José María Egea, Catedrático en Botánica de la Universidad de Murcia/Pregonero de las Fiestas en honor a la Virgen del Rosario 2017

Ilustrísimas autoridades, querida familia, amigos y amigas, señoras y señores.
En primer lugar quiero mostrar mi más sincero agradecimiento a M Dolores Muñoz, alcaldesa de Bullas, por proponer mi nombre como pregonero de las Fiestas de este año; así como al Equipo de Gobierno por aceptar la propuesta. A todos ustedes mi agradecimiento por asistir a este acto. Pregonar las fiestas es para mí todo un honor y un orgullo. Desde el primer momento, lo he visto como una tarea de responsabilidad hacia las personas que han confiado en mí. Espero no haber cometido un acto de irresponsabilidad aceptando la propuesta

Nací en Bullas, en el seno de la familia de los Estebanillos por parte de padre y de los Domingones por parte de madre. Gente del campo, trabajadora, noble, sencilla, como suelen ser los bulleros y bulleras.
Crecí en medio de una generación que le tocó vivir el drama de la Guerra Civil. A esta generación se la denomina la Generación Silenciosa, porque aprendieron a callar, a obedecer a la autoridad, a agradar a la gente. La mujer aceptaba pasivamente el papel en el que se vedaba su sexualidad y se le premiaba la procreación. La mujer fue devaluada y el hombre sobrevalorado. La mujer no podía ser titular de una cuenta bancaria, ni realizar negocios sin el permiso previo del marido o de los padres. Los hijos se educaban con una estricta rigidez y un gran respeto hacia los mayores, cuyas órdenes no se discutían. Desde pequeños se les inculcó el sacrificio y la austeridad.
El éxodo rural de los años 60 y 70 hizo emigrar a muchos campesinos y jornaleros del campo. El Reino de Valencia, el norte de España, Francia o Alemania, fueron algunos de los destinos de muchos bulleros. Otros optaron por la construcción. Salían en autobuses para el día o se iban de semana. Mientras, la mayoría de las mujeres se quedaban en el pueblo. Trabajaban en las fábricas de conserva, en las casas de los “señoritos” o en las tareas domésticas (F 4). La permanencia del elemento femenino en el territorio fue fundamental para que no se despoblara nuestro pueblo.
Cuando se habla de personajes de Bullas, se recurre a clérigos, militares con cierto rango, médicos, incluso a algún que otro catedrático. También se ha alabado la labor de los obreros que se levantaban a las 6 para ir a trabajar. De los emigrantes que pasaban penurias para enviar dinero a sus familias. Es cierto que también se valora el trabajo de la mujer en la fábrica. O el papel de la madre sumisa que cuidaba de la educación de los hijos.
Lo que no se suele mencionar es que, para que el obrero se fuera a trabajar a las 6 de la mañana, la madre o la mujer se había levantado una hora antes, o se había acostado una después para preparar las “capazas”. Si los emigrantes al final volvían al pueblo era porque aquí estaban sus mujeres esperándolos… Mi máximo respeto y mi más sincero homenaje a estos auténticos personajes de la vida de Bullas. A las madres y mujeres que han estado a la sombra, que no han sido remuneradas por su
trabajo y que, con su labor, han engrandecido nuestro pueblo.
Bullas, además de nuestras madres y mujeres, atesora numerosos valores. En lo que resta de pregón voy a resaltar alguno de los valores sociales y culturales de los últimos 50 años de nuestra historia. También recurriré a algunos datos de mi biografía.
