DIEGO JESÚS BOLUDA/concejal de Educación, Seguridad, Cultura y Patrimonio Histórico

Mula, década de los años 20.

Pero del siglo pasado.

Hace apenas unos años en Mula se empezaba a proyectar lo que se conocía como cinematógrafo. Una especie de fotografías que, una tras otra, lograba hacer una especie de magia que conseguía convertir una imagen estática en una imagen con movimiento, con vida. El cine, inventado a finales del XIX, había llegado, para quedarse.  Concretamente, fue en 1898 cuando en Mula se realizaron las primeras proyecciones de cine, siendo este municipio de los primeros en la Región de Murcia en ofrecer cine y así ha venido haciéndose de forma prácticamente ininterrumpida hasta la actualidad.

Eran tiempos de personajes nunca vistos, de imágenes que se movían a un ritmo acelerado, en blanco y negro y carentes de cualquier tipo de sonido. Este primer cine mudo lograba agrupar a decenas de personas que contemplaban maravilladas este nuevo arte que acababa, prácticamente, de nacer.

Hans Zimmer, Ennio Morricone o John Williams son solamente algunos de los compositores cuyas bandas sonoras originales engrandecen, llenan de emotividad, sentimiento y vida las diferentes escenas de un film pero, antes de ellos, muchas personas anónimas, con un grado de creatividad e improvisación brutal, fueron las encargadas de poner sonido donde no lo había, de crear tensión, suspense, tristeza o paz dependiendo de la imagen que en ese instante, en el momento, pasase por delante de sus ojos.

Y es este hecho el que hoy nos ocupa. Hace apenas un mes hemos tenido la fortuna de recuperar para el Patrimonio histórico y musical de Mula un testigo sublime de estos años de cine mudo. Un piano de la marca Weber, datado en la década de los años veinte del siglo pasado, que se utilizaba en las proyecciones del recién construido “Cine del centro”, actual teatro Lope de Vega de Mula.

El piano en cuestión se trata de un instrumento construido por la prestigiosa compañía neoyorquina “The Aeolian Company”, conocida por la fabricación, en su origen, de órganos y pianos automáticos y que conservaba la patente de la pianola. En 1903, su dueño absorbió algunas compañías punteras en la fabricación de pianos y pianolas, siendo la londinense Weber la más destacada de ellas. A partir de este momento, en torno a 1918, se construyeron por W. Tremaine, una serie de pianos y pianolas bajo la misma marca y diseño. Serie a la que pertenece nuestro protagonista.

Este histórico piano ha sido propiedad de la familia Botía. Maruja Botía, hija de la propietaria original, ha tenido el gesto y sensibilidad de donarlo al municipio de Mula, en concreto al lugar donde “prestó” sus servicios hace un siglo, en el actual Teatro Lope de Vega. Según nos trasladó, este piano perteneció a su madre, la cual era profesora de piano y que, en multitud de ocasiones, hacía las veces de músico que acompañaba, bajo improvisación, durante las reproducciones cinematográficas cuando estas eran mudas. Así mismo, en otras ocasiones, colaboró como pianista cuando alguna compañía de zarzuela, revistas o variedades hacían parada en Mula para ofrecer hermosos espectáculos a los muleños y a las muleñas.  Una vez casó, en los primeros años de la década de los años treinta, se trasladó junto a su marido a la ciudad portuaria de Cartagena, llevándose consigo este bello instrumento musical, permaneciendo allí hasta hace un mes, que regresó a Mula.

Sin duda, Mula atesora otro elemento histórico más que viene a enriquecer y enaltecer el patrimonio cultural del municipio. Desde ahora, el piano está expuesto en la entrada del Teatro Lope de Vega para que todos los ciudadanos puedan verlo y disfrutarlo. Sirvan estas últimas palabras de agradecimiento de todo el pueblo de Mula hacia Maruja Botía y familia y, en especial, de recuerdo y profundo reconocimiento a esta músico muleña, hasta ahora anónima, cuyo trabajo en la España de los años veinte, como mujer y profesional con responsabilidad, son muestra a destacar de la valía que bien merecía este delicado y complejo puesto.