GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Hay mujeres cuya libertad estorba a los hombres, que ven peligrar la suya, y molesta a las demás señoras, que envidian lo que a ellas les falta. Una libertad que a muchas les cuesta la piel a tiras en la plaza pública del pueblo, pero que aún sabiéndolo, se las dejan arrancar. Porque vale más su cuerpo libre que su alma enjaulada, aunque sea sin piel. Porque vale más su vida vivida quLupe Véleze las otras imaginadas.   Eso le paso a Lupe Vélez, que ni discreta ni pudorosa, paseó sus jaranas sentimentales por el moralista Hollywood de los años 20 y desafió con descaro a sus manejadores.

Guadalupe Villalobos Vélez nació en México más o menos en 1908. Hija de una soprano y un militar, su madre la envió a estudiar a un colegio de monjas en  Texas, pero tuvo que abandonarlo muy pronto para ayudarla económicamente.  En su trabajo la descubriría Hal Roach y se la llevó a Hollywood.  Después de filmar algunos cortos consiguió un buen papel en la película «El gaucho» (1927)  y a partir de ahí comenzó su período más importante como actriz. Su belleza pero sobre todo su explosiva personalidad la convirtieron muy pronto en una estrella.

Como todo tiene un pero, la parte mala de nuestra amiga era precisamente ese carácter que la hacía irresistible para las masas. Estuvo locamente enamorada de Gary Cooper, romance que acabó por sus continuas peleas, tan sonadas que los mandamases del cine decidieron enviar al galán a Europa, para evitar que su brillante carrera fuera estropeada por tanto lío. En 1933 contrajo matrimonio con Johnny Weissmüller, el primer Tarzán.
La relación fue apasionada, violenta y excesiva. Pero el Tarzán que dominaba a los gorilas no supo domar a esta mexicana explosiva. Cinco años les duró el combate. Después se separaron dejando un reguero interminable de trifulcas públicas.

Los nuevos talentos empujaban hacia arriba, Hollywood la fue relegando al olvido y entró en un estado de depresión que la condujo al alcohol y las drogas.
Y entre tanto vicio, en esos Hollywood no puede primar otra figura amorosa que no sea el triangulo. La diva mexicana vino a quedarse embarazada de Ricardo de Córdoba mientras mantenía una relación con un gigoló medio francés, Harold Ramond. Como Ricardo estaba casado, este, para enredar más el asunto, le propuso a Lupe un plan descabellado: que se casase con el otro. Ramond aceptó… pero se ve que ellos llevaban su acuerdo: Lupe los encontró una noche en la cama haciendo malabares.  Decidió entonces que a sus 36 años ya había visto bastante.   

Pero claro, ella era una estrella y no iba a hacerlo de cualquier manera. “El 13 de diciembre de 1944 Vélez organizó una “última cena” a la mexicana y se inmoló como una diosa azteca; montó en su habitación un santuario con velas, flores y se tragó de un tirón 64 pastillas de seconal”.  Y el plan, como tantos otros, vino a arruinarse a la mexicana en el último momento. El escenario se desmontó cuando la asistenta abrió la puerta y no la encontró en la cama, sino en el baño y con la cabeza en la taza. El exceso de comida y bebida ingerida durante la cena hizo reacción con los tranquilizantes y a medianoche medio atontada se dirigió al baño y resbaló, dándose en la cabeza con el lavabo y cayendo inconsciente en la taza. Allí murió ahogada.

Desde luego, consiguió parte de su propósito. Salió en todas las portadas.

“Lupe Vélez dijo adiós a este mundo con el olor de los jacintos, gardenias y orquídeas, como la niña buena y devota de la Virgen de los Dolores: ¡Arrodíllate, pecadora!”.