GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Dicen que cuando bailas puedes disfrutar el lujo de ser tu mismo y que se debe bailar siempre como si nadie te estuviese mirando.

Ensayo previo a Carnaval

Ensayo previo a Carnaval

Son 12 + 1 las mujeres que se permiten ese lujo todos los lunes y miércoles cuando se reúnen en el la Escuela de Danza Moderna de Dafne. Lo de bailar como si nadie las estuviese mirando eso ya es otro cantar.

Me reconocen que es lo que más les ha costado, y que entraron con la condición de no salir en público en el jamás de los jamases. Del jamás pasaron al… vale salgo, pero tapada, que no me conozca nadie. Y ahora bailan detrás de la cabalgata de reyes, detrás de sus propias hijas, a cara descubierta y al ritmo de la última canción de los 40 principales. Con la cabeza bien alta, el paso aprendido y la música en el alma.

Los retos están para superarlos, dice Ángeles, y ellas han aprendido a salir adelante en este y en todos los que dejan atrás para ensayar alrededor de 2 horas a la semana en clase. Dos horas que les saben a poco y que estiran donde pueden: detrás de un mostrador, donde trabaja María, en los pasillos del Mercadona, donde trabaja Mari Carmen, o en la cochera de Mónica, reconvertida en pista de baile cuando los pasos se ponen difíciles.

Mucho más difícil es la vida, dice Conchi, la más mayor del grupo, 60 añazos bailando por JL y que cuando suena la música me demuestra una vez más que la edad es solo un número que marca nuestros pasos, pero nunca nuestra vida.

Y es que menos María y Patri, solteras y sin llegar a la treintena, las demás le sobrepasan en edad a la Sinnorina, la profesora de baile que esta noche que yo he venido a verlas por sorpresa ensaya con ellas el baile para el desfile del carnaval. Ese en el que juraron por Jennifer López que nunca iban a salir.

Ellas, como dice mi amiga Mónica, (bailarina de corazón y taburete) solo se iban a apuntar para ser las mejores en las barras del ByN bajo la oscuridad de los bailes y sus luces, pero han acabado bailando en la gran vía, a la luz del día y con una coreo que tan sofisticada que les ha permitido viajar a Águilas a una audición y hacer realidad “el Sueño de su vida”.

El sueño de unas madres, empresarias, autónomas, funcionarias o dependientas, además de amas de casa que bailan, como decía Sabina, sin que el equipaje lastre sus pies, ni el maquillaje borre sus sonrisas. En ellas ha ganado el quiero la guerra al no puedo y no les han afectado las maldades del mundo en general ni de este pueblo en particular, porque mucho más alto que las críticas suena la música y las palmas de quienes admiramos su derroche de alegría, arte y valentía para dejarse la piel y la vergüenza a las puertas del centro deportivo y salir a bailar como si nadie las estuviese mirando.

Cuando les pregunto por las motivaciones que les llevan a ponerse el mundo por maillot y entrar a dar clases todas me contestan lo mismo, es salir de la rutina, es sentirse viva, es hacer del baile un motivo para juntarse y de una coreografía una manera de hacerse amigas. Eso no tienen que jurarmelo. Se nota nada más entrar. Son una, un equipo, una comparsa, una fila, una canción, una meta, una nota de música, una ilusión… la de vivir, unas ganas… las de bailar.

Y con la música de fondo, son ellas las que deciden que el calendario no viene con prisas y que sus verdades no tienen complejos.

Monica, Loli, Angeles, M carmen, la otra Mari Carmen, Mari Huertas, Cristina, M Teresa, Patri, Maria, la otra Maria, M Cruz, Encarna… ojalá que el escenario os peine las canas, que las notas no os cuenten las horas y que el fin del mundo os pille bailando.