JUAN ANTONIO SÁNCHEZ GIMÉNEZ

Erase una vez un grupo cristiano que empezó a participar en las fiestas de la Santísima Cruz de Caravaca. Como otros tantos empezó desde la nada. Un grupo de adolescentes que en los sesenta, ayudados por los sanjuanistas decidieron plantar una semilla en una fiesta que se renovaba con vigor y que ahora, muchos de ellos desde el Cielo, miran con orgullo el fuerte roble en el que se convirtió aquella semilla. Erase la historia de un grupo que revolucionó los años sesenta y setenta por su vitalidad, estética, incorporar a la mujer a la Fiesta y realizar innumerables actos culturales. Un grupo que como todo colectivo humano ha tenido sus altibajos, pero como ave Fénix ha sabido bregar y salir airoso. Erase un grupo que afrontó los ochenta renovando su estética con un éxito incontestable, superó un enorme bache a inicios de los noventa y empezó a volar como nunca a partir la mitad de aquella década. Erase un roble que creció de aquella semilla y aguantaba con valentía las tempestades y el paso de las décadas porque a su vez sus semillas eran fructíferas. Y es que nadie podía imaginar hace poco más de veinte años todos los peldaños que este grupo iba a ascender; una sede en propiedad en pleno corazón de la fiesta, un grupo de damas cristianas que son un tesoro en sí mismas y un grupo infantil que es la semilla presente y que de fructificar en el futuro hará florecer este roble con un vigor sin igual.

Pero lo más importante dentro de toda esta historia es la gente que la ha hecho posible. Navarros de ayer, de hoy y de siempre. Gente que se fue, que está y que está por llegar. Gente que no desfila pero que lleva a este grupo en su corazón. Personas que con sus vivencias han hecho que esto sea posible. Cada uno a su manera, guarda un recuerdo especial íntimo de todos estos años, de esas vivencias. No hablo exclusivamente de los desfiles, voy más allá. Me refiero a esos pequeños rituales y pequeñas tradiciones como navarros o de esas sensaciones únicas irrepetibles; la camaradería en el montaje de camas y en el arreglo de la sede; la merienda del día 1 en nuestra sede, cuando abundan los abrazos y saludos emocionados entre personas que no se han visto en mucho tiempo; esa cuadrilla que se cita a las 6 de la mañana para ver vestir un caballo el amanecer de la mañana de Caravaca el olor a la malla cuando nervioso uno se viste en el amanecer del dos de mayo al son de la cohetería; La campanera al salir de la sede, momento que yo en lo personal calificaría como poco de mágico; el componente que ha desfilado de en un tiempo pasado y por fin después de muchos avatares pasados en la vida vuelve a las filas; el que nunca lo ha hecho y se incorpora al grupo con la ilusión de un niño con zapatos nuevos; los sonidos de cuando empieza la banda a tocar en la calle Pocico en la calle en la tarde del 3 de mayo y como caja de resonancia empiezan a crujir las cadenas de nuestros escudos. ¿Qué decir de ese orgulloso padre que viste por primera vez a su hijo para el desfile infantil?. ¿Y del que desfila ya con él o con ella en el grupo de damas y caballeros?. Hablemos también de parejas y familias que salen al completo en el grupo, o de parejas que incluso se formaron en el seno del mismo. ¿Qué más se puede decir de esa vivencia?. ¿Y de nuestra comida del día 4 de mayo con los actos conmemorativos que realizamos cada año?. ¿O del nerviosismo de la salida del desfile?. Todavía recuerdo con alegría, por mencionar algún momento concreto, la expectación en el arranque del desfile del día 4 de 2008 por ver como la sonaba Caballeros de Navarra interpretada por la banda de gaiteros que habían contratado las navarras, estallando los presentes en ese momento con una sonora ovación.
Sería imposible seguir, pues cada navarro podría llenar páginas enteras de sensaciones y emotivos recuerdos que a buen seguro muchos de ellos les aparecerán al leer estas líneas. Todas y cada una de las experiencias acumuladas de trabajo, participación, amistad, camaradería e ilusión han hecho que este roble ya cincuentón siga en pie orgulloso, valiente y sano a pesar de la zozobra de los difíciles tiempos que corren y que vea con esperanza como esas nuevas semillas crecen lenta, pero decididamente.
Porque es para nosotros un inmenso honor seguir engrandeciendo las fiestas de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca y estamos profundamente agradecidos por el cariño recibido en estas cinco décadas por nuestro pueblo les deseamos a todos que pasen estos días plenos de alegría y felicidad.