Pedro Antonio Hurtado García

Una vida dedicada al arte, componiendo y escribiendo, intérprete, actor, músico, cantautor y ejerciendo las más diversas facetas del mundillo de la farándula, pero el “Land Rover” que conducía se salió de la carretera y le arrancó la vida, a los 72 años de edad. Francisco José Andión González (06-10-1947, Madrid-España/18-12-2019, Cubo de la Solana-Soria-España), era más conocido como Patxi Andión, quien también fue profesor de sociología y de comunicación audiovisual, además de periodista. Tras su nacimiento en Madrid, fue trasladado al País Vasco a los pocos días de ver su luz primera. Era la región originaria de sus padres y, muy pronto, la tierra con la que se sintió intensamente identificado.

Época de mayores triunfos.- Artista de trayectoria jalonada de triunfos en diferentes facetas artísticas. Su periodo de éxito más notable se registró entre 1971 y 1978, años de importantes posiciones en las listas de ventas, con temas tan populares como “El maestro”, “Quién sabe si volverá otra vez a amanecer”, “Si yo fuera mujer”, “Una, dos y tres”, “Puedo inventar”, “Tiempo, tiempo”, “Samaritana”, “Como tú”, “La bohemia”, “Estrella de la mar”, “Porque me duele la voz”, “Sonetos 37-73”, “A donde el agua”, “Entre tu piel” o “La casa se queda sola”, entre otras muchas partituras. Posteriormente, resultó claramente desplazado de los circuitos comerciales al embarcarse, intencionada y conscientemente, en un estilo más particular, sentido, poético, hondo y de mucha altura, pero con menos aceptación comercial. Desde 1975, ya estaba inmerso en el teatro clásico o, por lo menos, en el no tan comercial, pero fue a partir de 1979 cuando se fue relacionando más intensamente con las tablas teatrales. Otra circunstancia que se supone que le fue “arrinconando” en esa faceta, claramente menos rentable para su carrera, pudo haber residido en su fugaz matrimonio con la modelo y actriz Amparo Muñoz Quesada, elegida Miss Universo, en 1974, y considerada la mujer más bella de la época, en toda España. Con ella, compartió protagonismo en el film titulado “La otra alcoba”, en 1976, contrayendo matrimonio, ese mismo año, en el marco de un conocido santuario navarro. La guapa actriz, falleció en Málaga, a la temprana edad de 56 años, en 2011, tras una carrera de autodestrucción protagonizada por las drogas.

Honesto.- Se tributaba admiración y respeto al artista vasco en los círculos intelectuales de la izquierda progresista, merced a sus demostradas y afines tendencias políticas, considerándose su enlace matrimonial con la malagueña, en ese ambiente izquierdista, como un frívolo gesto del cantautor. No obstante, Patxi nunca se alejó de su coherencia, convicción y compromiso, elementos que le otorgaron esa vitola que supo mantener en todo momento. Tanto es así que nunca quiso aprovechar su marcada popularidad para multiplicar sus ventas de discos, algo que se le ofrecía tan sencillo como doblegarse a las tendencias musicales de aquellos críticos años, adaptando sus composiciones a las exigencias comerciales de entonces. Su criterio firme y comprometido le mantuvo identificado con canciones románticas, sociales y enmarcadas en vivencias propias y muy cercanas, prevaleciendo lo poético, profundo y sentido, al amparo de su voz grave y hasta ronca, en ocasiones quebrada, pero siempre inconfundible.

Comienzos.- Sus inicios se produjeron en la década de los ’60, perteneciendo a bandas de éxito residual como “Los Camperos” o “Los Dingos”, intérpretes del clásico rock and roll de entonces, versionando el inconfundible “Popotitos” que popularizara un llamado Mike Ríos, porque así se conocía artísticamente, entonces, al granadino Miguel Ríos.

Devorador de lectura.- Volvió, de nuevo, a Madrid, en su época inicial, para cursar los estudios primarios. De procedencia humilde, su familia procuró que hubiese siempre libros en casa y que la formación no fuera débil, lo que favoreció la afición a la lectura del artista. Hijo de un combatiente republicano en plena guerra civil española, se convirtió Andión en un cantautor imprescindible en los cambiantes y conflictivos años ‘70. Siempre controvertido, colaboró con colectivos antifranquistas, lo que le llevó a su exilio en París. Allí, tuvo la suerte de conocer a Jacques Brel, cuya influencia artística fue esencial para Paxti. También se vio enrolado en la tripulación de un barco pesquero, porque había que ganarse el sustento, lo que le sirvió para darle media vuelta al mundo en tan rudimentario medio marítimo.

Declaraciones singulares.- Destacan declaraciones suyas como cuando dijo: “Nací, exactamente, hace 21 años y hace 21 años que soy vasco. En mi pueblo había una iglesia y ocho tabernas. A los diecisiete días dicen que me trajeron a Madrid; aquí me inscribieron. Comencé a estudiar, en esta capital, en un colegio de lo que a mí me parecía una gran ciudad. Apenas éramos doscientos, parecíamos el desecho educacional de otros colegios. Lo éramos, tanto como sinceros, y nos reíamos de los profesores. Rompíamos farolas y cabezas, también tirábamos a las chicas del pelo. Más tarde, fumábamos en los servicios. Allí, nacieron mis primeros pensamientos de conciencia de clase y mis primeros odios. Creo que lo único con lo que se puede estar honradamente comprometido es con la duda. De chico, tuve fama de raro. Y, después, me consideraban enfermo, porque, con las dos pesetas que me daba mi padre para salir los domingos, no había manera de llegar más allá de las dos de la tarde, así que me ponía enfermo todos los domingos. En alguna etapa, llegué a inventar todo un sistema para robar libros, porque no tenía dinero para comprarlos y los necesitaba como el pan”, comentaba, en vida, el fallecido músico.

Sin dobleces ni metáforas.- Últimamente, rescataba sus propias y legendarias canciones, solamente, para rememorar aquellos momentos en los que sus creaciones suponían un descarado golpe en una España en la que, con muchas reservas y convulsiones, se había asumido la existencia artística de Raimon, Serrat o Lluís Llach, pero no terminaba de aceptarse la de Patxi Andión, considerado un revolucionario de su época, cuando no era, como el tiempo ha demostrado, más que un artista que pretendía ser libre, sin sometimientos a la censura del momento. Jamás utilizó dobleces en sus composiciones, ni metáforas sociales confusas, ya que era amante de la claridad, de la definición directa y transparente, al considerarse una persona de la calle, sin aspirar a distingos de favor o tratamiento preferente por su condición de artista. Sincero, humilde, cercano y coherente, nadie tuvo que reprocharle nada, porque era muy firme con sus planteamientos, salvo el caso del crítico portugués que, tan acertadamente, le calificó como “un hombre que canta como un guerrero”.

Descanse en paz “El maestro”, nunca mejor dicho, al titularse así una de sus más importantes canciones. Buenos días.