José María Ortega González. Exconcejal de Urbanismo en el Ayuntamiento de Bullas (Murcia). Miembro de Izquierda Unida Verdes de la Región de Murcia.

Existe un dicho que dice: “El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. En el caso del PP de La Región murciana podemos considerar ese “dos veces” como “innumerables veces”, sobre todo cuando hablamos de urbanismo e infraestructuras. La piedra con la que ha vuelto a tropezar el gobierno regional se llama “Urbanismo a la Carta”. Les cuento:

El pasado 8 de Julio, la Asamblea Regional aprobó, con los votos de PP, Ciudadanos y VOX  un decreto con medidas para combatir los efectos del COVID-19.

En dicho decreto, el Gobierno Regional aprovechaba la ocasión para “colar de tapadillo” dos modificaciones de la  vigente Ley del Suelo de la Región de Murcia. En concreto al Artículo 100(Régimen transitorio de edificación y uso en suelo urbanizable sectorizado) y al Artículo 101 Régimen transitorio de edificación y uso en suelo urbanizable sin sectorizar).

Todo ello con la excusa de dinamizar la economía con la única medicina que conocen: más cemento a cualquier costa.

Los dos cambios introducidos pretenden dar grandes facilidades a la construcción tanto en suelo ya sectorizado como en suelo aún por sectorizar, a partir de una mera aprobación inicial otorgada por el Ayuntamiento.

De hecho, la nueva redacción de los dos artículos crea una puerta de atrás para que algunos puedan construir tanto en suelo urbanizado sectorizado (Solares ya distribuidos) como urbanizable sin sectorizar (donde faltan por realizar varias etapas del planeamiento). A partir de ahora se permitirá construir solo cuando el Ayuntamiento apruebe el primer paso.

Hace unas semanas López Miras y quienes le apoyan cometían otra irresponsabilidad en materia de urbanismo, transfiriendo a los ayuntamientos la obligación de realizar las evaluaciones de impacto ambiental de los proyectos, para las cuales son necesarios medios y técnicos de los que los ayuntamientos carecen en su gran mayoría., Esta asignación de nuevas competencias a los ayuntamientos se hace sin que, de momento  exista dotación presupuestaria alguna.

Esta fue una jugada al estilo López Miras para “quitarse un peso de encima” y trasladar la responsabilidad a otros, tal y como ha tratado de hacer de forma infame y vergonzante en todo lo referente al ecocidio del Mar Menor, la herencia más siniestra del PP murciano en los últimos 25 años

Pero volvamos al cambio “colado” en dos artículos de la Ley del Suelo. Se trata de una modificación en la legislación sumamente irresponsable e innecesaria, que no tiene nada que ver con la actual crisis económica provocada por el coronavirus. Explico por qué me parece un cambio legal irresponsable.

Primero, con los cambios realizados desaparecen mecanismos de escrutinio público que permitían a cualquier ciudadano alegar u oponerse a obras de carácter excepcional. ¿Qué pasa si la ciudadanía detecta como inconveniente un proyecto urbanístico con licencia obtenida a partir de una simple aprobación inicial de un polígono o unidad de actuación urbanística?

Segundo. Creará problemas en la resolución de proyectos: ¿Qué pasa si tras la aprobación inicial se detectan múltiples errores de bulto (cosa frecuente) en cuestiones como la distribución de cargas, cesiones y distribución de cuotas?, pues que quien esté construyendo ya tendrá unos derechos adquiridos legalmente, que pueden perjudicar al resto de propietarios, y enfangar todo el proceso, ya de por sí difícil, de desarrollo de una urbanización. .

Tercero: Probables presiones inadecuadas sobre técnicos de urbanismo y Concejales de los Ayuntamientos. Que se verán como llaman a su puerta unos señores con mucha prisa,  solicitando una vía rápida y con pocas obligaciones, una licencia para construir gracias a una simple aprobación inicial del planeamiento, convirtiendo así lo excepcional en norma. ¿Absurdo, verdad? Un proyecto con licencia concedida puede estar orientado a su construcción, pero también a su venta, sin haber empezado la obra, con lo cual se favorece la especulación, lo que vulgarmente se denomina “dar el pase” a un proyecto revalorizado sin que se haya puesto un ladrillo.

Cuarto: Favorecer que se realicen construcciones en unidades de actuación no culminadas, supone un error grave. En el caso del suelo ya sectorizado, si antes de que el 100%  de los propietarios haya cumplido con sus obligaciones y se haya garantizado la existencia de las infraestructuras necesarias, se otorgan licencias para construir a ciertos particulares o empresas, se estará dificultando que algún día la urbanización se pueda culminar de manera satisfactoria.

Por desgracia, en los municipios de la Región hay múltiples ejemplos de lo que ocurre cuando se permite a unos construir antes de que todos los propietarios cumplan con las obligaciones que la ley establece, entre ellas la del pago de las cuotas de urbanización: parchear urbanizaciones incentiva la picaresca y el incumplimiento de obligaciones. Siempre hay alguien que aprovecha para no pagar.

En el terreno sin sectorizar el peligro del “urbanismo a la carta” es aún mayor. La huerta del municipio de Murcia es un claro ejemplo de ciertos planes urbanísticos nunca resueltos y cuya solución se vislumbra casi imposible. Eso sí, las casas están hechas,  y hay gente viviendo en ellas y reclamando arreglos. Los viales, alcantarillado, infraestructuras para agua potable etc. de momento no existen más que sobre el papel.

Parece por tanto que el Gobierno de López Miras no ha aprendido nada de la negra historia del urbanismo “chapuza” de la región. Un urbanismo a la carta manchado por decenas de casos de corrupción.

López Miras tiene varios problemas en su forma de gobernar. Uno de ellos es que siempre suele escuchar a los mismos, a los de su cuerda, y tiene el oído cerrado cuando alguien le reclama que defienda los intereses generales. Su otro problema es la imprudencia, seguir promoviendo el urbanismo para amiguetes.  Más le valdría seguir el Consejo del jesuita y escritor del S.VII Baltasar Gracián “Obrar solo si no hay dudas sobre la prudencia. La sospecha de desacierto en el que actúa se convierte en evidencia para el que mira”.