DESPUÉS DE MÉXICO

MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez
magdalenagarciafdez.blogspot.com

«Acabo de llegar a casa… Las tres sillas que puse arriba de la mesa ayer para pasar el aspirador y quitar esas malditas pelusas que no hacen más que colarse en casa y que hace que parezca que todo está más solo de lo que es realmente, siguen igual.
Falta una silla, que la tengo en mi estudio, o el cuarto donde trabajo. Lo reconozco, la palabra estudio queda mucho más chip, y mucho más profesional.
Lleva ahí unos dos meses. No la he tenido que sacar y utilizar. Igual hubiera pasado con el resto de sillas boca abajo si no las hubiera decidido poner en su posición normal.


DESPUÉS DE MÉXICO

MAGDALENA GARCÍA/@garciafdez
magdalenagarciafdez.blogspot.com

“Acabo de llegar a casa… Las tres sillas que puse arriba de la mesa ayer para pasar el aspirador y quitar esas malditas pelusas que no hacen más que colarse en casa y que hace que parezca que todo está más solo de lo que es realmente, siguen igual.
Falta una silla, que la tengo en mi estudio, o el cuarto donde trabajo. Lo reconozco, la palabra estudio queda mucho más chip, y mucho más profesional.
Lleva ahí unos dos meses. No la he tenido que sacar y utilizar. Igual hubiera pasado con el resto de sillas boca abajo si no las hubiera decidido poner en su posición normal.
Por lo general me gusta trabajar teniendo la visión del balcón en frente, para levantar la vista y ver pasar gente. Ahora en primavera los paseos duran ¡hasta las 10 de la noche! En algunos casos. El invierno suele ser algo más temprano. Quizás a las 7 de la tarde veas pasar algún alma que va a sacar la basura. Los trabajos al exterior también se alargan, y se cruza ante mis ojos albañiles que siguen construyendo casas… ¿Cuánto de esa casa será del banco?
Nunca tuve un sentido de la propiedad muy arraigado… Quizás por eso tampoco acabo apegándome demasiado a las cosas, quizás porque alguna vez me apegué a alguien y no hizo más que dificultarme la salida después… Pero aquí estoy, fuera.
Así es que, igualmente no tengo pensamiento alguno de comprarme una casa… Si no se ni dónde quiero vivir…
Cuando se va acercando la noche me gusta salir a pasear, a hacer un poquito de deporte… Cuando lo hago sola (en múltiples ocasiones) me gusta hablar conmigo misma en voz alta. ¡y no creas que estoy loca! Es que en muchas ocasiones, desde que vivo en este lugar necesito escuchar mi voz, reconocerla. También canto en ocasiones. No sé si bien o mal. Es lo que menos me importa. Solo necesito escuchar mi voz.
Mucha gente me dice que salga, que conozca gente nueva, chicas. Y quizás sí sea una buena idea, pero es que nunca fui de borrar un antiguo amor con otro nuevo. En este preciso momento necesito alguien que me escuche, que sepa que necesito adaptarme y encontrarle el sentido de por qué estoy aquí. Quién sabe, quizás nunca encuentre ese sentido y tenga que buscarlo en algún otro lugar. No soy de las que se agobian y precipitan porque tenga que tomar una decisión. No la pienso porque sé que cuando mi corazón no pueda más la tomará tras dialogar con mi cabeza. Y no frenaré absolutamente nada. Donde el corazón me lleve.
Mira al frente un segundo… Mira la pelota vieja, sola en medio de un charco de agua en la lona que tapa la piscina que no quito porque no se usa… Mírala bien, y piensa y siente ¿Ya sabes de qué te hablo?”.
Y tras mirarla entendí de qué me hablaba. Entendí su soledad.
Me despedí de ella, y entendí también que esa soledad le hacía mucho más fuerte.