Damián Guirado Escámez

Sé que no vivimos tiempos en los que importen hechos o narraciones heroicas; poco interesa cantar las gestas de sus protagonistas, ¿Quiénes fueron, qué hicieron? Qué importa. Modestamente, quisiera contribuir a dar a conocer unos hechos ocurridos hace exactamente cien años en una pequeña colina del norte de África llamada Abarrán. Y quiero hacer esto porque, por lo allí acaecido, uno de sus protagonistas, un joven teniente de Artillería llamado Diego Flomesta Moya, natural e hijo de Bullas -mi localidad de nacimiento y residencia-, recibió a título póstumo la más alta condecoración militar que se concede en nuestro País, la Cruz Laureada de San Fernando; la equivalente a la Medalla de Honor del Congreso que se concede en EEUU. Permítanme contar su historia.

Diego Flomesta Moya, nace un día 4 de agosto de 1890¹, en la localidad de Bullas (Murcia), en la calle de Lorca (hoy Camino Real); en el número 12, para ser exactos², lugar de residencia de Salvador Moya Fernández y María Amor Martínez, sus abuelos maternos. Muy probablemente la madre de Diego, la señora Josefa Moya Amor, quiso venir a casa de sus padres a dar a luz, ya que era mujer de Guardia Civil destinado en el Puesto de Navarrés (Valencia) y a buen seguro quiso pasar el trance del parto asistida de las manos de su madre. Ese mismo día de primeros de agosto, el niño Diego, Luis, Domingo³, es bautizado en la parroquia de Ntra. Sra. del Rosario.

Poco sabemos de la infancia de Diego, aunque es de imaginar que tras su nacimiento marcharan a esa localidad valenciana donde el Sr. Diego Flomesta (padre) prestaba servicio como Guardia Civil.

A los 21 años, el día 1 de septiembre de 1911, ingresa como alumno en la Academia de Artillería de Segovia⁴ de la que salió con el empleo de teniente en 1918 (205ª promoción), siendo destinado a Mérida y posteriormente, en 1919, al 6º Batallón de Artillería Pesada con base en la ciudad de Murcia.

A finales de este mismo año, en octubre de 1919, fue destinado a la Comandancia General de Melilla, en el Norte de África, donde se libraba una guerra abierta con las tribus rifeñas. Pronto, en 1920, poco antes de cumplir los treinta años, se ve envuelto en las primeras operaciones para la ocupación de determinadas posiciones estratégicas dentro del plan diseñado por el general Silvestre de avance y rápida ocupación de esos enclaves.

En diciembre de ese año en curso, el teniente Flomesta es destinado al Regimiento Mixto de Artillería de Melilla, y, apenas un mes después, en enero de 1921, parte para Annual donde se incorpora como oficial de la 1ª Batería de Montaña, con ocasión de ese plan aludido del general al mando que tenía como objetivo el establecimiento de una línea de defensa que asegurase la ruta y avance de las tropas hasta llegar a la bahía de Alhucemas.

Annual es una localidad marroquí, localizada en el norte de África, en un valle entre la ciudad de Melilla y la bahía de Alhucemas. En sus proximidades se estableció el campamento principal de las tropas españolas que operaban en la zona, constituyéndose, por tanto, como un lugar altamente estratégico desde el punto de vista militar. Es precisamente aquí donde el ejército español escribiría uno de los capítulos más negros de su reciente historia y que más adelante referiré.

El teniente Flomesta en el Rif. Imagen obtenida del periódico ABC en su edición de fecha 8 de julio de 1921

La madrugada del día 1 de junio de 1921, parte desde Buimeyán (campamento junto a Annual), una columna al mando del comandante Villar, compuesta por 1.461 hombre y 485 cabezas de ganado⁵ en dirección a Abarrán. El objetivo era ocupar la colina por sorpresa aprovechando la noche y establecer allí una guarnición. La distancia en línea recta apenas sobrepasaba los ocho kilómetros, pero dado lo abrupto y escarpado del terreno el trayecto casi se duplicó. Aun así, poco antes del amanecer, los primeros soldados tomaban la colina comenzando las tareas de fortificación y aseguramiento de la posición.

