad y de la justicia», culpabilizando del mismo a las irregularidades observadas en las elecciones «Después de los tres días de votación y de los innumerables amaños de los monárquicos, que han llegado hasta el extremo de llevar a votar a los electores entre voluntarios, y de obligar a muchos campesinos a que den sus votos al candidato progresista, apelando para ello hasta a la violencia; después de haber faltado enteramente a la ley no dando las cedulas, y cometiendo todo género de excesos y habilidades».

En estas elecciones, convocadas para el 8 de marzo, resultó ganadora la coalición formada por el Partido Progresista, Unión Liberal y el Partido Democrático que aprovecharon la desunión entre los conservadores que presentaron varias candidaturas diferentes, en concreto el Partido Moderado, al que pertenecía Bolt, obtuvo tan solo 9 escaños aunque resultó ganador en la provincia de Murcia y también en Caravaca, donde salió elegido el referido D. José Ródenas.

Volviendo a la narración del atentado resulta que los familiares de D. Juan Bolt llamaron a los dos de los médicos existentes en la ciudad, D. José Martínez y D. José de Haro, para que examinaran las heridas que tenía en la pierna, opinando ambos que la única solución posible era la amputación, pero como la familia se opuso se limitaron a curar las heridas. Buscaron otra opinión y avisaron a D. Ignacio Rodríguez, un joven médico cirujano caravaqueño de nacimiento y que acababa de instalarse en la ciudad tras terminar sus estudios. Su dictamen fue similar al de sus colegas, afirmando que si le amputaba la pierna en el acto podría salvar la vida pero en caso de no hacerlo fallecería antes de una semana. Los familiares siguieron sin autorizar la intervención; sin embargo el día 14, viendo que su estado empeoraba dieron nuevo aviso a los tres médicos para que procedieran a la amputación, pero ya era demasiado tarde, la gangrena gaseosa además de afectar a la pierna había comenzado a extenderse ya por el tronco provocando la muerte del juez “después de dos días de horribles padecimientos”. D. Juan Bolt fue enterrado el 15 de marzo de 1871 siendo su entierro acompañado por la Cruz Mayor y diez clérigos.

El suceso no llegó a esclarecerse en su totalidad y tampoco se pudo averiguar la autoría del mismo, por lo que los culpables quedaron sin castigo. Hubo quien dijo que el asesinato de Bolt fue consecuencia de otro anterior, otros que el atentado produjo dos asesinatos. Un periódico regional se hizo eco de esto «Dos nuevos asesinatos se han cometido en Caravaca: el uno en la persona de uno que censuró el alevoso atentado efectuado con el difunto Sr. Bolt, y en segundo en represalias a la muerte del primero»; sin embargo otro periódico nacional, el diario liberal La Iberia, desmintió esta afirmación «Cuanto se ha dicho respecto de nuevos atentados relacionados con el de Bolt es completamente falso». He intentado averiguar algo mas al respecto pero no he encontrado ninguna otra referencia, excepto la inscripción en el libro de defunciones de la parroquial de El Salvador de otras dos personas fallecidas en extrañas circunstancias, una el 2 de marzo por herida de arma de fuego y otra el 14 de marzo por herida en el vientre.

La noticia de la muerte de Bolt conmocionó a la ciudad y una gran cantidad de caravaqueños mostraron su pesar ante la familia, incluso sus adversarios políticos que, «a fuer de leales, sabian estimar sus cualidades privadas, y fueron los primeros en condenar, del modo mas absoluto y público un crimen tan repugnante», convirtiéndose su entierro en una generalizada manifestación de duelo, quedando así demostrada la gran estimación sus paisanos sentían por él.

Aunque la prensa liberal intento despolitizar el suceso «no es cierto ni mucho menos que en el horrendo crimen que ha despertado la indignación de los caravaqueños hayan tenido la menor parte los electores liberales de aquel pueblo; antes al contrario las elecciones se han llevado a efecto con la tranquilidad de los pueblos libres y sin coacción por algún lado», los conservadores y correligionarios de Bolt no dudaron en utilizarlo para criticar al gobierno. El periódico monárquico La Esperanza en su edición del 18 de marzo afirmaba que el asesinato de Bolt «ha venido a aumentar el número de las victimas ofrecidas en holocausto a un gobierno que no ha sabido contener el crimen sin limitar el derecho, y cuyos agentes han venido afirmando siempre que las partidas de la Porra eran un mito creado por la imaginación de los reaccionarios»; por su parte el político conservador D. Emilio Castelar en su discurso pronunciado en el Congreso el 20 de abril culpabilizó al gobierno de la gran cantidad de asesinatos sucedidos (Bolt, Prim, Azcárraga, etc), ya que según él «en la época de las elecciones la seguridad individual ha sido nula».