JESÚS AMO PÉREZ

Recientemente hemos conocido la noticia de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) ha aprobado el primer OGM (organismo modificado genéticamente) para el consumo humano, se trata de un salmón al que se le ha añadido material genético de otra especie, concretamente el salmón real, una especie gigante del océano pacífico. Esta modificación permite que los peces así modificados produzcan mayor cantidad de hormona del crecimiento en menor espacio de tiempo con lo que se consigue acelerar el crecimiento de estos y por lo tanto su salida al mercado podría producirse antes de lo que lo hace en el caso del organismo silvestre.

JESÚS AMO PÉREZ

Recientemente hemos conocido la noticia de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA) ha aprobado el primer OGM (organismo modificado genéticamente) para el consumo humano, se trata de un salmón al que se le ha añadido material genético de otra especie, concretamente el salmón real, una especie gigante del océano pacífico. Esta modificación permite que los peces así modificados produzcan mayor cantidad de hormona del crecimiento en menor espacio de tiempo con lo que se consigue acelerar el crecimiento de estos y por lo tanto su salida al mercado podría producirse antes de lo que lo hace en el caso del organismo silvestre.
Con la aprobación de este OGM la polémica estaba servida, pues la controversia que genera este tipo de experimentos en la sociedad actual es muy grande debido seguramente al desconocimiento que rodea al tema y el alarmismo a cerca de las posibles consecuencias medioambientales que productos de esta índole podrían causar. Sin embargo ¿Son tan malos los transgénicos? ¿Se harán necesarios en un futuro para garantizar la alimentación del planeta cuando las consecuencias del cambio climático empiecen a hacerse notables de forma irreversible?
Recientes estudios realizados por la comunidad científica apuntan a la seguridad de estos OGM, además también se habla de ellos como una herramienta que podría acabar con problemas de mal nutrición en países del tercer mundo ya que la ONU estima que la población mundial en el año 2015 superará los 7.300 millones de personas, de los que 775 padecerán malnutrición crónica o pasaran hambre.
Para tratar de paliar estos problemas, científicos consiguieron aumentar el valor nutritivo de los cultivos de arroz, el arroz silvestre (sin modificar genéticamente) no contiene Beta-caroteno que es un precursor es la vitamina A, la idea era conseguir semillas de arroz que acumulen cantidades importantes de esta sustancia ya que la mitad de la población mundial usa el arroz como alimento básico y en muchos países hay millones de personas deficientes en Vitamina A. Esto se consiguió introduciendo en la planta los genes necesarios para que en las semillas se produzca este Beta-caroteno.
Aunque prometedor, el proyecto no acaba de arrancar, posiblemente debido a la controversia social mencionada anteriormente, pero sí que nos sirve para hacernos una idea de la herramienta tan importante que podrían suponer en el futuro estos organismos, no solo con objeto de aumentar la productividad industrial como en el caso del salmón, sino como medio para combatir la pobreza y la desigualdad existente en diferentes áreas de nuestro planeta.