HABLANDO CON MIS ALUMNAS

José Clemente Rubio García. Maestro Rural (jubilado)

Una tarde, como otra cualquiera de este pasado agosto, visito a Ana Isabel García López. Eran las siete de la tarde y me abre la puerta de su casa con una sonrisa que me traslada a finales de la década de los ochenta del siglo pasado. Ha pasado mucho tiempo, pero me siento como si la viera entrar al aula, a esa “escuela de la iglesia” con sus siete u ocho años, sonriendo, corriendo, con esa mirada a todas partes como queriendo absorber todo lo que le rodea.

Me recibe en un salón, delicadamente decorado, muy acogedor, donde predominan los colores claros y las fotos de sus hijas, mellizas, decoran elegantemente el espacio. Me acoge en el silencio y la serenidad que se respira en el mismo.

Cuando nos dimos cuenta, ya habían pasado algo más de dos horas. Hablamos, hablamos de muchas cosas, pero un tema al que siempre volvíamos era a la escuela, y yo la pondría con mayúsculas, como así lo haré en adelante.

Ana Isabel se escolarizó a partir de los cinco años, ya que antes, al vivir en un cortijo diseminado, concretamente en Zaén de Abajo, en la pedanía moratallera del Campo de San Juan,  no se le autorizaba a usar el transporte escolar, pero eso no se notó a la hora de ser una alumna ejemplar. Su carácter afable pronto la hizo ser una más del aula y la relación con sus compañeros y compañeras fue ejemplar. Hablamos del Colegio San Bartolomé en El Sabinar.

Una palabra clave que sale en todo momento, es la Escuela, es el Maestro, es la Maestra…

A una pregunta algo incisiva me contesta: “Yo pondría Dolores, pero sin olvidar a Antonio Moreno. El agradable aroma de maestra con la que me acogió y la ilusión que me transmitió Antonio Moreno han sido imborrables en mi vida”.

La Escuela era el lugar de socialización, de crear amigos, de hacer pandilla. Hay que pensar que Ana Isabel vivía en un diseminado, donde sus contactos habituales durante los primeros años de su vida, eran sus padres y sus hermanos cuando fueron naciendo.

Si me preguntaran, me dice, si volviera a nacer repetiría la misma Escuela, contestaría con un sí rotundo, mi Colegio es el San Bartolomé de El Sabinar. Cada vez que pasamos por su puerta, le digo a mis hijas: “este es el colegio donde fuimos de pequeños mamá y papá”.

Yo fui muy feliz y tenía ganas de ir a la Escuela, tenía relación con los demás niños y los maestros nunca me dieron miedo, pero sí respeto, mucho respeto. Creo que es esencial en el maestro, en la maestra, el cariño, pero sin olvidar en ningún momento el respeto mutuo. Nunca entendí como en algún momento, sobre todo ya en el Instituto, algún compañero o compañera faltaba al respeto al profesor o a la profesora.

Yo creo que soy lo que soy por el colegio, por la Escuela que tuve la suerte de vivir.

Una de las actividades que recuerdo, entre otras muchas que hacíamos, era las salidas mensuales a nuestro entorno. En cuatro grupos (Pinturas Rupestres, Rocas y Fósiles, Animales y Plantas) los alumnos de tercero a octavo, mezclados entre sí, estudiábamos la gran riqueza que teníamos a nuestro alrededor y que había que conocerlas cuidarlas y protegerlas.

Ana Isabel, no pudiendo ser de otra forma, eligió las Pinturas Rupestres.

Estudió el bachiller en el IES de Moratalla. Fue duro, muy duro. El autobús la recogía algo después de las 6 de la mañana y la devolvía a su casa sobre las 16 horas. Curvas, muchas curvas, precipicios, hielo, mareos, cansancio, muchos kilómetros… la MU 703 nunca la olvidará. Marchó luego a la Universidad a Murcia y fueron años muy interesantes. Estudió Historia, especializándose en Historia Antigua, en Arqueología, participando en numerosas campañas arqueológicas, tanto en Murcia, como fuera de ella. En su momento hizo el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica), así como diferentes cursos sobre Administración en general.

Actualmente es la Formadora/Tutora del PMEF (Programa mixto de empleo y formación) que tienen como objeto la digitalización de fondos documentales del siglo XX pertenecientes al Archivo Municipal de Caravaca.

Muchas cosas quedan de nuestra conversación y otras muchas pendientes, ya que aquellos años vividos en el Colegio Público San Bartolomé de El Sabinar, fueron muy intensos, sería muy largo pero interesante de narrar.

Gracias Ana Isabel, gracias por ser como eres. Gracias por aceptar mi invitación que nos ha llevado a un reencuentro lleno de calor y de ilusión, porque recordar es volver a vivir.