JOSÉ MARQUÉ

Han llegado a echarme en cara que lea clásicos, como si ello supusiera una actitud de soberbia por mi parte. «No todo el mundo es tan privilegiado como tú», me comentan. «Hay gente que llega muy cansada a casa y no tiene la cabeza para leer el Quijote.» Es impresionante la obra del famoso hidalgo, y también esta concepción elitista de los clásicos que algunos, por desgracia, cargan con pena. Clásicos hay muchos, unos más extensos que otros. Según tu nivel y tu formación, te parecerá más o menos fácil la lectura. Son más extensos que un mensaje de WhatsApp, pero no por ello son elitistas. Para mí el problema está en rendirse, en creer que solo los ricos pueden acceder a cierto tipo de literatura cuando, en realidad, la cultura es una forma extraordinaria de igualarnos e incluso situarnos sobre los niños de papá que nos miran por encima del hombro, si es que eso es lo que se pretende. Yo no creo que la literatura tenga un propósito, como tampoco la vida, pero uno escucha tantas cosas… Ya solo me falta oír que la obra de Galdós, García Márquez, Shakespeare, Borges o Dickens es fascista. En la próxima dictadura, el caudillo de turno nos obligará a leer.