Montserrat Abumalham

El pasado 2 de julio se presentó en Caravaca, en la Soledad, la antigua iglesia desacralizada y convertida en Museo arqueológico, utilizando su amplio patio exterior, un libro que merece unas letras.

Las tardes de verano ya se sabe que tienen algo mágico por la luz dorada que, poco a poco, se va convirtiendo en azul oscuro y establece un diálogo de sombras con el color piel de la piedra y la luz amarillenta de las farolas. Si además en ese instante se da rienda suelta a la poesía, a la representación plástica y a la música, además de a ciertos discursos cargados de sentido, la velada se vuelve perfecta.

Sin embargo, siendo el marco extraordinario y el momento y formato bien elegidos, lo mejor, sin lugar a dudas, era el hecho que convocaba. Ese hecho era una acción cultural de primer orden; la edición limitada y numerada de una joya poética, acompañada de unas ilustraciones que no son simples dibujos, sino el rostro visible del sonoro verso.

Esta pieza exquisita es el producto de la inspiración de Jesús Martínez  Martínez y de Pascual Adolfo López Salueña,  del trabajo depurado de ambos y del cuidado esmerado de la Editorial Gollarín que, con este ejemplar, inaugura una nueva colección con el nombre de litterArt.

El poemario visual lleva por título Naturaleza muerta y en él se produce un espejeo perfecto entre la imagen de naturalezas (animales y plantas) desarraigados, muertos, en proceso de descomposición, pero bellísimos y cuidadísimos, con la palabra de los poemas, cuajada de imágenes y metáforas atinadas acerca de la fragilidad, la descomposición y la desaparición. Todo lo perecedero tiene su cabida en este libro, todo aquello que forma parte de la Naturaleza y que de manera simbólica remite a la fragilidad y contingencia de lo humano. Ese estar en el mundo para desaparecer. Ese constituir el rostro más visible de la Naturaleza para desvanecerse, dejando el lugar a otros seres vivos.

Hay un cierto pesimismo en las páginas, tanto en la letra como en el trazo, pero que, al dar como resultado una belleza potente y rica, rescata a un tiempo al ser humano que le ha dado vida, valga la paradoja, a esta Naturaleza muerta. Dicho de otro modo, la vida es extinción, no cabe duda, pero la vida humana, consciente de ello, que transforma esa corrupción en belleza, en algo sublime, trasciende la muerte y encamina a la esperanza, más allá de la desaparición.

Podríamos decir que el ser humano que es capaz de crear y de dar vida a los testimonios de la muerte, convirtiéndolos en algo hermoso, ha traspasado ese umbral del duelo y se ha situado en el lado luminoso de la eternidad y la resurrección.

Un libro joya para leer, mirar, reflexionar y regalar.