JAIME PARRA

El bullero Ramón Gil, autor de diversas obras sobre educación en actitudes y valores, forma parte del grupo de investigación en Teoría de la Educación que dirige el doctor Juan Escámez, bullero como él que ha prologado”Transitar por sendas de valores”, un libro más necesario aún si cabe en estos tiempos y que puede descargarse gratuitamente en https://latapia.es/transitando-por-sendas-de-valores/.

Para el doctor Juan Escámez, este libro es una prolongación del autor: “Ramón tiene una cualidad que siempre he admirado: la coherencia entre sus convicciones (conocimientos, saberes, valores) y acciones. Ello, según mi opi- nión, se debe a cuatro elementos fundamentales de la identidad ética de su perso- nalidad: 1) La autenticidad; 2) El cultivo de la cordialidad; 3) La pasión y el gozo por lo que hace; y 4) La primacía que confiere al pensamiento práctico”.

¿De dónde le surge la necesidad de publicar este libro?

En los largos días de confinamiento en casa, a mediados del mes de marzo, con motivo del estado de alarma decretado a causa de la pandemia ocasionada por el Coronavirus, desde la preocupación e incertidumbre, desde mi dolor y solidaridad con todas las víctimas, así como desde mi admiración y reconocimiento agradecido por tantos gestos de solidaridad generosa y arriesgada, de los que teníamos noticias diariamente,  sentí como un impulso interior a realizar una síntesis selectiva del trabajo que he desarrollado en el campo de la educación en valores, tanto en el marco escolar como en otros contextos durante más de treinta años.

¿A quién va dirigido?

Concluido el trabajo, quiero compartirlo, como un pequeño regalo, con mis familiares, amigos y amigas, paisanos de mi querido pueblo de Bullas, profesores, compañeros y compañeras, de los que tanto he aprendido, así como con muchos de mis antiguos alumnos y alumnas, hoy profesionales competentes, que me han ayudado a sentir y a comprender que la gran parte de mi vida dedicada a la docencia, a pesar de las dificultades, ha merecido verdaderamente la pena; y a todas las personas interesadas por la educación en valores, desde el convencimiento de que no es suficiente la transmisión de contenidos cognitivos para la formación de la totalidad de la persona que, con palabras de Zubiri, es inteligencia sentiente y sensibilidad inteligente. Corremos el peligro de formar la cabeza y descuidar la educación del corazón, como alertaba nuestro sabio Ortega y Gasset. Hoy decimos inteligencia emocional y educación de los sentimientos.

¿Qué lecciones podemos extraer de “Transitar por sendas de valores”?

De manera resumida señalaría las siguientes: 1) Los valores no se inculcan ni se imponen; se persuade de su valía con argumentos y, sobre todo, con el testimonio de una vida de acuerdo con ellos; 2) Hay que degustarlos desde lo más profundo del corazón. Nunca se insiste suficientemente en la importancia de los sentimientos morales que dan energía a los principios morales y, con frecuencia, pueden más que ellos para la acciones morales; 3) La necesidad de potenciar el pensamiento crítico en toda persona que quiera transitar por las sendas de los valores. La verdadera madurez moral se alcanza cuando una persona es y vive de acuerdo a lo que considera valioso para ella; 4) El compromiso para hacer acciones valiosas. Los valores se aprenden si se ponen en práctica a través acciones que mejoren a las personas, a la sociedad y a nosotros mismos.

¿Qué es la educación en valores? A su juicio, ¿debería enseñarse en la escuela?

