Centro de Día Mayrena – APCOM

Hace unos días un grupo de amigos fueron a cenar a una pizzería en Moratalla, llamaron para reservar mesa de 10 comensales, a las 9 de la noche. Cenaron unos chorizos criollos, unas croquetas de pollo y pizzas variadas; de beber, agua y refrescos; de postre tomaron unos helados. Más tarde fueron a un bar de moda, donde bailaron, alternaron y charlaron. En definitiva, pasaron una buena noche en Moratalla.

Nada de particular, todos salimos a cenar de vez en cuando, elegimos el bar, el menú, si queremos beber agua o refresco o si después de cenar nos vamos de copas, a bailar o a casa.

Nada tan fácil como coger el teléfono, hacer unas llamadas o mejor, crear un grupo de whatsapp, meter a los amigos y decidir dónde vamos a quedar. Fácil, rutinario, cosas que hacemos normalmente, sin dificultad, sin pensar mucho.

Pero ¿qué pasa cuando las personas que quieren salir a cenar son personas con discapacidadintelectual (PDI)? ¿Qué pasa cuando éstos quieren salir una noche? ¿Pueden elegir con tanta facilidad como el resto de personas sin discapacidad? ¿Disponen de los mismos recursos? ¿Qué les dirá su familia cuando se lo proponga?… ¿Es todo tan fácil, tan rutinario? La respuesta es que no.

¿Cuál es la realidad de estas personas? En primer lugar nos encontramos con un grupo muy variado de gente, y es un error pensar que tienen gustos similares por el hecho de tener discapacidad. Este colectivo experimenta el ocio de la misma manera que el resto de las personas, y su ocio debe entenderse en el contexto del ocio de las demás personas.

Sin embargo, nos encontramos con muchas dificultades para participar en el ocio comunitario en las mismas condiciones que los demás, porque casi siempre:

-No se les ve como clientes con derecho a opinar y reclamar, sino como a usuarios que utilizan las actividades que se les proponen. Rara vez organizan o promueven actividades.

-Se les ofrece un ocio colectivo con muy pocas opciones reales de elección.

-En muchas ocasiones se desarrolla en entornos específicos, a los que únicamente acceden personas con discapacidad.

En general, si bien tienen reconocido el Derecho al Ocio, no se hanpuesto en marcha en la Sociedad condiciones yoportunidadesque garanticen su acceso a la oferta comunitaria.

Podemos afirmar que las personas con discapacidad se encuentran con barreras para disfrutar del ocio en las mismas condiciones que el resto de los ciudadanos. La mayoría de esas barreras están en el entorno (falta de apoyos naturales, estereotipos y actitudes negativas, frecuente sobreprotección, poca accesibilidad de los espacios físicos…).

¿Qué hacer ante esta realidad? ¿Qué Modelo de Ocio seguir? ¿Qué Recursos poner en Marcha? Desde el Programa de Ocio del Centro de Día Mayrena – APCOM, junto a la Asoc. De Voluntarios VAN, se ofrece una respuesta sencilla: OCIO INCLUSIVO.

Esto significa que sabemos que cada persona tiene un estilo personal de ocio, que debemos desarrollar y promover; a través de la escucha activa, dándoles el poder de decidir, brindando los apoyos necesarios y promoviendo medidas de acción positiva en nuestra comunidad.

Las personas con discapacidad intelectual forman parte de la comunidad y quieren ser parte activa de la misma, para ello es necesario que gocen de plena Ciudadanía con su participación y que los entornos sean inclusivos; es decir, que garanticen que todas las personas tengan las mismas oportunidades para participar en él, y que sean accesibles tanto física como cognitivamente.

El Programa de Ocio del Centro de Día Mayrena – APCOM, se organiza según éstas premisas. Se organiza en función de las personas que atiende y en función de sus necesidades, apetencias, gustos, intereses y motivaciones. No organizamos actividades e intentamos ver dónde las personas pueden “encajar”; más bien trabajamos tomando en consideración las demandas de nuestros socios, e intentamos prestarles los apoyos para que las lleven a cabo.

Aquí las personas son el eje fundamental del programa, ellos son quién deciden dónde van, con quién y cómo. Todo se realiza mediante reuniones previas a la salida, son grupos de 5 o 6 amigos y tienen sus propias reglas de pertenencia al grupo, no puede entrar cualquier persona, tiene que cumplir unos requisitos determinados, ser amigo de todos los componentes, tener aficiones comunes…El ocio debe ser agradable y placentero para que no se convierta en una situación hipócrita como ocurre en la comedia francesa “cena de amigos” de Daniele Thompson, donde las críticas se ocultan tras el humor y durante unas horas todos creen que son amigos pero, de camino a casa las máscaras se caen porque no se aguantan entre sí.

En definitiva, a lo que aspiramos en nuestro programa de ocio es a que las personas puedan disfrutar del ocio como todo el mundo. De manera fácil y rutinaria, que el ocio para ellos no sea un lujo, no convertirlo en actividades esporádicas, sino en actividades normales.

Que elegir dónde cenar, qué cenar y donde ir después, se conviertan en noches cualquieras, y no en noches “especiales”.

Hacer cotidiano el ocio de las personas con discapacidad intelectual, en sus propios pueblos, con las mismas opciones que el resto de ciudadanos. Esa es la meta.