FRANCISCO SANDOVAL/ARQUITECTO

Tres años después, las fiestas de Caravaca vuelven a la calle. Y no se me ocurre mejor tema para desarrollar en estas líneas que precisamente la importancia de la calle en la fiesta. Los ritos y procesiones están tan ligados al urbanismo caravaqueño que resulta imposible desvincularlos. ¿Qué son tres años, en un recorrido que acumula siglos de historia?

Calle Mayrena

Por todos es sabido que de cuantos recorridos procesionales que se celebran en Caravaca el más antiguo es el del Baño de la Cruz, en la tarde del 3 de mayo. No solo es tradición oral, pues queda refrendado por los textos de Juan de Robles Corbalán, el padre Martín de Cuenca y también por las actas capitulares del ayuntamiento. Tan temprano como en 1585 ya el ayuntamiento trató de modificar el itinerario, cambio que consistía en evitar la calle Mayrena porque ”ay ynmundizias e causan mal olor y la gente que ba en la procesion y reliquia e ymagenes reciben mucho calor e sol” y llevar la procesión por el Hoyo. Este cambio no salió adelante.

El recorrido desde la iglesia de El Salvador hasta el Templete coincide en gran parte con el trazado de la acequia de Mayrena. Por otra parte, tras el Baño, el recorrido de vuelta desde el Templete coincide (o coincidía, antes de que se modificase por la Gran Vía) con el trazado de la acequia Madre que discurre por la Corredera y la Hila del Pilar por la Calle Mayor. Es el agua un elemento indisociable del rito más antiguo de las fiestas de la Vera Cruz, también en los recorridos procesionales.

Cuando era pequeño recuerdo ver en los programas de fiestas los recorridos indicados sobre el callejero. Me llamaba la atención ver cómo, un año tras otro, se indicaba en el plano que la procesión debía llegar hasta mitad de la calle Escritor Gregorio Javier y giraba entonces hacia la calle Mayrena. Esto, efectivamente, nunca se ha producido en la realidad, pues según ese trazado se evitaba el tramo donde hoy está el Museo de los Caballos del Vino y también la calle Alfonso Zamora, zonas por las que sí sube la procesión en la tarde del 3 de mayo.

Años más tarde, estudiando la evolución urbana de Caravaca, me di cuenta de que la calle Mayrena, que empieza como camino en las proximidades de las Fuentes del Marqués, terminaba en las Esquinas del Vicario, tal y como se muestra en un plano de finales del siglo XIX. Es decir, la actual calle Alfonso Zamora no tenía nombre propio como tal, sino que era el último tramo de Mayrena, en vez del tramo al que da el muro de la Casa de los Melgarejo, aquel desde el cual se divisa la Torre del Reloj y del que nace la calle Domingo Moreno. Ese tramo, que desde luego tiene su encanto, probablemente fue una calle de servicio pues, aunque hoy se ve más amplio, antes de que el muro de la Casa de la Torre se retranquease era una calle más angosta.

El momento en el que la actual calle Alfonso Zamora pasa a tener un nombre propio y distinto del resto del tramo de Mayrena probablemente haya que buscarlo en el entorno de la Guerra Civil. En un plano de 1941 ese tramo aparece ya nombrado como “calle Queipo de Llano”, escindiéndose así de su apelativo al histórico camino. Años más tarde, pasaría a denominarse con el nombre del médico que allí residió.

Por último, no quiero cerrar el artículo sin recordar a Francisco Fernández García, sin cuyo esmerado trabajo de tantísimos años ni este ni anteriores artículos hubieran sido posibles. Seguirá siendo partícipe de estos días tan importantes desde el eco de la eternidad.