RAÚL BARTOMEU/DIRECTOR DEL CONSERVATORIO DE CARAVACA

En los últimos tiempos mucho se está hablando sobre competencias propias e impropias, financiación e infrafinanciación, Ayuntamientos y Consejerías, en relación al Conservatorio “Leandro Martínez Romero” de Caravaca de la Cruz, se habla con altavoces muy potentes, desde posiciones de gran responsabilidad y generadoras de opinión. Se habla de pasado, de presente y de futuro, se opina e informa libremente cada cual lo que considera.

El Conservatorio de Caravaca no es solo una competencia propia o impropia, financiada correctamente o infrafinanciada, dependiente de la Consejería de Educación o del Ayuntamiento de Caravaca, es mucho más, es una institución educativa que transciende gracias a la calidad del servicio que viene prestando desde hace casi dos décadas.

En él se forman musicalmente y educan más de 150 jóvenes todos los años, algunos de ellos llegan a ser profesionales de la música y otros simplemente se llevan una serie de vivencias que los acompañarán siempre, en un entorno de conocimiento, sano y culto, educado y respetuoso, inclusivo y empático.

Aquí trabajan más de 30 personas desde hace varias décadas, docentes de vocación entregados a una causa que consideran de enorme valor, lo hacen sin mirar a los lados, intentado alejarse del ruido que a veces no les permite oír los instrumentos de sus alumnos. “Pero es que somos una competencia impropia y además muy costosa”, resuena en nuestros oídos cada vez que bajamos la guardia.

Por los aledaños del Centro discurren cada semana padres, abuelos, tíos, que vienen a llevar y traer a estos jóvenes cargados con sus estuches, con sus preocupaciones de niños y adolescentes, sus miedos y sus ilusiones, haga frío, calor o en medio de una pandemia mundial, cargados de bebés en carricoches y tras desembolsos muy cuantiosos por un instrumento que no saben si al cabo de un mes tendrán que poner en Milanuncios.com. “Pero no sé qué va a pasar con el Conservatorio el mes que viene, el año que viene o dentro de 5”, resuena en nuestros oídos cada vez que bajamos la guardia.

Mientras en los despachos se decidía sobre el futuro de esta institución, y desde el salón de plenos del Ayuntamiento de Caravaca se votaba la aceptación de esa decisión, la Comunidad educativa era ajena a todo, se ha decidido, se sigue hablando, y seguimos ajenos a todo, se volverá a hablar de competencias, de financiación, en despachos, y seguiremos ajenos a todo. Nadie nos pedirá opinión, pocos caerán en la cuenta de que hace 20 años, si querías estudiar un Grado Profesional de Música tenías que hacerlo en Murcia, Cartagena o Lorca, sobra hablar de las implicaciones que ello conllevaba. Porque allí sí, en Caravaca no, en el Noroeste no, aquí no teníamos derecho a un Conservatorio.

Hay tensión acumulada, son muchos años siendo ̈los municipales ̈, competencia impropia, demasiado costosa, sobredimensionada, ahora también somos menos gravosa, por eso conviene.

Quizá sea ajena, pero es digna, esta institución merece ser tenida en consideración, merece ser escuchada porque ha transcendido durante los últimos 20 años. Necesita paz, sólo una solución a largo plazo, no patada a seguir y ya veremos.

La educación y la cultura no pueden ser un arma política, deben ser parte de un proyecto político común, cuestión de Estado que diría aquel. Son un instrumento de cohesión social, de signo identitario, de desarrollo económico, y como tal, las administraciones están obligadas a velar por ellas en connivencia con ellas. La comunidad educativa ha de ser partícipe de la búsqueda de soluciones y del desarrollo normativo que le atañe, no se puede legislar a espaldas de…, para cuando pueda ser, estamos deseando formar parte de la solución.