FELIPA GEA/Psicóloga, Sexóloga y Neuropsicóloga/

ESPACIO DE ALCOBA

Queridos y queridas lectoras, esta semana vamos a hablar de un término que me gusta mucho porque explica lo que representa esta sociedad en la que vivimos (y hemos creado) en términos de relaciones personales. Vamos a hablar de “amor líquido”, resolviendo así una pregunta que me hicieron hace unos días de manera personal.

El término de “amor líquido” fue creado por el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman, el cual se encuentra desarrollado a través de su obra, la cual lleva el mismo nombre, “amor líquido” en 2003. En esta obra describe y explica los tipos de relaciones interpersonales que se establecen en los tiempos actuales, es decir, en la posmodernidad.

Según Bauman, las relaciones interpersonales actuales están caracterizadas por la falta de solidez, la falta de calidez y por una tendencia a que estas relaciones sean cada vez más fugaces, superficiales, etéreas y con menor compromiso. Y aunque el concepto suele usarse para las relaciones basadas en el “amor romántico”, en realidad el término de “amor líquido” va más allá que ese “amor romántico”, ya que habla de la liquidez del amor al prójimo en general.

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A través de este concepto, Bauman nos explica cómo en las sociedades del capitalismo avanzado (o el Primer Mundo como propiamente se llaman estas sociedades egocéntricas y extorsionadoras) aparecen algunas tendencias que afectan al modo de entender las relaciones personales. Un claro ejemplo es la tendencia al individualismo en estas sociedades, la cual es tan fuerte que hace que se termine viendo las relaciones como un peligro para la propia autonomía. Pero no se queda ahí la cosa, porque a este individualismo se le une el consumismo, que va ligado a ese capitalismo del que venimos hablando. Y, obviamente, el consumismo lo que provoca es una mercantilización de los ámbitos de la vida.

En esta mercantilización, se comienza a ver al resto de personas como mercancía para satisfacer alguna necesidad. Esto convierte el amor en una suerte de consumo mutuo, guiado por la racionalidad economicista. Es decir, me relaciono contigo mientras me sirvas para cubrir alguna necesidad y te tiro cuando no sea así: en definitiva, te uso. Lo que se buscan son conexiones, no relaciones. Hay que tener en cuenta que las conexiones no necesitan una implicación fuerte, ni tampoco una profundidad. Todo se queda en la superficialidad para que el “usar y tirar” provoque la menor implicación posible en la vida.

Pero, quizá os estéis preguntando, ¿cómo está todo esto conectado con el “amor romántico”? Pues hay que tener en cuenta que el “amor romántico” es un constructo sociocultural formado por unas normas y unos valores implícitos, que están aceptados por la sociedad. Estos valores y normas que representa el “amor romántico” aparentan entrar en discordancia con lo que estoy explicando, pero ni mucho menos. Porque el “amor romántico” es tan consumista como el “amor líquido”, ya que el “amor romántico” está basado en unos valores y normas idealizadas: el matrimonio, la familia, el único amor, el amor para toda la vida, el amor que dura siempre, etc. Estas idealizaciones crean vínculos desiguales definidos por el poder. Al igual que ocurre en el “amor líquido”, que el poderoso es el capitalismo.

Es más, el “amor romántico” nos lleva al “amor líquido” (a veces, en contra de nuestra voluntad). Pues vivimos en una sociedad capitalista y eso ya impregna nuestra vida de por sí, sino que, además, al creer en esa idealización romántica hacemos que el amor no llegue a ser un amor duradero. Porque hay que tener en cuenta que el “amor romántico” se establece en la primera fase del amor (llamado por el mismo nombre), esa fase en la “que cegaron los o las dos”, y esa fase tiene fecha de caducidad. Por lo tanto, de esta forma, cuando está cerca esa fecha de finalización de la fase, ese amor idealizado en el que creemos se transforma a algo menos inmediato, menos fugaz, menos excitante, con menos fusión… y no sólo eso, sino que, además, hay que trabajar para mantener ese amor. Un amor que nos han vendido como inquebrantable, mágico, que funciona solo y soluciona todos nuestros problemas.

Está más que claro lo que va a provocar esa desilusión ideal, pues que cuando llega ese momento trágico y de realidad, entonces decidimos cambiar de relación porque la actual ya no cabe en ese cliché romántico. ¡Gualá!, y así es como el amor se ha convertido en un bien de consumo sin que os halláis dado cuenta. Sí, es algo paradójico y que se retroalimenta.

Por todo lo que os he contado aquí, el amor se ha vuelto líquido. Un amor que fluye, cambia constantemente y toma caminos inesperados. De la misma forma que el individuo cambia en el capitalismo: la moda, los grupos de whatsapp, el real food, los/as influencers… ¿Os sorprende? Pues quedan muchas más cosas con las que sorprenderos y si es solucionando vuestras dudas, preguntas, sugerencias e impresiones, ¡mucho mejor! Las espero por estos medios:

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