En dichas tareas se afanó también nuestro protagonista que tiene que desplegar las cuatro piezas de artillería a su mando, unos Schneider modelo 1908, de 70/16mm, en el altozano de Abarrán, de unos escasos 65×12 mts., (780 m²).

Pieza de artillería Schneider

Las labores de fortificación fueron un tanto caóticas. Los sacos, que debían contener la tierra para colocarlos de parapeto se encontraban, rotos y raídos, y apenas había piedras de mediano y gran tamaño lo que motivó que su altura no fuese la óptima para la defensa. Aproximadamente a las 10,00 horas de ese miércoles día 1 de junio, tras colocar en la cima 13 tiendas cónicas para la tropa, la posición de Abarrán quedó más o menos guarnecida.

Sobre las 11,00 horas, el comandante Villar emprende el repliegue hacia Annual con el grueso de la columna y las caballerías, quedando en la posición de Abarrán unos 250 hombres (de ellos 200 indígenas), al mando del capitán Salafranca que además dirigía la 2ª Compañía del I Tabor de Regulares; la 15 Mía⁶ de Regulares al mando del capitán Huelva y 28 artilleros de la 1ª Batería de Montaña al mando de Flomesta.

A las 13,00 horas, el capitán Salafranca, comunica vía heliógrafo⁷ a Annual que la posición estaba siendo rodeada por grupos kabileños. Al poco comenzó a ser hostigada por esos rifeños, principalmente de las harkas de Bocoya y Beni Urriaguel⁸ a través de fuertes descargas de fusilería. El capitán Huelva da las primeras órdenes de combate a nuestro personaje, el teniente Flomesta, que manda abrir fuego artillero sobre esas primeras amenazas aún a cierta distancia.

Presto y sigiloso el enemigo sigue avanzando, las piezas artilleras van corrigiendo el tiro cada vez más corto al tiempo que la defensa se prepara para evitar su conquista. Los rifeños no sólo disparan sus fusiles a discreción, sino que además lanzan piedras por doquier. Desde Annual siguen con preocupación los sonidos que llegan de Abarrán. Algunos oficiales de artillería que otean con sus binoculares la colina atacada advierten: «tiran a cero»⁹. Flomesta cambia de posición algunas piezas que sitúa al norte por orden del capitán Huelva mientras declara: «esto va mal»¹⁰.

Muy pronto, el sonido de la artillería cesa, los 360 proyectiles de los que disponían se agotan. El griterío es ensordecedor y la lucha es encarnizada, cuerpo a cuerpo. El capitán Huelva encoleriza tras observar cómo una de las harkas “amigas”, se pasa al enemigo y un certero disparo en el pecho acaba con su vida; es la primera baja en los oficiales. Unos quince minutos después caería el alférez Fernández.

El frente se va desmoronando, siendo la zona donde se encontraban emplazadas las piezas de artillería la más afectada. El capitán Salafranca, al mando de la posición, manda calar bayonetas y que se refuerce ese frente. Sigue arengando a sus soldados hasta que recibe un disparo de fusil en el hombro. Su sargento corre hacia él para socorrerle, mientras el capitán herido le pide papel para escribir unas letras a su madre.

Pronto recibe otro disparo, esta vez mortal, cayendo en brazos del sargento Ramiro Álvarez Astray, en los que fallece¹¹.

