ORENCIO CAPARRÓS BRAVO

Hacía trece o catorce años que no entraba en el  que otrora fuera convento de las madres carmelitas. Lo hice  porque el Periódico El Noroeste y algunos antiguos alumnos me invitaron a una exposición  titulada “Icon Talens”, y que pretende dar a conocer a varios  de los artistas de la comarca y que, tanto a juicio de su comisaria Ana María Vacas como del propio periódico merecen ser tenidos en cuenta como jóvenes y futuras promesas. Felicito a Ana, a Paco Marín y a Jaime Parra, por su iniciativa. El refranero español está lleno de aciertos, pero ocurre, a veces, que comete errores de bulto, como cuando dice aquello de que “el buen paño en el arca se vende”. Pues va a ser que no. El paño, en este caso la obra,  hay que mostrarla, será buena o menos buena, pero hay que verla y valorarla. Felicito a los promotores de esta exposición, porque, con ella, logran varios objetivos, a saber, dan a conocer  a artistas que pueden tener un amplio recorrido, al tiempo que generan una ilusión  en ellos que puede servir como motor de su evolución.

Eva Barrilado observa la obra de Alejandro Baños

Eva Barrilado observa la obra de Alejandro Baños

He tenido el honor de tener a algunos de estos artistas como alumnos en Historia del Arte o Historia, y puedo asegurar que ninguno de ellos pasó desapercibido; cada cual, a su modo, tenía unas características propias y distintivas; la rebelión anárquica y creativa  en la pintura de Alejandro Baños,  la simbiosis de las artes y la vida en Jesús Cristobal, la modernidad colorida y el diseño en Rivero, la disciplina y madurez  prematura y de promesa cierta en Pedro Abellán.  A Eva Barrilado no tengo el gusto de conocerla, pero, siguiendo con los pintores, creo que aporta una nota globalizadora de lo hispano y lo americano encantadora y llena de color. Mi gusto por la pintura es evidente, pero aun así, como padre y como observador las fotografías de María Caparrós, escasas eso sí, tienen mucho de  conceptual y, en cierta medida, minimalista, cargadas de silencio y simetrías ;  las fotografías de Marina Campoy cargadas de romanticismo y estilo; el dibujo, puro y limpio de Martina, la fotografía documental de José A. Sánchez llena de miradas penetrantes,…               

Músicos y actores a los que no pude ver, porque la iglesia de San José se quedó pequeña, y sólo sentí los aplausos que se oían en la Calle Mayor, también mis felicitaciones.

     Sólo una consideración sobre tanta promesa; los artistas no viven del aire, necesitan vender, necesitan , aunque sea muy prosaico, comprar materiales, y comer….No está de más comprarles algo, lo mismo resulta una buena inversión, además.

       Me alegró, muy especialmente, ver la Calle Mayor con un trasiego y una vida habitualmente desconocidas, salvo fechas muy señaladas. La antigua Iglesia de la Compañía, tan felizmente restaurada, y que ahora ofrece una exposición con los mantos de Los Caballos del Vino premiados en este 2018, junto con la exposición “Icon Talens” de la que he escrito estas líneas, nos pone en el camino de la pregunta del millón ¿Cómo recuperar los viejos espacios urbanísticos? Este es un camino, detrás llegan negocios, bares, tiendas…y niños que pasean con sus mayores. Aun así, y lo estuve comentando con mi amigo Paco Marín, queda hacer una apuesta mayor para lograr que el viejo convento carmelita se convierta en núcleo de un centro  cultural de nivel. En otra ocasión escribiré sobre ésto, sobre el pasado, que no fue, y el futuro, que puede ser.

      Gracias al Noroeste por su iniciativa. 

      Animo a todos a pasear por la Calle Mayor, visitar las dos exposiciones actualmente abiertas y tomar unas cañas por la zona. 

       Esta vez no me he metido con nadie. Esta vez… Y sin que sirva de precedente.