Hacia 1967, varios exseminaristas y alumnas del colegio de las monjas constituimos la peña de los Montañeros, en torno a la figura de Juan José “el bizcochero”. Para entender el carácter e idiosincrasia de este grupo de jóvenes hay que situarse en un contexto global. Coincidió con un periodo de revuelta juvenil de carácter social y ecologista, a nivel mundial. Fue un movimiento de rechazo a la guerra. De oposición a la represión de las dictaduras militares. Fue una revolución contra la sociedad de consumo, contra las centrales nucleares,…
En esta época se gestó el movimiento hippy, surgieron también los ecologistas, pacifista, feministas,… Frases como: Haz el amor y no la guerra, o paz y amor, se expandieron por toda la tierra. La imagen del Ché Guevara se convirtió en el rostro de la revolución juvenil. Cantantes como Bob Dylan, Joan Baez, John Lennon, Janes Joplin,… se unieron a este movimiento constituyendo auténticos líderes. Sus canciones se convirtieron en himnos contra la guerra y en el vehículo de trasmisión de la protesta juvenil. En el ámbito hispano destacaron cantautores como Víctor Jara, Mercedes Sosa, Paco Ibáñez,…
De este movimiento, de esta ideología mamamos los montañeros, pero en la distancia. En España, el régimen franquista tenía prohibido por ley cualquier tipo de asociacionismo fuera del Movimiento Nacional, a excepción de las asociaciones de la Iglesia Católica. El movimiento obrero y estudiantil sólo existía en la clandestinidad. Y nosotros aún éramos demasiado jóvenes y estábamos demasiado alejados de estos focos, para participar directamente de ellos. Pero a lo que si tuvimos acceso era a las
imágenes y al sonido de los desastres de la guerra de Vietnam, de los tanques rusos en Praga, o las imágenes de aquel famoso Mayo del 68, cuando se produjo la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia.
Esta influencia externa llevó a parte de los montañeros a ser un grupo bastante transgresor en la época de la Generación Silenciosa. Fue el primer grupo compacto en Bullas que en cierto modo se reveló contra al poder establecido. Esto originó
numerosas discusiones y conflictos con nuestros padres, hasta entonces una figura intocable.
Nuestro look, influenciado por las corrientes juveniles del momento, fue la comidilla en peluquerías y corrillos del pueblo. Llevábamos pantalones de campana, pelos largos. Ellas minifalda. Nos reuníamos en el Club de la Juventud. También en un
piso en construcción de mi primo Esteban. Esas reuniones, según se decía en los ecos de sociedad del pueblo, las utilizábamos para tomar droga, como hacían los hippies de la época. En realidad, la droga más fuerte que llegamos a fumar fueron celtas cortos, ideales o cardo de gallina. En ocasiones algún Gitanes o Gouloises que traían de Francia; o un “explota pechos” procedente de Canarias, como era el Kruger. Lo cierto es que, con esas críticas, lo único que consiguieron fue acentuar nuestro espíritu transgresor.
El nombre de montañeros viene, como es evidente, de nuestra afición a realizar excursiones. Al castellar, al salto, a la Fuente del Pino,… Una de las más significativas fue la que hicimos de Bullas al Santuario de la Esperanza, por la sierra.

Aunque es probable que ni los propios montañeros lo recuerden, fuimos los que transformamos el formato de la Diana, en las fiestas de Bullas. Lo recuerdo perfectamente, a falta de unos detalles. Debía de ser el año 1968, había terminado el tío de la pita y alguien propuso ir a la diana al día siguiente. Hasta entonces esta consistía en un tranquilo pasacalles, con la banda de música y un grupo de hombres detrás de ella. La diana también les estaba vedada a las mujeres.
Ese año de 1968 nos sumamos los montañeros. Unos 25 o 30 jóvenes de entre 15 y 17 años. Evidentemente, no se trataba de hacer el paseíllo por el pueblo.  Saltamos, bailamos y bebimos hasta que el cuerpo aguantó, que fue todo el recorrido de la diana. Al año siguiente repetimos y volvimos a repetir en años sucesivos. El número de participantes fue en aumento. Recuerdo que en una de las últimas dianas, antes de la moda del huevo y la harina, Miguel Párraga y yo paseamos por todo el recorrido una garrafa de vino de una arroba, que pusimos a disposición del público. La gente se alineaba a lo largo de las calles para vernos pasar. Desde hace muchos años esto es imposible si uno no quiere salir rebozado.
