José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la Región de Murcia

Una de las familias o clanes familiares que han merecido el reconocimiento social local a lo largo de la segunda mitad del pasado siglo, y con méritos propios mira al futuro sin ningún tipo de escrúpulos ni complejos, es la de Los Mané, vinculada a la actividad económica del calzado, aunque con ramificaciones diversas en la actualidad, en las más variadas direcciones.

Pepe, padrino de su hija Fina

Pepe, padrino de su hija Fina

Los fundadores del clan fueron Manuel Sánchez y Antonia Castillo, aquel guarnicionero de profesión, instalado frente al antiguo Casino, en la calle del pintor Rafael Tegeo, y ésta regente de una casa de comidas en la antigua Posada de la Compañía (que vino funcionando durante muchos lustros en el espacio físico de la vieja iglesia de los Jesuitas). Manuel, en su niñez, con la media lengua que caracteriza el lenguaje infantil, decía llamarse Mané, lo que explica el sobrenombre que ha llegado a nuestros días como apodo cariñoso y popular de la familia.

Pepe, en el Círculo Mercantil

Pepe, en el Círculo Mercantil

Manuel (Mané) y Antonia, tuvieron dos hijos: Pepe y Paco, quienes siguieron la tradicional ocupación paterna de la guarnicionería, trabajando en el taller paterno en la fabricación de elementos relacionados con el ajuar de los animales domésticos dedicados al cuidado de la tierra: bozos, jalmas, cinchas, frontiles y todo lo que el lector pueda imaginar que daba de sí una ocupación floreciente antes de que la maquinaria agrícola desplazara a los animales en el trabajo del campo. La actividad laboral era constante, pero aumentaba considerablemente durante los días de las dos ferias que, anualmente, se celebraban en la ciudad, en primavera y otoño, en las que se daban cita entre 10.000 y 15.000 cabezas de ganado caballar, mular y vacuno, cuyos dueños aprovechaban para renovar el ajuar o suplir las piezas deterioradas. El cuero para la fabricación de dichas piezas era suministrado por curtidores de pieles de Lorca y por la casa Fortunato López Lobejón,de Madrid.

Al casarse, los hijos Pepe y Paco, acabaron estableciéndose por su cuenta aunque dedicados a la misma actividad comercial, que con el tiempo derivaría en ambos casos en la fabricación y venta de calzado. Primero como alpargaterías y luego como zapaterías. Paco abrió tienda en El Pilar, donde concluyó sus días sin sucesión. Y Pepe en la C. del Santísimo y casa de Paco Pozo, donde se instaló tras contraer matrimonio con Carmen Robles Guerrero (de la familia de Los Elías), y donde nacieron sus dos hijos mayores: Fina y Antonio (fallecido prematuramente).

Hacia 1931, Pepe cambió la ubicación urbana del negocio a un espacio más amplio en Rafael Tegeo, donde hasta entonces abría sus puertas la Confitería de Caridad Rodríguez, donde tuvo tienda y casa en la que nacieron los tres hijos restantes: Manuel, Carmina y Antonia, muy cerca del actual emplazamiento del negocio de calzado existente en la actualidad.

A mediados de los años cuarenta comenzó la transformación del negocio de guarnicionería en zapatería, primero fabricándose albarcas, esparteñas, alpargatas de suela de cáñamo y zapatillas, simultaneando la venta con la fabricación de hilados de cáñamo, en fábrica que Pepe abrió en la calle Carreras Altas.

Pepe Mané

Pepe Mané

Cuando el zapato comenzó a abrirse camino en el mercado del calzado, desplazando a la alpargata en los pies de las clases sociales populares, Pepe contrató como empleado a Juan Sánchez García quien, por un jornal de 12 pts. diarias, se ocupaba de reparaciones tales como reposición de medias suelas, tapas y tacones, que compatibilizaba con el tapizado de sillas, sillones y sofás.

En 1955 Pepe abandonó todo lo relacionado con la fabricación y se dedicó a la zapatería tal como hoy la concebimos, ayudado por su mujer, Carmen y sus hijos Manuel y Antonia, en el emplazamiento que actualmente conocemos con el nombre de Calzados Mané.

El verdadero patriarca del clan familiar fue Pepe, hombre activo y dinámico que compatibilizó sin problemas su actividad comercial con otras actividades paralelas de servicio público. Fue concejal y teniente de alcalde (al concluir la Guerra Civil), con los alcaldes Antonio Guerrero Martínez y su sucesor Manuel Hervás Martínez, encargándose en ambos casos de los temas relacionados con el agua. También tras la Guerra, y con otros compañeros, reabrió la Sociedad Círculo Mercantil (a la que consideró su segunda casa), en su nueva fase de existencia, ubicándola en la Pl. del Arco (donde hoy se encuentra), en edificio de Pepe Robles, que acabó adquiriéndose en propiedad en tiempos como presidente de la misma de Emilio Tudela. Fue presidente en varias ocasiones y etapas, siendo sucedido por el abogado Luís Carrasco y posteriormente por Joaquín Sánchez Guerrero, Cirilo e incluso por su hijo Manuel entre otros muchos.

También fue compromisario por Murcia en el Congreso Nacional de Hermandades de Labradores celebrado en Madrid en la década de los cuarenta y, con otros, fundador de la cofradía pasional de Nuestra Señora de los Dolores (los más que populares Azules) en 1940, en la que se alistaron, entre otros, Antonio Reinón, José López Abad, José Pastor, Pepe Luís Melgares Bolt, Alfonso el Caillo, Juan Miguel Guerrero, Rosendo López Bolt, Juan Aznar y Perico el Alto.El lector habrá percibido que la mayoría de ellos fueron, pasados los años, los fundadores de la cábila mora Abul-Khatar, una de las células originarias de la reconversión, en 1959, de las actuales Fiestas de la Cruz.

Así mismo, Pepe Manéfue tesorero de la Junta Representativa de la Cofradía de la Cruz, en tiempos del Dr. Miguel Robles Sánchez-Cortes y del empresario José Abril como Hermanos Mayores de la misma ocupándose, muy activamente, de las colectas que la Institución llevaba a cabo durante la recolección de los productos agrícolas en el campo y también de la reorganización del popular festejo de la Retreta,popular festejo ya desaparecido del marco temporal de las fiestas de la Cruz, cuya celebración tenía lugar durante la tarde-noche del cuatro de mayo.

El patriarca del clan familiar de los Mané falleció, víctima de un derrame cerebral, el 28 de junio de 1965 cuando contaba con 68 años de edad. Pero murió con la satisfacción de haber visto y disfrutado en vida del fruto de su trabajo, a los hijos encaminados en la dirección que él pensó para ellos, y sabedor de que toda una saga de Manés, multiplicada con el paso de los años, haría honor a su nombre, situándolo entre uno de los referentes sociales y comerciales de la generación con que concluyó el S. XX y dio comienzo el XXI.