Flomesta interpela a los suyos «¡que se inutilicen las piezas y sálvese quien pueda!»¹². Tres de las cuatro piezas son inutilizadas, una de ellas de las manos del propio teniente, que sigue en pie hasta que una piedra alcanza su cabeza y un disparo le impacta en el brazo. Para colmo de males comienza a llover de modo torrencial. El oficial herido se tambalea, su voz es débil, pero sigue municionando y arengando a los hombres: «¡Viva los Regulares, viva España. Sois valientes, muchachos a ellos!», fusil en mano y haciendo uso de este en los parapetos. De nuevo, otro disparo le alcanza la cabeza,  hasta que finalmente cae sobre una de las piezas, donde uno de sus artilleros intenta tirar de él arrastrándole hasta que decide dejarle al no poder hacer nada por salvar su vida¹³.

–Soldados de Bullas en el Rif, año 1922– Comenzando por arriba y en sentido de las agujas del reloj: Mateo Fernández, Joaquín Fernández, Juan Pedro Egea, Mateo Caballero y Manuel Bernad

Sobre las 17,00 horas de ese fatídico miércoles día 1 de junio, la posición cae. Los heridos corren despavoridos y los cadáveres -aproximadamente 28 incluidos los 6 oficiales- quedan esparcidos y expuestos a lo largo del cerro bajo el sol abrasador de esa cálida zona del África septentrional.

Y se preguntarán ¿qué fue del malogrado teniente Flomesta? Existen dos versiones contradictorias. La primera y más extendida es que fue capturado aún vivo y mantenido en cautiverio en una kábila cercana con el fin de utilizarle después para instruirles en el manejo de las piezas de artillería, a lo que él se negó, muriendo de inanición y de las heridas recibidas en Abarrán aproximadamente un mes después de su captura. Sin embargo, por documentación de la época, testigos y prensa escrita, todo apunta a que murió en pleno combate el día de los hechos. En esta misma línea parece pronunciarse subliminalmente el General de División Juan Picasso González en su celebérrimo informe –conocido como Expediente Picasso del que tomó su nombre¹⁴- que, en el capítulo sobre los antecedentes de los sucesos de julio de 1921, dice sobre Abarrán y el teniente Flomesta: “… que según versiones, sin duda aportadas por los mismos moros, cayó en poder del enemigo gravemente herido, y no solo se negó a ser curado, sino que se dejó morir de hambre, antes de servir ni enseñar a servir las piezas que habíamos perdido en esa posición”. Obsérvese que no aporta ningún elemento probatorio cierto y contrastado y sí más bien un poco de rumorología y díceres de la gente; en suma un poco de “radio macuto”.

A mayor abundamiento, es revelador el artículo publicado en el diario ABC de fecha 8 de julio de 1921, bajo el título: De la historia inédita al teniente Flomesta¹⁵. En él, el periodista que lo suscribe, un tal J. Ortega Munilla, declara solemnemente la muerte de Flomesta en la toma de Abarrán: “… Y él, herido de nuevo, cayó allí mismo, sin permitir que nadie se ocupara en salvarle. Y así falleció don Diego Flomesta, cumpliendo estoicamente su deber, dando a la Patria la existencia, dechado nuevo del heroísmo …”. Amén de las esquelas anunciando su fallecimiento que mandarían publicar familiares y compañeros de armas con fecha 10 de junio de 1921, solo nueve días después del suceso¹⁶.

Cruz Laureada de San Fernando

¿Desmerece esta versión de la muerte de Flomesta a la tradicional de su cautiverio y posterior fallecimiento? Ni muchísimo menos. La actitud del teniente de artillería D. Diego Flomesta Moya en la defensa de la loma de Abarrán, fue digna de los más altos valores y virtudes exigidas a un soldado en acciones de combate. De tal modo que, por su heroísmo, esfuerzo, voluntad en el servicio y defensa de la Patria, SM., el Rey Alfonso XIII, en fecha 28 de junio de 1923, otorga al susodicho oficial y a título póstumo la más alta condecoración militar española, la Cruz Laureada de San Fernando, con la pensión anual de 1.500 pesetas¹⁷.