Los montañeros participamos también en la rehabilitación del Club de la Juventud, situado en el Camino Real. José El Cabila y Juanjo el bizcochero, junto a otros jóvenes, fueron los motores de esta iniciativa. Se acondicionó una bodega como sala de baile, una cantina, una pequeña biblioteca, habitaciones para juegos de mesa, escuchar música o para reuniones. En las cámaras se habilitó el local de los montañeros. El huerto se transformó como campo de deportes y para actividades al aire libre.
El Club fue el foco de numerosos actividades culturales y deportivas. A destacar el grupo de teatro, que llegó a representar unas 13 obras. Se celebraban sesiones de cine fórum, charlas de formación, debates… Del club salió un grupo de baloncesto y otro de futbol que han continuado jugando hasta fechas recientes. También una tuna en donde destacaba la figura de José Juan Caballero, tanto por sus dotes musicales como por su juventud.
Hacia 1972 los montañeros no existían ya como peña. Aunque sí la amistad que se ha mantenido a lo largo de los años. Una parte del grupo se integró de lleno en el Club. Otros, por diversos motivos, nos fuimos desligando. Yo recalé en la peña que llamaré de mi mujer, pues carece de un nombre que la identifique. Todo comenzó en la verbena del sábado de las fiestas de 1972. No recuerdo que grupo tocaba, pero si la canción. Era Ojos de España, de Kuldip. Saqué a bailar a Isabel y he de reconocer que ahí me enamoré de ella. A partir de esa fecha su peña ha sido también la mía.
El origen de este grupo está en un núcleo amplio de chicas del colegio de las monjas que, dirigidas por sor Teresa, fue el germen de la Coral Parroquial. Más tarde nos fuimos incorporando al coro el elemento masculino. Lo que nos atrajo en realidad, más que cantar en misa, fue el contacto con las chicas. Hasta 8 matrimonios se consolidaron en la pandilla, todos ellos felizmente casados en la actualidad.
Las verbenas de las fiestas, siempre han sido uno de los puntos de encuentro, no sólo de nuestra peña, sino también de otros grupos de amigos y conocidos. La verbena del sábado era, además, el día en el que coincidíamos con nuestro buen amigo Paco Guirado, quien fuera Director del Hospital de Molina, con quien compartí piso el primer año de carrera. Las excursiones y salidas de campo que inicié con los montañeros, han formado parte de mi vida tanto en mi época de estudiante en Barcelona, como en mi vida profesional en la Universidad de Murcia. Durante cuatro años recorrimos el norte de África. Se trataba de excursiones que organizaba como parte de mi actividad investigadora, pero a las que invitaba a profesores y alumnos.
Dormíamos en tiendas de campaña, nos lavábamos donde encontrábamos agua, lo cual no era frecuente en el desierto… Fueron viajes impresionantes. La plaza de la Jemaa o el zoco de los curtidores en Marruecos, una boda en Argelia, escuchar el silencio en el desierto o ver los espejismos en el Oud el Cherrad, de Túnez. Eso es algo que no tiene precio. Bueno, a nosotros nos salía por unas 17.000 pesetas (unos 100 euros). Incluía tres semanas de estancia con todos los gastos pagados, la gasolina y el billete del Ferry. En todas estas excursiones me acompañó Isabel y, a menudo, también mis hijos.
La transición, en los años 80, fue una época de esplendor en Bullas marcada de nuevo por la juventud. En 1981, el Ayuntamiento, estando mi hermano de alcalde, consiguió la cesión del edificio de correos y adquirió el colegio de las monjas. Ambas dependencias se transformaron en la Casa de la Juventud, hoy Casa de la Cultura, lugar donde nos encontramos en estos momentos.

