GREGORIO L. PIÑERO SÁEZ

DELICIAS EN LA MESA DE LA HISTORIA

Cuando hace poco más de un año vi en un documental que se servía en la mesa de los reyes de España una sopa de acelgas, me vino a la memoria los platos que comían en nuestro Siglo de Oro los caballeros de exigua hacienda, en los comedores de las Órdenes a que pertenecían y a los que tenían derecho, y que abundaban por entonces, pues fue época de lances de fortuna y aventuras soldadescas, donde arruinarse era fácil.

Cuando hace poco más de un año vi en un documental que se servía en la mesa de los reyes de España una sopa de acelgas, me vino a la memoria los platos que comían en nuestro Siglo de Oro los caballeros de exigua hacienda, en los comedores de las Órdenes a que pertenecían y a los que tenían derecho, y que abundaban por entonces, pues fue época de lances de fortuna y aventuras soldadescas, donde arruinarse era fácil.

Aunque en la actualidad usamos la palabra “mogollón” como término identificativo de grandes cantidades o gran número de cosas, de mucho, en definitiva; su significado fue un adjetivo que identificaba a aquellos que no ganaban su sustento o vivían a costa de otros. A estos holgazanes o gorrones, que cuando acudían a la beneficencia de los conventos o  comían de sobras de comida de fondas y tabernas a cambio de trovos o canciones (entre ellos los tunos) se decía de ellos que vivían “a la sopa boba”, cuando eran caballeros de una determinada orden de caballería se les decía que comían y eran caballeros “de mogollón”, pues tenían derecho a las comidas gratuitas que en los comedores de las casas de tales órdenes se servían para sus caballeros más pobres. Comían pues “a mogollón”, es decir, con lo que pudiese el cocinero echar mano cada día para elaborar un plato caliente.

En este artículo y sucesivos, repasaremos algunos de aquellos platos de los “caballeros de mogollón”, a los que Quevedo siempre apelaba como solución en caso de ser desprovisto de sus bienes y hacienda como consecuencia de las satíricas obras que escribía (o le atribuían), como caballero de Santiago que era.

Entre uno de los platos más habituales estaba la sopa de acelgas, hoy real. Un plato verdaderamente sano y sabroso sobre todo si, como presentamos aquí, lo enriquecemos con unos toques. Veamos cómo confeccionarlo:

  1. INGREDIENTES:
  • Acelgas
  • Patatas
  • Ajo
  • Cebolla
  • Vino blanco.
  • Unas virutas de jamón.
  • Huevo cocido.
  • Aceite de Oliva.
  1. ELABORACIÓN:

En una olla ponemos a calentar aceite y, a fuego lento, doramos la cebolla y el ajo, muy picados. Cuando empiece a transparentar la cebolla, añadimos las patatas cortadas en trozos de bocado al chasquido y rehogamos. Añadimos unas virutas de jamón y, cuando esté crujiente, cubrimos todo con vino blanco. Dejamos reducir el alcohol y añadimos las acelgas bien lavadas y cortadas en trozos peqieños, sal y pimienta molida. Llevamos a ebullición y dejamos cocer a fuego lento. Cuando las acelgas estén blanditas, retiramos y apartamos, sirviendo con un huevo duro de refuerzo. Presentado en una escudilla de  barro queda muy aparente y de época. Y está exquisito.

  • Vino blanco.
  • Unas virutas de jamón.
  • Huevo cocido.
  • Aceite de Oliva.