JAIME PARRA

Fotografía: ELISA FE GARCÍA MONTOYA

«Aunque debería pararme, respirar, llenar mis mochilas literarias y tomarme un tiempo, porque han ido apareciendo casi de dos en novelas y libros de poesía en los últimos años, tengo, por supuesto, un poemario acabado y estoy empezando una novela”.

Pascual García, el escritor moratallero al que se rifan las editoriales, vuelve a las librerías con Estación de los besos incompletos (MurciaLibro) cuando aún se recogen palabras elogiosas de los críticos en los periódicos por su poemario Un hombre solo (La Fea Burguesía).

Pero como adelanta al principio de la entrevista, la inspiración no le deja soltar el lápiz y el cuaderno. Sabe también que su obra y, particularmente, los artículos de El Noroeste, se tratan “de una memoria fragmentada que he ido concibiendo desde hace unos años y que tal vez pueda interesarles no solo a mis hijos sino a los más jóvenes”.

Aún está promocionando Un hombre solo y ya tiene en la calle Estación de los besos incompletos, ¿ha simultaneado la escritura de los dos?

La verdad es que nunca tengo un plan previo y fijado de escritura. Ahora más que nunca escribo cuando me apetece y disfruto de este ejercicio, de manera que igual escribo poemas para un futuro y muchas veces improbable libro que ando enfrascado en la elaboración de un novela, aunque cada uno de estos dos libros responde a inquietudes muy diferentes. El poemario es la constatación de una experiencia única, que ocurrió cuando empecé a vivir solo por primera vez después de separarme, mientras que la novela propone un último camino en la alternativa afectiva que se me propuso hace unos años, una especie de apuesta sentimental que tuvo un final literario en este libro.

Recientemente firmó ejemplares en la Feria del Libro de Alicante, ¿qué opina del contacto con los lectores?

Yo creo que a los lectores hay que dejarlos en su soledad con el libro, esa liturgia casi religiosa del placer de la lectura. Si no eres una figura televisiva el conocimiento social suele ser muy restringido, aunque esto no me parece una merma para la calidad de la obra. Otra cosa es la experiencia casi teatral de permanecer un par de horas sentado en una caseta respondiendo a ciertas preguntas de la gente. Eso es muy satisfactorio siempre.

Su último poemario, Un hombre solo, apareció en La Fea Burguesía, Monólogo del que reza a la muerte, en Los libros de la frontera y ese último con MurciaLibro, ¿por qué ha confiado para esta ocasión en Francisco Serrano?

En su momento tanteé varias editoriales y la que mejor y más rápidamente respondió a mi requerimiento fu Murcialibro. Desde el primer momento Fran Serrano leyó con rapidez el original, mostró mucho interés y ciertas reticencias que pusieron otros sellos, para él no fueron significativas. Me dijo que le había gustado y que la publicaría tal y como se la había enviado a pesar de que era una novela larga y bastante compleja, pero que debía esperarme un año al menos. Debo decir que Fran Serrano es para mí uno de los mejores editores que conozco, si no el mejor. Apasionado de su trabajo, concienzudo, generoso, creativo y cumplidor. Y en efecto al cabo de un año ya estaba con el libro en marcha.

En tiempos de autoedición, ¿qué supone para usted que tantas editoriales decidan publicar su obra?

Para mí es un privilegio que nunca haya tenido necesidad de acudir a la autoedición, pero también resulta todo un logro y una virtud de todas estas editoriales, que no solo han confiado en mis libros sino que además han sabido ponerlos en el mercado y conducirlos hasta el lector.

La portada se construye a partir de una fotografía de Luis Santos Canales. ¿Qué destacaría de ella?

La clave de esa fotografía es una fuga, una perspectiva del túnel y de las vías y el enigma del final del viaje. Luis Santos Canales acertó de pleno con una foto que suponía toda una metáfora y que anunciaba la tensión dramática de un final inesperado. Parecía como si aquella imagen hubiese sido concebida para aquella historia.

¿Cuando entrega el manuscrito da por finalizado su trabajo?

Bueno, yo creo que una cosa es el trabajo literario y otra muy diferente la labor editorial que tiene la obligación de colocar los ejemplares del libro lo más cerca del lector y convertirlos en un producto deseable. En ese ámbito nunca me meto, a no ser que me pidan mi opinión.

Háblenos de Estación de los besos incompletos.

Se trata de un doble viaje hacia el exterior y hacia el interior, con muy pocas referencias de la realidad; tan solo que Úrsula, la esposa de Andrés, lo ha sorprendido en la cama de su propio dormitorio con otra mujer. La huida resulta inevitable, y unos días más tarde el hombre inicia un viaje en su búsqueda sin otros datos que el propio deseo de encontrarla y de recuperarla, aunque en el libro se suceden capítulos que relatan las sucesivas desavenencias sentimentales de la pareja protagonista, algunos relatos que nada tienen que ver en apariencia con la historia, pero que inciden en determinadas claves narrativas y el insistente, tenaz y monótono monólogo de Andrés.

En algunos cuentos o novelas como Solo guerras perdidas, se reconoce el paisaje moratallero.

Es posible que en esta última el paisaje interior haya borrado casi del todo el paisaje exterior, porque lo que va apareciendo no es más que un telón de fondo, como lo son los dos personajes con los que comparte el protagonista su departamento del tren. Bueno, donde Moratalla sí está muy presente es en sus artículos para éste y otros medios. Sí. Me ayuda a seguir en contacto con la gente de mi tierra, a que me reconozcan y a no desligarme del territorio primigenio que ha sido siempre el origen de mi vida y de mi literatura.