CARLOS MARTÍNEZ SOLER

Lo peor que uno puede hacer cuando se enfrenta a El embarcadero es conocer de antemano el nombre de sus creadores, Alex Pina y Esther Martínez Lobato, las mentes que dieron vida a La casa de papel, serie de sobra conocida por todos nosotros y que ha cosechado un gran éxito tanto nacional como internacional. Por qué digo esto, pues por una razón bien sencilla, si esperan ver algo parecido a La casa de papel, ésta no es su serie, apague el televisor y dedique su tiempo a otra cosa. Ambos relatos no podrían ser más distintos, pero lo que no podemos negar a ninguno de los dos es atrevimiento. Si me dicen que hace unos años en España iban a filmarse dos obras como éstas, hubiera dicho que es imposible, pero aquí estamos, hablando de ellas, y eso sin duda alguna es sinónimo de que nuestra ficción está haciendo algo bien, yo diría que muy bien.

El embarcadero trata de algo nada nuevo pero a la vez muy presente en el audiovisual: amor, así como lo oyen, ese sentimiento que todos hemos experimentado y que algunas veces puede ser irracional, loco, y otras sosegado, calmado, romántico. Y como sus creadores son muy listos, aquí tenemos de los dos. El embarcadero nos cuenta la historia de un trío amoroso, eso sí, sin que ellos sean conscientes del mismo. Por lo que por un lado, tenemos a Alejandra y Óscar, una pareja de lo más común, ambos personas de éxito, con una vida muy organizada, rutinaria, pero muy enamorados el uno del otro, y  en el otro extremo tenemos de nuevo a Óscar, pero esta vez con Verónica, y aquí la cosa es diametralmente distinta, todo es pasión, sexo, locura…

A todo esto por si fuera poco, tenemos que unirle la muerte de Óscar, no se preocupen, no les destripo nada, esta es la premisa de la que parte la serie, y en ese momento Alejandra, esposa de Óscar, descubre la identidad de la amante de su marido, Verónica, y decide emprender una viaje a los infiernos para descubrir qué paso con su pareja, que no sabemos de qué murió realmente, y para encontrar explicación a esa vida de mentiras que tenía con su esposo. Todo esto en un paraje singular, la Albufera valenciana, un personaje más de esta obra cuya historia tiene lagunas, muchas lagunas, pero que posee algo hipnótico, que te atrapa, así que si quieren descubrirlo no lo duden, échenle un vistazo.