La educación en valores no sólo es función del sistema educativo. Se hace en la familia, en las asociaciones políticas y culturales, en las comunidades religiosas, en los movimientos y asociaciones juveniles, en los voluntariados, en las escuelas de padres, en los medios de comunicación social, etc. Pero lo cierto es que el sistema educativo no puede desentenderse hoy de la formación de buenos ciudadanos, y por ello de la educación en actitudes positivas a unos valores que promueven la autonomía personal, la pluralidad y la convivencia democrática. La educación en valores, a mi juicio, pretende que los ciudadanos, en general, y los educandos, en particular, no se limiten a ser sujetos pasivos, resignados a ser clientes y consumidores, con voluntad y mente sumisas; sino que más bien aspiren a ser, ampliando sus capacidades y competencias, personas creadoras, participativas, responsables y solidarias. Su gran objetivo es lograr que los educandos reconozcan y desarrollen sus posibilidades, piensen con su propia cabeza, sientan con su propio corazón y caminen con sus propios píes, haciendo compatibles, al mismo tiempo, la autorrealización personal y el compromiso responsable y solidario con el bien de la comunidad.

¿Qué es la ética y la educación en cuidados de la que habla en él?

La ética hace siempre referencia al “deber ser”, en este caso yo diría que es hacerse cargo de la realidad para que sea como creemos que debe ser, más justa y menos inhumana Las propuestas y consideraciones educativas que ofrezco se sustentan en una ética de la compasión y del cuidado (compasión que exige justicia), que implica activar la responsabilidad solidaria para con los otros (en especial con los otros necesitados), con la naturaleza y con las generaciones futuras. Se trata de hacer viva y real una ética cívica de mínimos que comprenda los valores básicos que toda persona debe tener ya que, de lo contrario, manifiesta un déficit de humanidad, y que en toda sociedad tienen que estar presentes, porque su ausencia impide el respeto a la dignidad humana y vulnera el ejercicio de los derechos humanos.

Los valores éticos de la dignidad de la persona, de la justicia, de la libertad, de la igualdad, de la solidaridad, de la tolerancia o respeto activo, de la participación, de la paz y de la responsabilidad son valores básicos que toda persona, todo educando, debe de poseer, pues se trata de valores que están en la base de los derechos humanos.

Entiendo que el cuidado es uno de los ejes fundamentales de la actividad humana, que es preciso sacarlo fuera de la exclusiva competencia de las mujeres. Si hasta ahora, en un marco patriarcal, las actividades de cuidado se han considerado femeninas casi unívocamente, creo que va llegando el momento de extenderlas como parte de la base ética del comportamiento deseable para todos, hombres y mujeres, en una sociedad democrática. Esta nueva pedagogía defiende la promoción del valor de la igualdad en las funciones sociales históricamente atribuidas a hombres y mujeres, en la consideración de las relaciones domésticas y laborales, en el aprendizaje y en la distribución de las tareas del cuidado. Además rompe con la visión androcéntrica imperante que ha generado y sigue generando humillaciones, violencia contra las mujeres y minusvaloración de lo considerado femenino. En este sentido creo que debemos desactivar, entre otras cosas, el mito de que la práctica del cuidado es algo más propio o natural en las mujeres que en los varones. La compasión, la solicitud y el cuidado nos atañen a todos. Hombres y mujeres podemos capacitarnos, cada día más, para asumir corresponsablemente las funciones relacionadas con la crianza, la atención de niños, ancianos y enfermos.

¿Qué labor desarrolla el grupo de investigación en “Teoría de la Educación” del que usted forma parte?

Bajo la dirección de un murciano ilustre e hijo predilecto de nuestro querido pueblo de Bullas, el Catedrático de la Universidad de Valencia don Juan Escámez, venimos desarrollando proyectos de investigación y  programas científicos de acción pedagógica,  tales como los siguientes:

Educación en actitudes y valores. Educación moral y desarrollo del juicio moral. Prevención de la violencia en el marco escolar y en otros contextos. Prevención de las drogodependencias. Educación para la salud. Propuestas de acción para la prevención de la violencia de género. Formación del profesorado. El aprendizaje por competencias. Educación de la tolerancia. La educación de la solidaridad. Formación del Voluntariado social. Educación de la responsabilidad. Educación para la participación. La educación de la ciudadanía. La educación ética en la familia. Educación en la igualdad de género. La educación para el cuidado. Educación y desarrollo sostenible. Educación de la autoestima desde una pedagogía de la dignidad.