BASILIO PUJANTE CASCALES/@elsursumcorda

Tienen las autobiografías una tendencia hacia lo falaz. La mentira suele ser común cuando alguien recuerda en un libro su vida. En algunos casos se trata de episodios inventados que jamás ocurrieron; en otras ocasiones son merosOpen olvidos que, con el paso de los años, el autor se ve obligado a cambiar por la siempre efectiva ficción. Este carácter mentiroso implícito en el género se acentúa en el caso de los personajes famosos que deciden contar su vida en las páginas del libro. Por todo ello accedí a Open, las memorias de Andre Agassi que acaban de publicarse en España, con bastantes recelos y con cierta curiosidad. Este último sentimiento no estaba provocado tanto por mi interés por las intimidades del tenista estadounidense sino por el hecho de que escritores como Alessandro Baricco o Jesús Carrasco aseguraran que Open era un buen libro.

Tras leerlo puedo afirmar que estoy de acuerdo con estas opiniones, mediatizadas seguramente por intereses editoriales, y que se trata de una obra que se lee con interés y, en algunos momentos, con voracidad. Agassi repasa su vida desde su infancia hasta su retirada del mundo del tenis sin ahorrarse momentos íntimos y dolorosos. Como en toda buena autobiografía que se precie, en Open hay páginas confesionales; el deportista reconoce que consumió drogas y que mintió a las autoridades tenísticas para evitar una condena por dopaje. También se empeña en asegurar que siempre ha odiado el tenis. Este sentimiento se convierte en un mantra que repite durante todo el libro y que se explica por la dureza de sus entrenamientos infantiles. Los capítulos sobre sus primeros años son, como casi siempre en este tipo de libros, los más jugosos; su padre es descrito como un personaje agresivo y obsesionado en convertir a su hijo pequeño en un campeón. Esta meta le llevará a entrenarlo hasta la extenuación, a escatimarle cualquier muestra de cariño que pudiera ablandarlo e incluso a apostar (viven en Las Vegas) una gran cantidad de dinero en partidos en el que un Andre aún en categoría alevín se enfrenta a adultos.

Aprovecha Agassi el formato del libro para ajustar cuentas con la prensa, con las marcas publicitarias, que hicieron de él un icono mediático de los noventa, e incluso con su primera esposa, la actriz Brooke Shields, a la que se retrata como una frívola más preocupada por alternar con actores famosos que en escuchar las cuitas de su atribulado marido. Éste se presenta a sí mismo como una persona introspectiva, agobiada por su odio al tenis y por su imagen de rebelde, que se apoya en sus colaboradores (entrenador, preparador físico, agente) para superar las distintas crisis que vive durante su carrera. Finalmente encontrará un apoyo definitivo en la alemana Steffi Graf, madre de sus hijos y antagonista de Shields. Aunque no es un libro sólo sobre tenis, los aficionados encontrarán numerosas referencias a partidos, entrenamientos y opiniones sobre rivales, especialmente sobre Pete Sampras, del que se muestra siempre distante por lo radicalmente diferente de sus personalidades.

Sólo al final del libro, en los agradecimientos, reconoce Agassi lo que sospechamos desde el principio: que en la confección de Open ha sido ayudado por un escritor profesional, el premio Pulitzer J. R. Moehringer. Esta confesión no nos sorprende porque la mentira es un pecado venial cuando se trata de escribir tus memorias.