La Casa de la Juventud inicia su andadura en diciembre de 1981. Estuvo activa hasta casi finales de los 80s. Los jóvenes gestionaban el club de forma independiente. En su época de máximo esplendor llegó a tener unos 1500 socios. Se crearon los colectivos de arqueología, espeleología, ecología y montañismo, fotografía, cine, música, ajedrez.
Se recuperaron numerosos restos del patrimonio histórico de Bullas, se descubrió las pinturas rupestres del Milano, se promovió las excavaciones de la Villa Romana de los Cantos, se recorrieron numerosas cuevas y simas de la región, se
rodaron algunos cortos de cine, se editó una revista, se celebraron cursos, campeonatos, fiestas,… Todo ello realizado por jóvenes con escasos recursos económicos, pero con mucha imaginación y ganas de trabajar y de divertirse.
La Peña Motorista  fue un grupo que emanó también de la Casa de la Juventud. Al principio promovieron varias carreras de ciclomotores durante las Fiestas. En 1986 organizaron su I Concentración Motorista. Desde entonces los vemos concentrarse todos los años en invierno. El año pasado celebraron su 31 edición.
El grupo de rock Tablacho, reaparecido hace unos cuantos años, surgió en 1982 al amparo también de la Casa de la Juventud. Este grupo, y con permiso de los Dickson de los años 60, fue el inicio de una larga lista de grupos de rock y de música alternativa de Bullas. Los festivales de Bull-Rock, Cañarock y Ruidismo, constituyen hoy día el punto de encuentro de muchos grupos y cantantes de la localidad, algunos con una gran proyección en el campo de la música.
Otras manifestaciones populares, muy ligadas a las fiestas de Bullas y otros eventos festivo-culturales, las protagonizan las Peñas Festeras junto a la Peña de la Uva, representadas en este acto por sus damas de honor, presidentes y otros miembros.
Hacia finales de los 80 y primera mitad de los 90 organicé nuevas excursiones de trabajo a diversos puntos de la Tierra. Esto me permitió conocer comunidades vegetales exóticas para nosotros, como la vegetación de las selvas tropicales o la del Desierto de Sonora, los bosques de Eucalyptus de Australia, las praderas de Arizona, la tundra en la Patagonia o los manglares de Isla Margarita, en Venezuela.

También me permitió admirar paisajes espectaculares como los glaciares en los Andes, lo Geiseres del Tatio (Chile) a 4.300 m, las cataratas de Iguazú (Brasil), las pingüineras de Sudáfrica y de Chile o el Gran Cañón del Colorado. A la mayoría de estas excursiones, además de mi mujer, me acompañaron Mariano el chichas y su mujer. Al SW de EEUU se vino Miguel Párraga su hija y mi hijo.

Hacia finales de los 90, Cayetano García, gerente de Integral, me propuso hacer un libro de rutas por el Centro y Noroeste de la Región de Murcia. Fue un redescubrimiento de nuestro territorio. Una vuelta al inicio de los montañeros. Sentí que nuestros paisajes, a diferencia de los escenarios tan espectaculares que había contemplado en los últimos años, además de ser bellos, estaban vivos. Eran paisajes con alma, al evocar recuerdos y vivencias imperecederas.
El Salto del Usero es algo más que una “vaera” con una cascada. Era el lugar donde veníamos a bañarnos o de merienda. A la figura de la Peña del Castellar se le superpone la imagen de mis amigos encima de ella. En la Fuente la Higuera se me dibuja la silueta de Isabel y mía retozando en el suelo. En la cumbre de Revolcadores o del Pajarón percibo la imagen de Miguel Párraga satisfecho después de coronar la cima.
Con la entrada del nuevo milenio, e influenciado por el recorrido de los paisajes agrarios del territorio, me adentré en el campo de la Agroecología. En el marco de esta nueva ciencia promoví el CEAMA en Bullas, transformando unos bancales baldíos, en un centro para la educación y divulgación agroecológica, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Bullas y a la Asociación Integral. En 2005, en este mismo escenario, presentamos la Red de Agroecología de la Región de Murcia.
