GLORIA LÓPEZ

Dice que no sabe que pudo ver su jefe en él cuando le propuso hace dos años hacerse cargo de la figura de Policía Tutor en Calasparra, donde es policía. Me imagino que sería lo mismo que yo la primera vez que lo vi subido al escenario de Educacción, un niño grande con aire de rockabilly. Serían su camisa de cuadros y sus patillas de Loquillo, serían sus zapatillas converses o su altura de pibot. O quizá fue su discurso ameno y pasional sobre la juventud y sus maneras de entenderla. Quizá fue esa creencia suya, firme y clara, de recuperar lo que la sociedad convierte en irrecuperable porque no tiene tiempo para entenderlos, quizá sería la idea de que no siempre lo que a sangre entra… entra bien.

Desde entonces lo sigo en todo lo que hace con y para los menores que tienen problemas, unos problemas que a veces son tan solo la falta de preocupación de un sistema que los convierte en delincuentes antes que en personas, en castigados antes que en enseñados, en adultos antes que en niños grandes. Aunque dice que no le gusta el feis, su último video sobre el covid-19 se ha convertido en más viral que el virus.

Se llama Sergio Ortega, tiene 39 años y es ceheginero, pero trabaja desde hace 15 como policía en Calasparra. Antes de ser policía tutor, el tiempo que le dejaban libres los turnos lo ha empleado en sacarse filosofía, título que supongo que le valdrá ahora, cual profesor Merlí, para ayudar a los que no entiendan las premisas de la vida que les ha tocado  vivir.

-¿En qué consiste la figura del policía tutor?

Es principalmente una labor de mediación entre todos los ámbitos que rodean a los menores que tienen problemas: escuela, servicios sociales y familia. Investiga sus conductas y que le llevan a ellas. Y por supuesto hacer un seguimiento de todo para ayudarles en lo que necesiten, desde una pregunta personal, un papeleo o un problema de lengua.

-¿ El policía tutor pertenece solo a Calasparra?

No, es una gran labor la que se está haciendo a nivel regional. Además mantenemos una relación fluida entre todos los policías tutores, en cuanto a información, reuniones y actuaciones.

-¿ Ha cambiado tu trabajo el estado de alarma?

Para nada. Seguimos trabajando  y ahora más. Nuestro teléfono atiende todas las llamadas sean a la hora que sean. Nosotros somos para los menores que normalmente asistimos sus confidentes, resolvemos sus problemas, los ayudamos en todo lo que podemos y no debemos desaparecer de un día para otro. Somos un referente y tenemos que mantenernos en esa posición. Este es un trabajo realizado día a día desde hace mucho tiempo y ahora no los podemos dejar abandonados. Normalmente los llamo o me llaman ellos a mi, los visito para ver si han realizado las tareas o si están bien. Ten en cuenta que suelen ser familias con más problemas sociales por su situación y no es el momento de dejarlos ahora solos.

-¿Y cómo los encuentras en esta situación?

Mejor que los mayores. Para mi, ellos son los grandes héroes de todo esto. No hay una sola llamada de atención a ningún menor en la calle, son los que menos se saltan el confinamiento. Mi hija de siete años no se queja y seguro que no le gusta, y le cuesta, pero entienden que no pueden salir… y no salen. Y ya está, no pasa nada.

 

Cuando todo esto pase, su trabajo será el mismo, las llamadas serán menos o quizá más, quién sabe. Pero lo que estoy segura es que el mundo será un lugar mejor, porque figuras como la suya hacen que todo aquello que solo está roto a la mitad pueda recuperarse con tan solo un poco de cariño. Y esos niños a los que hoy enseñan el camino que en algún momento desviaron los problemas de los mayores igual son mañana los hombres que salven nuevas generaciones.