José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Región de Murcia

El Ayuntamiento de Caravaca ha hecho público, a través de las redes sociales, su voluntad de remodelar un emblemático lugar urbano, en su interés por preparar la ciudad ante la llegada, ya inminente, del Jubilar “2024”. Se trata de la denominada Plaza de San Juan de la Cruz, antiguo espacio urbano donde durante lustros se ubicó la “Cruz de los Caídos”, por cuyo topónimo aún se recuerda entre muchos el lugar en cuestión.

Plaza de San Juan de Caravaca de la Cruz en la actualidad

Desconozco cómo era este sitio hasta después de la guerra civil, tiempo en que, como he dicho se erigió, como en todos los pueblos y ciudades de España, con mayor o menor lujo o dispendio de gastos, la “Cruz de los Caídos”, urbanizándose por primera vez un especio que hasta entonces no era sino sitio de paso que nunca se caracterizó por su personalidad, en el contexto urbano del Barrio del Carmen donde se ubica.

Fue en 1942, en tiempos del alcalde Antonio Guerrero Martínez cuando se decidió la primera intervención urbanística del lugar, para construir el monumento funerario aludido, dedicado a los fallecidos durante la contienda civil que, en Caravaca y en los demás lugares, nunca asumieron como suyo quienes pertenecieron o simpatizaron con el bando republicano de aquella.

La Cruz de los Caídos, espacio urbano al que ya me referí en las páginas de este semanario (EL NOROESTE  Nº 346. 25 de julio-1 de agosto de 2009), conformó un espacio cuadrangular con predominio del color gris, a mayor altura que el resto, con fuentes, abundante decoración floral y cuatro farolas en sus esquinas (a manera de cirios). Era un verdadero monumento funerario al que imponía acercarse, por lo que la mayor parte de la población no solía subir, esquivando pasar por su superficie en el recorrido callejero.

Desde su inauguración el 18 de julio de 1943, hasta 1975, aquel espacio no sufrió alteración alguna. Sin embargo a partir de la última fecha, durante el mandato como alcalde de Mariano Rigabert Girón (último alcalde franquista, como se sabe), la cruz comenzó a ser contestada por parte de la sociedad local, produciéndose el primer acto vandálico contra la misma, cuyos gastos de reparación fueron asumidos por el propio Ayuntamiento.

En 1986 se colocó en su recinto la escultura de S. Juan de a Cruz (para conmemorar el IV Centenario de la fundación carmelita en la ciudad), siendo alcalde Pedro García-Esteller Guerrero (la escultura, obra como también se sabe, del escultor Rafael Pí Belda, fue costeada por una “Junta-Homenaje” que fue presidida por Luís Fernando Álvarez Pérez-Miravete), y concejal de obras Joaquín Sánchez-Guerrero Sánchez. La figura escultórica fue ubicada en un lateral del espacio cuadrangular, mirando hacia la carretera, sin entorpecerla visibilidad de la Cruz. Sin embargo ésta, durante una noche fue derribada anónimamente, aprovechándose la ocasión para no restituirla, reordenando el espacio y colocando la imagen del Santo Carmelita en el lugar donde hasta la fecha se puede apreciar, recuperándose el espacio para la ciudadanía, ya carente de sentido y aspecto funerario que tuvo durante más de cuarenta años. Fue entonces cuando perdió su antigua denominación comenzando a denominarse con la que hoy conserva.

La Cruz de los Caídos, lugar que va a ser reorganizado en breve, fue, si embargo, sitio de referencia social durante casi medio siglo, ubicándose en su entorno comercios tan emblemáticos como la tienda de comestibles del “tío José Izquierdo” (D. José Martínez Valdivieso), y la de tejidos de “Ajote”. La casa del industrial zapatero “Tomasín”, la nunca terminada del todo de “Mateo el de la Pesquera” (recientemente demolida), el Colegio “Niño Jesús de Praga” (de los PP. Carmelitas Descalzos), y la vivienda, y consulta del Dr. Martín Robles Sánchez-Cortés, entre otros. Hasta la “Cruz de los Caídos” llegaban los sonidos tan característicos de aquel entorno como los producidos en la fragua de José María Corbalán, entonces en plena actividad laboral. Y también los producidos en el patio del colegio mencionado, sobre todo a la hora del recreo de los niños. En su espacio se escucharon con nitidez las campanas del convento del Carmen y la Concepción. Y en las mañanas festivas del viernes Santo y el Dos de Mayo, el bullir inconfundible de la procesión pasional y los Caballos del Vino respectivamente..

Proyecto Plaza San Juan de Caravaca

Durante los últimos años, el lugar, habitualmente de paso, se convirtió en espacio de descanso al instalarse en su superficie un quiosco, con abundante oferta alimenticia, y una heladería que hace las delicias de chicos y grandes.

El proyecto que prepara el Concejo para rehabilitar nuevamente el lugar, ya conocido como Plaza de S. Juan de la Cruz, ennoblecerá el espacio y lo adecuará al tratamiento urbanístico propio de una ciudad que camina con arrogancia por el camino del S. XXI, con parada esperanzada en el Jubilar 2024.