José María Ortega.
Ha anunciado una nota dFiestas del Vinoel Ayuntamiento de Bullas la celebración de las Fiestas del Vino 2014, en una fecha cuanto menos llamativa cuando se trata de vino: el mes de febrero.
Quienes no hayan seguido las vicisitudes de la promoción del Vino de Bullas desde el Ayuntamiento, deberían saber que, hace años, los gestores de dicha institución local tuvieron la feliz idea de apoyar la producción y comercialización del vino de su pueblo a través de una serie de proyectos e iniciativas, entre los que destacan, entre otras, el Museo del Vino y la celebración de las Fiestas del Vino. Dichas fiestas comenzaron a celebrarse por iniciativa de un Alcalde socialista, el cual tenía sus defectos, pero aquí acertó de lleno al programar las celebraciones a principios de otoño; es decir, como prolegómeno de las Fiestas Patronales, que se celebran a primeros de octubre, y en unas fechas que coinciden con la cosecha de uva. Así que, durante unos cuantos años, dicha celebración se llevó a cabo con éxito. En mi opinión, la estructura de dichas fiestas contribuyó a dar conocer el vino de Bullas fuera de nuestra comarca, a la vez que aumentaba la identificación de la población local con su vino, por razones antropológicas y culturales que no podemos explicar aquí.
Pero ocurrió que, en el año 2011 cambió el gobierno local. Si bien la imaginación y la innovación se consideran características deseables en la gestión de cualquier institución, en este caso, los nuevos gestores, comandados por un inefable prometedor de puestos de trabajo y proyectos humo, se equivocaron en este tema, como en tantos otros, y tras un amago de suspensión de las Fiestas del Vino (que no se celebraron en 2011) las «despejaron a córner» hasta el siguiente mes de febrero. Da la impresión, tras tres años de este ineficaz gobierno, de que sus miembros entraron con la antorcha encendida al Ayuntamiento, dispuestos a quemar proyectos; unos por no considerarlos de interés, cosa lógica, pero otros por mero sectarismo. Y fue así que las Fiestas del Vino se transformaron en las Fiestas del Frío. Sí, las fiestas del vino se colocaron en febrero para coincidir con la presentación de «los nuevos caldos» (estos del Gobierno ya nunca dicen vinos, queda más fino decir caldos). Las actividades que, dentro de las mismas se celebran, suelen consistir en actos cerrados, cuando no celebraciones elitistas o invitaciones a la sopa boba para cargos políticos y arrimados… que las ha habido.
Innovar requiere algo más que el deseo de enterrar el pasado, requiere una visión a largo plazo, y, en el caso de los ayuntamientos, debe hacerse pensando en el interés general, no en saldar cuentas con nadie. El resultado del cambio ha sido un fiasco. Más de un bodeguero manifiesta estar hasta el tapón de corcho de tener que regalar vino para acompañar actos con mínima trascendencia. Además, en la actual coyuntura económica, son muy pocos los que pueden pagar un cubierto para una de las cenas de maridaje que se organizan en restaurantes de la localidad en noches heladoras. Así que, por desgracia, el video comunitario nos muestra a menudo a un exiguo grupo de afines al PP y otros ciudadanos que asisten a salvar los muebles de algo que, dicen ellos, es una fiesta.
Si durante el próximo mes de febrero visita usted Bullas y ve una gran multitud por las calles, tenga la seguridad de que irán de camino a cualquier sitio, a cualquiera menos a participar en las Fiestas del Vino de su pueblo. ¡Qué diferencia con el resto de localidades vinícolas de España! Lo que, en otros lugares, es ejemplo de gran celebración popular, en Bullas, se ha transformado en fría celebración del Partido Popular. Y cuando acabe en fracaso una nueva edición de esta ocurrencia de fiesta a indoor, saldrá la nota de prensa del Ayuntamiento a anunciar lo que nadie ha visto: centenares, miles o decenas de miles de bullenses y visitantes de parte del extranjero, han contribuido a un éxito sin precedentes de estas fiestas fetén. Este gobierno, cuando unas cifras les señalan un fracaso se inventa otras, como Rajoy. Si la realidad no me obedece, me invento otra en demorado diferido.