Jesús Rodríguez Sánchez

Cuántas veces y cuántos de nosotros, al contemplar las ruinas de lo que en su día fue una bulliciosa casa en el campo, no habremos pensado que la vida desapareció tras la marcha del último campesino que la habitó.

 

Chova piquirroja

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los muros y tejados medio caídos, todavía son capaces de ofrecer cobijo y seguridad a un buen montón de animales que en los agujeros u grietas de sus paredes, en la repisas de alacenas y chimeneas, bajo las tejas, o incluso, en los montones de escombros, muchas aves, mamíferos y reptiles, acaban encontrando un lugar seguro y adecuado para poder reproducirse, pasar el invierno, o simplemente, cobijarse durante la noche. Muchas de estas ruinas todavía albergan un vivero de vida que, si bien no puede calificarse de imprescindible, sí que es muy importante para una gran biodiversidad que encuentra allí el sustituto de taludes, cenajos, pedreras, oquedades de árboles…

Sin ánimo de hacer un censo completo, expondré aquí un listado de animales que de una u otra forma, habitan estos auténticos hábitats en proceso de demolición por los agentes atmosféricos:

  • Abubilla, conocida por todos, aprovechará algún agujero no muy lejos del suelo.
  • Colirrojo tizón, construirá el nido en alguna alacena.
  • Golondrina, moldeará la copa de barro en la que nacerán sus pollos, pegándola a una pared, quizás apoyada en un viejo clavo.
  • Carraca, utilizará una grieta en la parte alta de algún muro exterior.
  • Cernícalo primilla, buscará un hueco bajo alguna teja descolocada.
  • Chova piquirroja, quizás la celdilla de un palomar abandonado le sea útil.
  • Mochuelo, todavía casi puede asegurarse, que en cada cortijo abandonado, habitará una familia de mochuelos a los que les vale cualquier agujero adecuado a su tamaño.
  • Salamanquesa, cualquiera muro sombreado le valdrá para refugiarse y cazar.
  • Lagartija ibérica, la veremos en una pared bien soleada.
  • Lirón careto, probablemente aproveche cualquier recipiente de esparto o madera para pasar el invierno y luego criar.
  • Garduña, suele buscar viejos pajares donde aún quede algo de paja vieja.

Lo anterior, es sólo una pequeña muestra que sirve para reivindicar el papel tan trascendente, que para el mantenimiento de la biodiversidad, representan esas viejas estructuras en ruina en las que yo veo una gran oportunidad para la vida.