Paralelamente se celebró en Bullas el primer biomercado de la Región. En 2006, con el patrocinio de Integral y la colaboración del Ayuntamiento de Bullas, organicé la VII Feria Estatal de la Biodiversidad Agraria. Fue un auténtico éxito. No por mérito mío, sino por la inestimable implicación del pueblo de Bullas. Aprovecho esta ocasión para agradecer públicamente la colaboración directa y desinteresada de todas las personas que participaron en este evento.
En los tres años siguientes, con la colaboración del Ayuntamiento, pusimos en marcha Agrocultura Bullas. Este tipo de manifestaciones se han reactivado posteriormente con la celebración de Junio Verde y las Jornadas Campesinas (F 42).
A estas iniciativas hay que sumar la celebración, en 2008, del IX Congreso de SEAE,en el que participaron más de 300 personas, de diferentes países. Realmente todo un reto, ya que parecía imposible que un evento de estas características se pudiera organizar en un municipio de unos 11 mil habitantes. Bullas es hoy un referente a nivel nacional e internacional en el campo de la Agroecología.
Los últimos 20 años de la vida social de Isabel y mía han estado ligada a la Orquesta Fascinación. Todo comenzó con la reestructuración de la orquesta en 1977 . A la figura del Salva, Walter, Panocho y Manix, ya en la orquesta, se les une Paco “el Bayo”, como pianista y director de la orquesta y Mariano el Chichas. Más tarde hubo otras incorporaciones puntuales. Durante varios años la fiesta de los barrios fue el feudo de la orquesta.
Una de las iniciativas de la Peña Fascinación de los últimos años ha sido la de salir, el viernes de las migas, desde la plaza del Ayuntamiento hasta el recinto ferial, justo al finalizar el Tío de la Pita. Si no me equivoco es probable que estemos ante un fenómeno similar al de la Diana con los montañeros. Cada vez son más las agrupaciones musicales que se pasean por las zonas de ocio animando la noche del viernes de las migas. En el ámbito más interno organizamos numerosas actividades en donde cada uno da rienda suelta a sus dotes artísticas. La Peña Fascinación constituye en realidad un segundo hogar que compartimos con familiares y amigos.

En este pregón, si ustedes me lo permiten, quiero ir un poco más allá de los últimos 50 años de la historia de Bullas. Me preocupa y mucho el futuro inmediato al que nos enfrentamos. Nuestros jóvenes constituyen la generación mejor preparada de
la historia de nuestro país, con una elevada tasa de titulados universitarios. Sin embargo, más de la mitad de los personas menores de 25 años está en paro. Entre 2012 y 2015, abandonaron el país más de 300.000 jóvenes en busca de empleo. Un
80% de los menores de 30 años no consigue salir de la casa de sus padres.
Por otro lado, tenemos una generación de jóvenes extremada-mente individualistas. El 80% no pertenece a ninguna asociación u organización ya sea juvenil, cultural o deportiva. Han nacido en pleno boom tecnológico y tienen integrado internet en sus cerebros, dejando de lado la convivencia con otras personas. Las pantallas digitales  se han convertido en una prolongación de sus dedos.
Mientras, en el ámbito global, ocurren hechos realmente preocupantes que pueden desembocar en una tragedia mundial. En la política, las grandes potencias y no tan grandes, dirigidas por políticos con ansias de poder, autoritarios y sin escrúpulos, realizan gestos provocativos que pueden desembocar en un conflicto bélico. Los yihadista no sólo asesinan a sangre fría. También generan el miedo, el racismo y la xenofobia en la sociedad, que es lo que realmente buscan. El número de migrantes aumenta cada año. En 2016 se estimaban en más de 240 millones en el mundo. Esta tasa podría aumentar en unos 200 millones de refugiados ambientales en las próximas décadas como consecuencia del cambio climático. Y así otras muchas amenazas a la humanidad para las que no tenemos respuestas ni se aportan soluciones válidas.
