José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de la Región de Murcia

El más lejano precedente de una emisora como medio de comunicación hablado en Caravaca, fue la que los mayores recuerdan como La Voz Carmelitana, instalada hacia 1955, con medios muy rudimentarios, en el convento de los Padres Carmelitas de la Glorieta, en la que Juan García Talavera  y Juan Pedro López Guerrero lo eran todo, en tiempos del recordado padre Amado. La vida de aquella emisora fue efímera y, tras algún tiempo de silencio en las ondas locales, y con motivo de una misión popular predicada por los padres Rodríguez y Martínez, ambos de la Compañía de Jesús hacia 1957, el entonces párroco del Salvador D. José Barquero Cascales pidió al comerciante en temas de electricidad Feliciano Morenilla, como técnico más cualificado en la ciudad, el poder retransmitir los sermones de la tarde por la radio a quienes no podían acudir a la iglesia por impedimento físico o laboral. Fue entonces cuando, con medios igualmente rudimentarios, se instaló una pequeña emisora, para emitir en onda corta, en la denominada Sacristía Vieja del citado templo parroquial. Al concluir la misión referida, y dado el éxito de audiencia alcanzado, párroco y comerciante decidieron proseguir y materializar la experiencia, obteniendo los oportunos permisos de la autoridad competente, e iniciando la andadura de lo que comenzó denominándose Radio Caravaca. Emisora Parroquial. Se abandonó el inicial lugar mencionado y se instaló en otro más amplio en las estancias altas del templo, donde antaño se ubicaba la Sala Capitular de la cofradía de clérigos de San Pedro y San Pablo, sobre la fachada sur del edificio. Los beneficios y los gastos económicos se repartían a partes iguales entre la Parroquia y el negocio comercial de Feliciano Morenilla., encargándose como “persona para todo” un empleado de aquel: Gregorio Sánchez Córdoba, quien hacía de director, de técnico y hasta de comercial, ayudado como locutores y técnicos de control, por Francisco García Zapata, José María Martínez-Iglesias, Maríano García-Esteller Guerrero, Luis García Martínez, Nestor Fernández, Rosa Rivero y otros jóvenes de Acción Católica entre los que se encontraba Alfonso Jiménez (de “Tejidos La Inmaculada”). También hubo colaboradores extraordinarios, como Paco Fuentes, que hacía semanalmente un programa taurino, el profesor Francisco Martínez Mirete, encargado de obras de teatro y programas culturales, Cristóbal Díaz Azorín “el del Ocaso”, que hacía un programa deportivo en el que siempre criticaba al Ayuntamiento por no propiciar la existencia en la ciudad de un campo de fútbol, y Matías Albarracín, entre otros.

La Emisora Parroquial emitía en horario de sobremesa, entre las 15 y las 17, y por la noche de 19 a 23, prolongándose, a veces, sin hora de conclusión cuando las circunstancias lo exigían.

La programación de la emisora era fundamentalmente musical, aportando los denominados “discos” el propio Morenilla, quien publicitaba las canciones de moda del momento, vendiéndolas después, en su comercio de la plaza del Arco, a los aficionados a la música que en sus domicilios  tenían “picú” o “tocadiscos”. Se emitían zarzuelas y también obras de teatro que previamente se grababan en un magnetófono marca INGRA. Se rezaba el rosario al atardecer y se retransmitían los más multitudinarios NOVENARIOS (a los que otro día me referiré).

El programa de mayor audiencia, de carácter ordinario era, con mucho, el de “Discos dedicados”, en el que por el precio de tres pesetas, o abonos de un duro, una persona dedicaba una canción a otra, o a un grupo de amistades. Las canciones, además de La Campanera”, “A lo loco” y otras, eran las de la época: las de Sara Montiel de su película “El Último Cuplé”, Antonio Molina: “Soy minero”, Antonio Machín: “Angelitos negros”, y un largo etcétera que el lector puede completar con sus propios recuerdos.

En fechas de onomásticas muy populares como S. José, S. Antonio, S. Juan o la Virgen del Carmen, por ejemplo, se hacían largas colas en la emisora para contratar un disco, casi siempre con el mismo texto: para fulanito, o menganita, de quien ella sabe, felicitándole en el día de su santo. También se felicitaban por este procedimiento cumpleaños, hasta en ingenuos mensajes cifrados hubo declaraciones de amor  e incluso citas entre determinadas parejas.

También hubo programas concurso, generalmente patrocinados por el comercio local, entre ellos el denominado “Párese, mire y escuche”, con guión de Mariano García-Esteller Bañón, que patrocinó Establecimientos “Fantasía”. Con el tiempo, y aunque permaneciera en la sombra Feliciano Morenilla, se hizo cargo de la emisora el Consejo Pastoral de El Salvador, nombrándose director de la misma a Juan Miguel Guerrero López, época en la que comenzó un cierto grado de profesionalización con la presencia como locutores de Juan Olivares, Mercedes Valdivieso y Adrián Caparrós entre otros. Fue la época del programa El club de la sonrisa, con guión y dirección del propio Guerrero, y los célebres partes de guerra en que, camelísticamente, se enfrentaban los moros Khatás y los cristianos Templarios, en los años inmediatamente posteriores a la reconversión de las Fiestas de la Cruz.

La época de Juan Miguel Guerrero dio paso a la del sacerdote José Freixinós Villa, quien llegó a Caravaca como coadjutor del Salvador. Su formación periodística le permitió profesionalizar la emisora, ocupándose él mismo de la dirección. Fueron éstos los años dorados de “Radio Caravaca”, recordados por programas como Noche de Ronda (con sintonía musical de la ópera “Carmen”), que tenía carácter eminentemente benéfico, y dio de sí para la adquisición de terrenos y erección de viviendas sociales en el paraje de “La Loma del Arca”. En el transcurso del mismo se planteaba un caso humanitario de difícil solución. Los oyentes llamaban por teléfono y ofrecían su colaboración en dinero o especio, y varios colaboradores, en coche prestado por el farmacéutico Luís Sáez, conectado por radio, iban recogiendo, de inmediato y en caliente, las aportaciones referidas. El programa se emitía por la noche, en horario de máxima audiencia, y la mayor parte de la población estaba pendiente de él. Como caso anecdótico sugiero al lector recordar cuando se puso a subasta el bigote del popular Paco Fuentes. En el transcurso de aquel programa los oyentes ofrecían cantidades de dinero a favor o en contra de su rasurado, llegándose a ofrecer incluso un barbero local (creo que “El Pimporrio” o quizás “El Carlista”), cierta cantidad por ser él quien lo afeitara. Ni que decir tiene que aquellos programas constituían la mayor parte de los comentarios del día siguiente en bares, oficinas, mercados y sitios públicos.

La vida de la Emisora Parroquial fue relativamente larga. Los problemas surgieron con la legislación que reguló su actividad. Comenzaron las interferencias con otras emisoras “poderosas” y, sobre todo, con la televisión, que paulatinamente comenzó a llegar a los hogares adueñándose del interés popular, con lo que su vida fue languideciendo hasta el cierre definitivo a finales de los años sesenta, cuando a muy poca gente interesaba ya su programación y la publicidad se encauzaba por otros caminos.

Al mirar hacia a tras en el tiempo, el lector convendrá conmigo que aquella fue una bonita actividad que unió voluntades, acercó sentimientos y nos dio a conocer a nosotros mismos y ante los demás, en una época no tan lejana, pero sí tan diferente, en todos los sentidos, a la nuestra.