JENNIFER FUENTES

Nicky es una bruja adolescente y, como toda (bruja) adolescente, ha llegado el momento de que emprenda un viaje que cambiará su vida. Este viaje, que es una tradición entre las brujas, consiste en volar lejos de su aldea y su familia, en buscar un nuevo lugar que se convierta en su hogar y en vivir allí durante un año. De esta forma, las jóvenes brujas se prueban a sí misma en una primera toma de contacto con la vida y responsabilidades adultas. Y Nicky, durante este año, conocerá a gentes y costumbres distintas, pero, sobre todo, se conocerá a sí misma.

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Nicky, la aprendiz de bruja

sta es una historia ampliamente contada, un bildungsroman donde vemos cómo Nicky pasa de ser una niña arropada por su familia a adquirir una madurez propia de la edad adulta. Sin embargo, hay mucho más escondido entre las páginas de esta novela. Para empezar, fue adaptada al cine por el estudio Ghibli en 1989 en la película de animación homónima y donde Miyazaki, el director, añade a una lectura antibelicista. Sin embargo, es a través de las palabras de la autora japonesa donde podemos percibir una sensibilidad especial hacia la naturaleza y hacia la relación entre esta y la humanidad.

Pero, sin duda, es necesario destacar uno de los grandes aciertos de esta novela y es que el viaje hacia la madurez no es igual para chicos y chicas y Eiko Kadono decide no solo que protagonice su obra una niña, sino que además sea una bruja, uno de los arquetipos femeninos por excelencia. Y es que, durante siglos, solo pudimos leer sobre ellos y sobre sus experiencias: Lázaro de Tormes, David Copperfield, Huckleberry Finn o Holden Caulfield. Mientras, los ejemplos con protagonistas femeninas en ese mismo momento tan importante en el desarrollo de la propia identidad eran muy escasos.

Sin embargo, aquí tenemos a Nicky, una niña de 13 años que se despide de sus padres escoba en mano y que cuando vuelve, un año después, es una mujer. Junto a ella vivimos la melancolía y la morriña al estar sola, sin los cuidados y el cariño de sus padres; la frustración, las inseguridades y la envidia; el miedo a no ser suficiente, a no conseguirlo, a no ser lo que los demás creen que es; la felicidad, la esperanza y el cariño de nuevas amistades y aventuras; el sentimiento de comunidad y de conseguir lo que se proponía; y, sobre todo, experimentar la soledad, tanto como algo positivo como negativo.

Esta es la historia de Nicky, pero también es la historia de cada una de nosotras y de ese momento difícil, confuso y extraño que es la adolescencia. Y, en este caso, es una historia llena de sensibilidad que, con un ritmo irregular y lento, consigue hacernos entender (y recordar si ya lo hemos vivido) ese proceso inefable, pero no inenarrable.

 

Nicky, la aprendiz de bruja, 2019

(Fecha de publicación original: 1985)

Eiko Kadono

Nocturna ediciones