Y es que, para afrontar seriamente los retos políticos, socioeconómicos, ambientales y alimentarios del siglo XXI se requiere una profunda transformación de la sociedad en general y de nuestros políticos en particular. Y de momento parece que no estamos dispuestos, ni preparados para hacer esta transición. De nuevo se requiere de una revolución que, como en los 60s, sólo los jóvenes y mujeres pueden llevar a cabo. Una canción de Bob Dylan, de 1964, decía:
Venid padres y madres alrededor de la tierra y no critiquéis lo que no podéis
entender. Vuestros hijos e hijas están fuera de vuestro control. Vuestro viejo
camino está carcomido. Por favor, dejad paso al nuevo si no podéis echar una
mano, porque los tiempos están cambiando.
Los tiempos de nuevo están cambiando. En EEUU ha nacido un movimiento de resistencia contra D. Trump, puesto de manifiesto en la Marcha de las Mujeres contra el presidente, que congregó en Washington a más de medio millón de personas, al día siguiente de su toma de posesión.
En América Latina, hace unas décadas, se inició un movimiento campesino con la finalidad de recuperar el control de la seguridad y soberanía alimentaria, en poder de grandes multinacionales. En los últimos años se han generalizado las
movilizaciones para frenar el cambio climático.
Nuestro viejo camino, como dice la canción de B. Dylan, está carcomido. Demos un paso atrás sino podemos ayudar, porque los tiempos están realmente cambiando. Creo que el municipio de Bullas no debe dar un paso atrás. Podemos y debemos participar de este nuevo movimiento, de esta nueva revolución que, en gran parte, vuelve a ser juvenil. El espíritu de los montañeros, del Club de la Juventud, de la Casa de la Juventud, debería recuperarse, para afrontar las amenazas actuales y las de un futuro inmediato.
Bullas es ya un municipio modelo en el marco de la Revolución Agroecológica. Nuestro pueblo fue uno de los primeros municipios estatales que, en 2006, se declaró libre de transgénicos. Son muchas las iniciativas que ya se han puesto en marcha en este campo y que han trascendido nuestras fronteras. Tenemos numerosos recursos agrarios, naturales y humanos con los que afrontar, de forma sostenible, el presente y el futuro inmediato de nuestros hijos y nietos.
No quiero extenderme más con un tema que quizás no sea propio de un pregón. Pido disculpas a los que pensabais escuchar uno distinto. Uno más centrado en las fiestas y en sus manifestaciones lúdico religiosas. Pero este es el pregón que de forma espontánea me ha fluido después de varias noches de insomnio. Porque los tiempos están cambiando y debemos concienciarnos de ello cuanto antes.
Pero, como la reflexión y la toma de conciencia no está reñida con la diversión, desde esta tribuna os animo a que participéis y disfrutéis de las fiestas que, con este acto, se da el pistoletazo de salida. Mis felicitaciones al Concejal y a la Comisión de Festejos, que hago extensivo a toda la corporación municipal, por el programa tan completo de actividades que han diseñado.
Quiero terminar ampliando los agradecimientos, dados al inicio del pregón, a todas las personas que han hecho posible que esté aquí hoy como pregonero. Porque si hoy estoy aquí es también gracias a mis padres, que me educaron y se sacrificaron
para que pudiera estudiar. A mi mujer y mis hijos que han estado a mi lado en todo momento, apoyando y compartiendo mis proyectos, ilusiones y utopías. A los numerosos amigos que me han acompañado a lo largo de mi vida y que han sido copartícipes de muchas de las iniciativas aquí expuestas.
En realidad, si hoy estoy aquí es porque son las fiestas patronales en honor a la Virgen del Rosario. Y yo, por una u otra razón soy su pregonero. Y como pregonero me corresponde decir en este momento: ¡Viva la Virgen del Rosario! ¡Viva las Fiestas de Bullas! ¡Que paséis unas felices fiestas. Muchas gracias por su atención.