María Marín Martínez

Portavoz regional de Podemos

La situación del Hospital del Noroeste está llegando a cotas inasumibles. El personal del centro está manifestándose periódicamente, exigiendo las inversiones y el personal necesario. Los sanitarios denuncian que no cuentan con las infraestructuras ni con una plantilla suficiente para atender correctamente al número de pacientes diarios. Las listas de espera, como en toda la Región de Murcia, constituyen un auténtico escándalo y un grave riesgo para los usuarios del Área IV, la correspondiente al noroeste. De media, una intervención de cirugía general se demora en 55 días. Para una operación ginecológica, el plazo es mayor. Según los datos de la Consejería, las consultas externas tienen un plazo de espera de casi 60 días. Dos meses para que un especialista pueda detectar una posible enfermedad. Para poder asistir a rehabilitación en el área del Noroeste, el tiempo es superior también a los 60 días de espera. Los profesionales de la medicina están advirtiendo que esta lentitud a la hora de atender a los pacientes provoca unas cotas de infradiagnóstico o de diagnóstico tardío que, en demasiadas ocasiones, puede resultar fatal. Todo ello en un hospital que espera desde hace años su ampliación y cuyos profesionales denuncian la falta de un 25% del personal en Atención Primaria o Rehabilitación. En otros servicios, como Microbiología, directamente no se ha cubierto ninguna plaza.

Cuando la pandemia asoló nuestro país, parecía que el drama tendría alguna consecuencia positiva. “Saldremos mejores”, decían entonces en todas las tertulias. Cada día, a las ocho de la tarde, los balcones de toda España se poblaban de vecinos y vecinas que, con su aplauso, reconocían la labor de sanitarios, personal esencial como las cajeras de supermercados, docentes que estaban dejándose la imaginación para adaptarse al “telecole” y un largo etcétera. También existía la sensación de que había quedado claro que los países con sistemas públicos fuertes aguantaban mejor esta crisis que aquellos países en los que si no cuentas con seguro, puedes morir en la puerta de un hospital. Nadie hubiese osado a recortar en sanidad. ¿Nadie? Bueno, eso creíamos hasta que López Miras presentó, en pleno confinamiento, unos presupuestos que contenían, entre otros disparates, un recorte encubierto en la inversión sanitaria. Mientras que Europa y el Gobierno de España regaban la Región con cientos de millones de euros para reforzar el sistema público sanitario, López Miras prefería dedicarse a confrontar con Pedro Sánchez, asistir a tertulias televisivas y dedicar esos fondos a “otros asuntos”. En total, más de 400 millones que nadie sabe dónde han ido a parar, pero que no han sido destinados a la contratación de más personal sanitario ni docentes. Tampoco a mejorar las infraestructuras de nuestros hospitales, centros de salud o consultorios.

La alternativa a una sanidad pública desmantelada no es la sanidad privada. Es el abismo. Desde hace décadas, España ha contado con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Algo tendrá que ver con el hecho de que nuestro país sea de los que cuenta con una esperanza de vida más alta. Y la población lo sabe: aquí nadie muere por no tener seguro médico o recibe una factura exigiendo que abone miles de euros por un ingreso hospitalario. Pero cada recorte en la sanidad pública es una agresión a ese modelo, una invitación a acudir a la privada para que, quien pueda permitírselo, esquive las listas de espera. Y un incentivo a la despoblación de los núcleos rurales, ya que los hospitales comarcales se están vaciando de especialidades. Los recortes de López Miras son, por tanto, un robo a los ciudadanos y ciudadanas del noroeste y una invitación a que sus municipios se queden desiertos. En las próximas elecciones, las papeletas deberían incluir una advertencia: El Partido Popular perjudica seriamente a la salud. Así al menos nadie podrá decir que no estaba avisado.