Manuel Gea Rovira   (Cronista Oficial de la Semana Santa de Cehegín)

“¡Oh muerte, por favor espera!”, hubieran exclamado todos los componentes de la Junta Central de la Semana Santa, de Cehegín, si les hubieran anticipado el riesgo de fallecimiento del presidente de la Cofradía de la Preciosísima Sangre de Cristo (Los Coloraos) Francisco Corbalán Gil, pero el hecho consumado también ha llenado de tristeza y esperanza en la resurrección, tras el paso por la otra vida, que para todo cristiano tiene un sentido de paz y fraterno consuelo. Paco Corbalán con su famoso y cariñoso apodo, no ha dejado a nadie indiferente. Que me lo digan a mi, que lo conozco desde la niñez, cuando jugábamos al fútbol con una pelota de trapo en el atrio del convento y el Padre Bailón salía detrás de algunos que yo se, con la palmeta de castigo escolar en la mano. Paco Corbalán era jovial, bromista, serio, contumaz en sus aseveraciones, pero sabía escuchar y era muy solidario con los demás. Dotado de mando congénito, organizaba a golpe de persuasión, transmitiendo seguridad en sus proyectos. Se acordaba muchas veces del profesor fray Agustín Nieto, el superdotado para la investigación y la Historia, que registraba los archivos municipales de Cehegín como un loco alucinado por tan bellas historias o dramáticos desenlaces de los siglos. Es cierto, Paco Corbalán no era de madera corriente. Hace falta genio y figura, que de todo tenía. Hace falta tener una personalidad y convicciones como las rocas para desistir de discutir con él, pues te abreviaba toda posible controversia. Lo digo con el carriño del carisma que se desborda y te enorgullece al final de considerarlo como matriz de un carácter ceheginero de la reconquista. Ha muerto Paco Corbalán y ya la Cofradía se enorgullecerá de tantas publicaciones, de tanta honradez personal como fue enviar el grupo escultórico de las Angustias a restaurarlo, con el riesgo de que los rayos X y otros sistemas pudieran objetar que no era una obra de Roque López, pero sí de otro discípulo de este, y escultor caravaqueño, Marcos de Laborda ( 1752-1822), “el escultor más varonil, del círculo de Salzillo” en decir de J.Crisanto López, Un amigo se nos ha ido y un benefactor de Cehegín, con su Semana Santa siempre en sus iniciativas y una familia que le quería con ese corazón grande y resistiendo toda enfermedad, familia que ve un espejo de bondades en un cuerpo de energías vitales, como si nunca puedan desaparecer su carisma de buen ceheginero y enamorado de todo lo de su pueblo. Corbalán, nunca dejará de existir en nuestros recuerdos, una metástasis de ternura y cariño impregna toda su cultura de compañerismo y dedicación a esta Junta Central de Cofradías de la Semana Santa de Cehegín. Descanse en paz y nuestro pésame a la viuda doña Maravillas Vélez y familiares, que pueden estar seguros de estar acogido por el Padre en la eternidad. Descanse en Paz.