JESÚS AMO PÉREZ

“Huerta de Murcia, hacia un espacio agropolitano sostenible y resiliente” fue presentado la semana pasada en Los Molinos del Río. Los autores del libro son José María Egea Fernández, catedrático de botánica de la Universidad de Murcia y presidente de la Red de Agroecología y Ecodesarrollo de la Región de Murcia, y José María Egea Sánchez, licenciado y doctor en Ciencias Ambientales.

Ambos han trabajado en la última década en numerosos trabajos de recuperación del patrimonio agrícola, tanto genético, con la recuperación de variedades locales en peligro de extinción, como paisajístico y biocultural. Trabajo que ha quedado plasmado en numerosas publicaciones previas a la que nos ocupa, como son “El libro rojo de las variedades locales de la Región de Murcia” o “Cultivos promisorios para enfriar el clima y alimentar el mundo”.

Entrevistamos a José María Egea Sánchez.

-Usted propone gran cantidad de ideas, que de poder llevarse a cabo contribuirían de forma muy positiva con el medio ambiente ¿En qué momento decidisteis plasmarlas en un libro?

En primer lugar, celebro que comparta usted esa opinión personal a cerca de las benevolencias de nuestros objetivos. Estamos en un momento en el municipio de Murcia, en el que la sociedad en todos sus estamentos parece haber vuelto la mirada a nuestra vetusta huerta, tan maltratada durante las décadas del desarrollismo urbanístico descontrolado.

Nuestros políticos, así como sus técnicos no han sido ajenos a este cambio y han puesto en marcha numerosas iniciativas para su valorización y protección. Aprovechando la coyuntura social y política, pensamos que era el momento de recoger en una especie de “manual” por un lado los valores socioambientales de nuestra huerta, su potencial para conseguir la soberanía y la seguridad alimentaria de los ciudadanos y por otro lado iniciativas similares en otros lugares así como llamamiento desde distintas organizaciones nacionales e internacionales que abogan por la protección de dichos espacios.

En definitiva, recoger una metodología basada en la agroecología, para controlar y valorizar nuestra producción y consumo de alimentos, así como plasmar y poner en conocimiento de la sociedad aquellas medidas que la administración municipal ha iniciado.

-¿Cómo puede competir el modelo que se propone con las regiones que practican agricultura intensiva?

Son muchos los estudios que cuestionan la mayor rentabilidad de la agricultura intensiva respecto a la basada en principios agroecológicos. Lo que sería incuestionable es la insostenibilidad económica del modelo agroindustrial si ponemos en la balanza el coste de corregir las numerosas externalidades negativas que genera, como su contribución al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y de recursos natruales o las crisis alimentarias que ha generado, por poner sólo algunos ejemplos.

No obstante, la cuestión no es si puede competir la agricultura intensiva con la de base agroecológica. La cuestión es que en los espacios periurbanos, como la Huerta de Murcia, sólo se pueden revalorizar a partir de generar una Estrategia Agroalimentaria Agroecológica incluida en el planeamiento municipal, avalada por productores, consumidores, con el apoyo de la administraciones locales y regional.

-El modelo de parcelas familiares ayudaría también a acabar con el monocultivo ¿Qué repercusión tendría esto?

La diversificación característica de las parcelas familiares, con la inclusión de numerosas especies y variedades, la práctica de asociaciones y rotaciones de cultivos, la implantación de setos y otras prácticas agroecológicas, como la no utilización de pesticidas y abonos químicos de síntesis aporta numerosos beneficios de tipo ambiental, económico y sociocultural. Por citar sólo algunos: se producen alimentos sanos y saludables, aumenta la fauna auxiliar que favorece la polinización y el control biológico de plagas, hay un mayor aprovechamiento de la fertilización y del agua, disminuye el consumo de insumos (fertilizantes, pesticidas, carburantes fósiles,…), menor contaminación,… y aumento de la calidad paisajística.

-Cómo usted mismo mencionaba, la expansión urbana se ha comido un 46% de la huerta de Murcia. ¿Cree que a largo plazo acabará por desaparecer?

La situación actual de la Huerta de Murcia es realmente grave. Como indicas, ya se ha perdido en torno al 46 % del espacio agrario, a un ritmo más acelerado de las previsiones que se hacían hace unas décadas. Sin embargo, la Huerta no está muerta, ni tan siquiera se debe considerar en fase agónica.

Quién así opina es que desconoce su potencial o lo hace de forma interesada para abrir la puerta a todo tipo de especulaciones. La Huerta tiene futuro si somos capaces de hacer una revolución agroecológica, con la participación de todo el sector agroalimentario. Esto incluye a autoridades locales, entes técnicos y académicos, pequeños productores, el sector privado, los movimientos sociales y, sobre todo, la población en general. En caso contrario, es probable que tengamos que llorar por esa arcadia pérdida, de la que se lamentaba Sánchez Bautista, en 1982.

Una huerta viva, diversa, sostenible y resiliente que sea una utopía o una realidad depende de los ciudadanos murcianos y de los políticos que nos gobiernan.

-¿Serían necesarios nuevos modelos urbanísticos para protegerla?

Es indudable. El planeamiento urbanístico actual no incluye ninguna figura legal que proteja la superficie agraria. Más bien han impulsado la expansión urbana al establecer unas normas de edificación altamente permisivas, sin mecanismos de ordenación y sin una regulación específica para la preservación de la huerta y para la gestión y recuperación de los usos agrícolas.

Si realmente hay una apuesta seria por la conservación de la Huerta de Murcia, para el disfrute y la seguridad y soberanía alimentaria de la población murciana, hay que ir a nuevos modelos urbanísticos, que contemplen la protección del espacio agrario.

Estos nuevos modelos que contemplen una simbiosis entre el espacio urbano y el agrario podrían hacerse una realidad si se llevan a la práctica los compromisos adquiridos por el consistorio municipal en el Plan de Acción de la Huerta de Murcia y con su adhesión al Pacto estatal por la Soberanía Alimentaria, la Educación Ambiental y la Sostenibilidad del Territorio; así como a la Red Europea de Ciudades por la Agroecología.

-¿Estamos más cerca de una revolución agroecológica?

Nosotros somos muy optimistas. Vemos que existe un feedback en la sociedad y un compromiso político. El consumo de productos locales y ecológicos va en aumento, está de moda vivir en la huerta, cultivar su suelo. Hace décadas el campesino o el ser huertano estaba mal visto o era sinónimo de “incultura” a los ojos de muchos, ahora la huerta se valora, el productor local se tiene en estima y hay una cierta sensibilidad por este espacio. Eso hace que exista de nuevo relevo generacional, llevado en volandas por la crisis en otros sectores como el de la construcción.

La revolución agroecológica está en un estado incipiente. En cifras absolutas son escasas las iniciativas puestas en marcha, pero estas se están extendiendo por toda la Tierra. Movimientos campesinos, liderados por Vía Campesina, junto al movimiento ecologista y el surgido en torno a la soberanía alimentaria, lideran esta revolución, que apuesta por un sistema agroalimentario controlado por los productores y consumidores, no por grandes oligopolios.

-¿Está aumentando la conciencia social en torno a las necesidades de un modelo nuevo?

Así es, sin duda estamos siendo testigos directos de ese cambio de paradigma, en esa transición de un modelo en el que España consumía la mitad del cemento de Europa y Murcia la mitad del cemento de España.

La gente ha despertado, los procesos de crisis, si algo bueno tienen es esa “bofetada de realidad” que hace que modelos insostenibles caigan por su propio peso, y los ciudadanos apuesten por modelos sostenibles de producción y consumo.