José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz

Uno de los caravaqueños no nacidos en la ciudad ni fallecido en ella que, sin embargo, se desvivió a lo largo de su existencia por su promoción desde el exterior y también por su apoyo económico, fue Francisco Sabater Robles, hijo del fundador del Hotel Victoria, quien nació en Murcia en 1907 trasladándose a Caravaca siete años después, donde transcurrió su infancia y juventud.

Tras su formación en los colegios de las Monjas de la Consolación y los Frailes Carmelitas formó parte de la juventud progresista caravaqueña durante los años de la II República, junto a otros jóvenes como Sebastián Marín Espinosa (de la tienda de Los Jiménez de la C. Mayor), Rafael Nieto (del comercio de este nombre, en la C. del Colegio) Enrique López Sevilla y Julián Calvo, todos ellos simpatizantes del partido Acción Republicana que lideraba a nivel nacional Manuel Azaña. En el Hotel Victoria conoció a gentes vinculadas al mundo del negocio textil (en el que se inició muy joven), quienes le introdujeron de lleno en el mismo, montando en la ciudad un almacén de tejidos al mayor, que suministraba material al comercio local del ramo y a los cargueros del campo y pueblos del entorno geográfico.

Hizo el servicio militar denominado por cuotas, sistema muy habitual en la época, mediante el cual se pagaba una cantidad, o cuota, para que otro fuera a filas en su lugar. Razón por la que no pisó un cuartel militar en su vida. En plena guerra civil contrajo matrimonio con Mariana Nieto Navarro, hija del comerciante local Rafael Nieto, con quien trajo al mundo a sus tres hijos: Berta, Paco y Monse (la primera de ellas bautizada clandestinamente en Las Fuentes del Marqués por las prohibiciones que en materia religiosa dictó el gobierno de la República), marchando al terminar la contienda a Alicante donde abrió un almacén textil con el nombre de Arco Iris y la tienda La Porra, ambos muy conocidos entre la población alicantina.

El nombre de ésta se debió a la presencia ante ella de un guardia de la porra que en la puerta de la misma destacó el Ayuntamiento para evitar los continuos enfrentamientos entre revendedores y compradores que habitualmente se disputaban los géneros que en su interior se vendían, por su bajo precio. También se estableció en el barrio de S. Vicente del Raspeig, con una fábrica de confección de caballero que tuvo clientes en toda España.

Muy motivado por la falta de materias primas para el desarrollo de sus negocios textiles en la difícil época de la posguerra, se trasladó a Cataluña donde abrió dos fábricas de tejidos en Barcelona y Badalona: Hispánica Textil S.A. en aquella ciudad y Badalonense Textil S.A. en la segunda, además de diversos almacenes distribuidos en otras ciudades españolas.

En todos sus negocios atendió peticiones de caravaqueños y gentes del resto de la Comarca Noroeste, emigrantes a aquellas tierras en la década de los cincuenta, a quienes siempre atendió y a muchos de ellos colocó en distintos puestos de trabajo, bien en sus propias empresas o en otras de sus colegas. Su espíritu inquieto y emprendedor le llevó a participar en el desarrollo de la marca de deportes Dunlop en España, así como en la restauración del negocio de curtidos y pieles en Palma de Mallorca y otras ciudades, negocio que llegó a cotizar en las Bolsas de Madrid, Barcelona y Valencia. También se hizo presente en el sector inmobiliario e industrial, así como en las primeras explotaciones petrolíferas en nuestro país.

De manera totalmente altruista y anónima fue benefactor del Seminario de Teruel y cofundador de la facultad universitaria que, con el nombre de Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE), atiende a su alumnado en Barcelona. Aquella institución, que inicialmente se creó de la mano de los Jesuitas, con el tiempo pasó a ser gestionada por la empresa privada. Nunca dejó de pasar largas temporadas anuales en Caravaca y Moratalla.

En esta última localidad transcurría su tiempo de vacaciones cada año, en la finca propiedad de su mujer, en las inmediaciones de la Casa de Cristo. Benefactor, también, de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, fue uno de los principales impulsores económicos en la construcción de la actual Residencia del Camino de Mayrena, a la que obsequió con todo el ajuar textil necesario en la casa en el momento de su inauguración en los últimos años setenta, además de correr, durante mucho tiempo, con todos los gastos ocasionados con motivo de la cena anual de Navidad. Hermano de la Cofradía de la Vera Cruz, fue propuesto como hermano mayor de la misma por su primo el Dr. Miguel Robles Sánchez-Cortés, no pudiendo aceptar el cargo por culpa de la delicada salud de su esposa.

Con el tiempo cedió voluntariamente su parte de herencia en el Hotel Victoria a su hermana Julita, con la curiosa condición de conservar de por vida una habitación en el mismo cuando decidiera alojarse él o algún miembro de su familia (figura jurídica denominada Derecho de Habitación, como el de palco o de balcón aún vigentes en el Derecho Hispano, con posibilidad de inscribirse legalmente en el Registro de la Propiedad).

Ya anciano, y a pesar de los achaque en su salud, nunca le impidieron éstos faltar a su cita con la Santísima Cruz en sus días de Fiesta Mayor, obsequiando a la Patrona, junto a su hermana Julia, en costumbre familiar heredada de su padre, con una bandeja de flores cada vez que la carroza donde es trasladada procesionalmente pasaba por el Hotel Victoria, costumbre que esta última prosiguió hasta el cierre definitivo del establecimiento hotelero y traslado de su lugar de residencia.

Paco Sabater falleció en el Hospital Clínico de Barcelona en mayo de 1994 con 87 años, tras sobrevivir once a su mujer, dejando como herederos espirituales de los valores que animaron su vida a sus tres hijos, así como el virtual mandato de amar siempre a Caravaca y a la Santísima Cruz, voluntaria obligación interior que siempre presidió su vida y todos sus actos.