Busto del Teniente Flomesta

El eco de su gesta tuvo un claro reflejo en aquellos años. Calles,  plazas y paseos llevan su nombre en algunas ciudades españolas: Barcelona, Melilla, Mérida, Calasparra, Murcia en una de sus principales arterias, junto a la glorieta del Ayuntamiento. Por supuesto en Bullas, lugar de nacimiento, una de sus plazas, la más antigua y con mayor solera conocida como Plaza Vieja, también epigrafía su nombre desde 1924¹⁸. Y como no, son innumerables los cuarteles e instalaciones militares que recuerdan al teniente con placas conmemorativas, retratos y bustos¹⁹; recuerdo uno en especial que se encontraba junto al cuerpo de guardia del Cuartel de Artillería de Murcia donde hice el servicio militar; muchas veces, cuando preguntábamos por el oficial que estaba de guardia, se decía ¡el teniente Flomesta!.

Tras los hechos de Abarrán, y en el transcurso de poco más de un mes, vinieron otros no menos luctuosos en: Sidi Dris, Igueriben, Annual, Monte Arruit, …; conformando todos ellos lo que vino a conocerse como “El Desastre de Annual”, donde más de 8.000 soldados españoles perdieron la vida. Pero eso es otra historia …

Honor y gloria para este militar español que dio hasta la última gota de su sangre en cumplimiento del deber. Que su gesta y hechos de armas jamás sean olvidados.

Por último, un agradecimiento especia a Mencey, del foro militar “El Gran Capitán” (https://www.elgrancapitan.org), su ayuda para dar cuerpo a este modesto y breve artículo ha sido sin lugar a dudas inestimable.

  1. Archivo Parroquial de Bullas «Libro de Bautismos nº. 35». Folio 184V y 185.
  2. Archivo Municipal de Bulla «Padrón Municipal de Bullas de 1888»
  3. Archivo Parroquial de Bullas «Libro de Bautismos nº. 35». Folio 185.
  4. SÁNCHEZ PÉREZ, Juan. «Bullas en sus Personajes». Pag. 112.
  5. FRANCISCO, Luis Miguel. «Morir en África. La epopeya de los soldados españoles en el desastre de Annual».
  6. Entidadmilitar de las fuerzas coloniales indígenas equivalente a la compañía o escuadrón.
  7. Aparato utilizado para comunicarse a través de señales ópticas mediante espejos movibles y por reflexión del sol.
  8. Diario “El Telegrama del Rif”; Nº. 7.373; martes, 7 de junio de 1921.
  9. Tirar a cero es disparar un cañón de artillería como si fuera un fusil, con puntería directa. Cuando se dispara con «espoleta a cero» el sonido es muy característico, significando, además, que el enemigo estaba ya encima. El símil en la infantería sería calar bayoneta y el cuerpo a cuerpo.
  10. FRANCISCO, Luis Miguel, ibídem. Según referencia: AHN. EXP. 50, N 8, folio 1713, vuelto. Declaración del artillero Miguel Pozuelo González.
  11. Según referencia: AHN. EXP. 50, N 8, folio 1713, vuelto. Declaración del artillero Miguel Pozuelo González.
  12. Según referencia: Memorial de Artilleríade julio de 1924, pág. 390.
  13. «Expediente Picasso». Es el nombre con que se conoce al informe redactado por el general de división Juan Picasso González, en relación a los hechos acontecidos en la Comandancia General de Melilla en los meses de julio y agosto de 1921. El llamado “Desastre de Annual.
  14. ORTEGA MUNILLA, J. (8 de julio de 1921). De la historia inédita al teniente Flomesta. ABC. Pag. 1.
  15. Recuperado de: https://elmesondelartillero.blogspot.com/2010/03/galeria-militar-teniente-d-diego.html.
  16. DIARIO OFICIAL DEL MINISTERIO DE LA GUERRA, nº. 142, de fecha 29 de junio de 1923. Pag. 1230.
  17. SÁNCHEZ PÉREZ, Juan. «Bullas en sus Personajes». Pag. 123.
  18. Pag. 124 y ss.