ANTONIO F. JIMÉNEZ/Foto: José María Fernández

Uno de los tantos comentarios que soltó el cantante de Halabalusa, Fidel López Nadal, el pasado sábado en la Casa de la Cultura durante el concierto de la banda, fue el siguiente: «Al igual que mi tío Mariano Nadal ‘El Chichas’―un conocido carnicero de Bullas―, yo también tengo que atender bien a mi clientela, o sea, al público, a vosotros». El auditorio estaba casi repleto. Rozando las dos horas y media de espectáculo, Fidel interaccionó con sus gentes desde el escenario, no solo musicalmente, sino apelándoles cariñosamente, aunque también renegándoles, sin malicia, por estar trasteando los móviles de cuando en cuando.
Con la compañía del bajista Juan Francisco Martínez, al bajo, y Alfonso Miguel López, a la batería, Fidel siguió en su tónica dicharachera, de cantautor showman, llegando a momentos verdaderamente entretenidos, como cuando hizo cantar al público los «oh», «woah» de Treasure, de Bruno Mars, y que Fidel aplaudió sorprendidísimo por lo bien que lo hacían los asistentes después de recibir sus enseñanzas previas ―su voz, ligeramente afónica, se acerca bastante a la de Mars―. Aunque en verdad los aplausos se los llevó él y la banda. «Ahora sí aplaudís con gusto, ¿eh?», dijo Fidel con sorna después de cantar Estela, una de sus composiciones de aromas latinos, que gustó mucho, con un inicio de solo de batería espectacular, de sonido entre tribal y electrónico, donde un periquete en el micrófono era una nota más. Halabalusa contó para esta canción con la presencia del afamado músico bullero Pablo Martínez, quien lució las más brillantes notas de su trombón.
El concierto contó con dos colaboraciones más: la de Laura Hernández, quien ya había cantado en otras ocasiones como integrante de otras bandas de L. Nadal, y que puso voz a la canción de Ed Sheeran, Thinking and Loud, en una versión que sonó límpida y hermosa al oído. La otra aparición estelar fue la de la navarra Ángela Irañeta, novia del batería, quien, primero, suavizó la marcha del concierto con su hipnótica flauta travesera, lanzando esos escupes de aire jazzero, roncos, de embrujo; hasta que se fue colocando en el centro del escenario para cantar Come to my door, con la que Irañeta lució su potentísima voz, cercana a las míticas del soul. Las tres apariciones, en suma, fueron muy aplaudidas.
El concierto había empezado suave. Ya lo advirtió Fidel a la mitad: «Hemos empezado light, pero ahora vamos a daros caña». Y luego de un silencio, dijo: «Os podéis poner de pie y bailar y todo eso, ¿eh?». Efectivamente. Las luces rojizas y azuladas del fondo salieron de su letargo y comenzaron a moverse al ritmo de Sálvese quien pueda, de Vetusta Morla, a la que le siguió el popurrí del rockabilly más clásico. Halabalusa supo pegar bien las versiones con los temas propios de Fidel, arreglados exquisita y minuciosamente por el bajo cavernoso de J. F. Martínez y la batería arácnida de A.M. López.
Terminaron llamando a la tierra con el tema de nuestros paisanos M-CLAN, mientras iban apareciendo de nuevo en el escenario Pablo Martínez, Laura Hernández y Ángela Irañeta. Sin duda, un final estelar y telúrico. Porque Halabalusa, qué menos, lleva marca bullera sin complejos ―no faltaron las referencias al Polígono 14, al Disco Bar…―. El público en pie, y de todas las generaciones por cierto, hubo de escocerse las palmas al aplaudir con ese ensañamiento ensordecedor e inusitado, que, al tiempo, eriza el cabello por la emoción generalizada.