JOSÉ ANTONIO MELGARES GUERRERO/CRONISTA OFICIAL DE LA REGIÓN DE MURCIA

El primer jubileo de que tenemos constancia documental data de 1579, fecha en que se conceden indulgencias plenarias por el papa Gregorio XIII a quienes, en las debidas condiciones, visitasen la capilla de la Vera Cruz. La concesión (según documento del Archivo Municipal, de 2 de febrero del citado año), fue anunciada al pueblo por el pregonero público municipal Juan García, quien se hizo acompañar del sonido de trompetas para su cometido. Posteriormente hay noticias de otro jubileo en 1583, en el que participó San Juan de la Cruz, y de un tercero en 1592, además de otros generales o parciales vinculados a la concesión de indulgencias ocasionales.

Juan Marín, Hermano Mayor.

Juan Marín, Hermano Mayor

Hay que señalar al llegar hasta aquí que los términos sinónimos “Año Jubilar” y “Año Santo”, se imponen en la terminología relacionada con el tema muy avanzado el S. XIX, incluso en el caso del compostelano, el más popularmente conocido en España. Hasta entonces se hablaba de concesión de indulgencias, de la “gran perdonanza” o de “períodos de perdón” simplemente.

Con motivo de un reportaje de NO-DO, sobre el Año Santo Lebaniego, emitido en 1980, el cronista que esto escribe sugirió al Hermano Mayor de la Cofradía de la Stma. Cruz, a la sazón Juan Marín Fuentes, que acababa de iniciar su segundo mandato al frente de la misma, organizar en Caravaca algo parecido con la Stma. Cruz como protagonista, y con motivo del 750 Aniversario de la Aparición de la Reliquia en la ciudad.

La demostrada receptividad y denodado amor a la Sda. Reliquia de dicho Hermano Mayor, junto a la ayuda de su hermano, el P. José Marín, carmelita descalzo con destino el Carmen de Ibiza, posibilitaron las oportunas gestiones ante la Sta. Sede para la obtención papal del “Jubilar 1981”, primero de la era contemporánea, concedido por Bula Apostólica de 2 de enero. El documento pontificio fue conocido en Caravaca, vía Secretaría General del Obispado de Cartagena, el 22 siguiente. Atrás quedaban muchas dificultades y zancadillas que no vale la pena recordar. Mucho ninguneo de la jerarquía diocesana y mucho trabajo de los miembros de la Junta Representativa ayudados por Miguel Álvarez Pérez-Miravete, quien fue el interlocutor con las autoridades vaticanas por su conocimiento del idioma italiano.

El Año Santo de 1981 se inauguró la tarde del sábado 31 de enero, con una concelebración eucarística presidida en la lonja del Castillo por el obispo diocesano Javier Azagra Labiano y con la presencia de las primeras autoridades provinciales junto a los alcaldes de toda la comarca Noroeste encabezados por el nuestro: Pedro García-Esteller Guerrero.

Desacuerdos entre la Cofradía y el Ayuntamiento motivaron que no clausurara aquel jubilar el Hermano Mayor que lo inauguró, quien dimitió como tal en el Cabildo Ordinario del mes de junio, sino su sucesor José González Martínez.

El éxito de aquel Año Santo se repitió en 1996, tras la obtención del mismo por el Hermano Mayor Francisco Sánchez Martínez (Paco Pim), el cual fue concedido por el Obispo Diocesano Javier Azagra (según las nuevas disposiciones en vigor que facultaban a los obispos a autorizar años jubilares en sus respectivas diócesis) El Decreto de concesión lo firmó el Obispo el 12 de abril de 1995 y se inauguró el 7 de enero siguiente en ceremonia celebrada en el interior del entonces Santuario, presidida por el mismo prelado, con asistencia del Presidente de la CARM Ramón Luís Valcarcel Siso. Aquel período de perdón jubilar fue clausurado en la lluviosa mañana del 19 de enero de 1997, siendo Hermano Mayor el mismo Francisco Sánchez quien, tras el éxito alcanzado, comenzó las gestiones para solicitar e la Sta. Sede la institucionalización del mismo.

A vueltas con las andadas, como en 1981 no fueron pocas las dificultades que hubieron de soslayarse, pues los silencios y las demoras se hicieron poco menos que inaguantables. Por fin, en la tarde del 11 de febrero de 1998, el propio Obispo Javier Azagra, a punto de concluir su pontificado, se trasladó personalmente a Caravaca, y reunida la Cofradía, el Ayuntamiento y los hermanos que así lo desearon en la Sala de Cabildos, comunicó solemnemente la concesión por la Santa Sede del “Año Jubilar in perpetuum”, a celebrar cada siete años, a partir de 2003. Era Hermano Mayor Antonio Caparrós Bravo, Alcalde Antonio García Martínez- Reyna y capellán del todavía Santuario Pedro Ballester Lorca. Todas las campanas de la ciudad repicaron a la vez durante aquel atardecer invernal, comunicando así la noticia al pueblo, como las trompetas y el pregonero anunciaron el primer año santo de que tenemos constancia documental, el 2 de febrero de 1579.

Las celebraciones de los jubileos de 2003 y 2010 las tenemos aún frescas en la memoria. Aquel se celebró durante el pontificado de Manuel Ureña Pastor y este durante el de José Manuel Lorca Planes, siendo hermanos mayores Pedro Guerrero Quadrado y José Luís Castillo Guerrero respectivamente. En ambos casos era alcalde Domingo Aranda Muñoz, Vicario Episcopal Alfonso Ortiz Martínez y capellán de la ya Basílica Pedro Ballester Lorca. Por la cercanía en el tiempo de una y otra celebración, y por la limitación de espacio que se me impone, invito al lector a llevar a cabo un sencillo ejercicio memorístico para acabar esta crónica sobre los años jubilares de la Cruz de Caravaca con sus propias experiencias y vivencias.