José Antonio Melgares Guerrero/Cronista Oficial de Caravaca y de la Vera Cruz.

Fogueado como cocinero en el Hotel Victoria y formado en los mejores restaurantes de Mallorca y Alicante, aporta ahora su experiencia acumulada Jesús, con José Mari, María, Julita, Mª Cruz y Emiliaa la ciudad, en un establecimiento de restauración, de sobra acreditado donde, cuando se piensa en quedar bien con alguien, puedes estar seguro que no te equivocas.

 

Jesús Martínez Álvarez heredó el cariñoso y popular sobrenombre con el que se le conoce, de su padre, y aquel del suyo, quizás por el aspecto enjuto de su constitución física. Nació en El Sabinar en el otoño de 1951 del matrimonio formado por Antonio Martínez Fernández (de El Sabinar) y Josefa Álvarez Sánchez (de Martiherrero), quienes también engendraron otros cuatro hijos: Antonio, Pedro, Pepe y Juan, siendo Jesús el menor de la saga.

El matrimonio se trasladó a Caravaca en 1952 estableciendo el domicilio familiar en el Barrio Nuevo, junto al de Fernando el Bodego y los Canastas.

Su formación primaria corrió a cargo, junto a otros muchos compañeros, del maestro D. Juan Antonio Ruiz Piñero, en la escuela que en el ecuador del S. XX aún funcionaba intramuros del Castillo. A los nueve años su padre lo puso a trabajar echando enclavaos (actividad relacionada con el mundo de la alpargata, consistente en rematar las suelas de cáñamo), bajo la tutela de Antonio El Madriles, a quien los de la profesión consideraron el último alpargatero. Ambos trabajaban en la C. Mayrena y almacén de uralitas del abogado Luís Jiménez Jaén; y luego en la Gran Vía  8, donde el citado abogado trasladó el almacén tras erigir el edificio levantado a su costa, en cuyo bajo tantos años vino funcionando la Librería Liceo. Jesús percibía entonces tres pesetas de jornal diarios, compatibilizando la escuela (por las mañanas) y el trabajo (por las tardes).

En 1962 entró como pinche de cocina en el Hotel Victoria que regentaban, junto al Arco de la Plaza, José María Robles Guerrero y su esposa Julita Sabater. El cocinero era entonces un tal Antonio, que después de varios años marchó a Mallorca, y que a su vez había heredado el puesto de otro cocinero de nombre Emilio. Aunque su oficio era de pinche, lo compatibilizaba con el resto de los trabajos en el hotel junto a otros empleados como Manolo el Mixta, la señora Emilia, Mari Cruz, Piedad, María y El Nano que hacía las noches.

Al marchar a Mallorca Antonio, el cocinero titular, ya había demostrado con creces Jesús su habilidad en el arte del mandumio, por lo que José Marí (que así se le conocía popularmente al dueño), le confió la cocina como jefe de la misma. El servicio de comedor del Victoria era reconocido entre la sociedad local por sus sopas de ajo, por sus tarteras (que se asaban en el cercano horno del Chato, ubicado en la C. Olivericas), y por los codillos de cordero (aquí llamados brazuelos), entre otros platos, siendo los postres preferidos el tocino de cielo, el flan al baño maría y un delicioso suflé que encantaba a la cantante folclórica Juanita Reina cuando venía a actuar a Caravaca..

El comedor del Hotel Victoria se situaba a la derecha del halle de entrada (donde se ubicaba la recepción), y era un espacio cuadrangular con paramentos pintados de color beige, dos grandes ventanas a la calle y otras dos al patio interior, en donde se ubicaban 8 ó 10 mesas que amablemente servía a diario José Mari con gracejo y cordialidad sin límites.

Entre los clientes, Jesús recuerda a los habituales y a los extraordinarios. Entre los primeros: profesionales jóvenes destinados en la ciudad, quienes también se alojaban allí, entre ellos el médico Antonio Calvo Mur, el delegado del Ocaso Cristóbal Díaz Azorín, el profesor Teodoro Martínez Lax, José Moreno Martos Luis el de las Minas y otros muchos. Entre los extraordinarios u ocasionales: representantes y viajantes, toreros y artistas que actuaban en la Plaza de Toros y en el Gran Teatro Cinema sobre todo los lunes. Entre aquellos: Andrés Hernando, Victoriano Valencia y Pedro Barrera. Entre estos: La Niña de Antequera, Finita Rufé, Juanito Valderrama, Antonio Molina, Antonio Machín, el Dúo Dinámico, Matilde Muñóz Sanpedro y otros muchos. Jesús recuerda la predilección de La Niña de la Puebla por la habitación 14 a la que subía la comida pues se cuidaba mucho el día de la actuación pronosticándole en una ocasión que él llegaría a ser otro Perico Chicote. También recuerda que Antonio Molina gustaba de organizar timbas de juego en el Círculo Mercantil tras las actuaciones, y también la llegada anual de una señora de Murcia que pasaba temporadas durante la primavera, y llevaba consigo a su propio cocinero, de nombre Pablo. Entre sus otros muchos recuerdos del Victoria: el coche Seat 600 que José Marí compró a su hijo Pepe, matricula MU 56.764. La llegada de la señal de TV a Caravaca, siendo los primeros establecimientos públicos que la instalaron Dulcinea y El Círculo Mercantil, a donde se iban los clientes del hotel a distraerse. Del cariño que siempre le profesaron sus dueños José Mari y Julita, quienes habitualmente le llamaban Jesusín. De las compras diarias en el mercado de abastos al que acompañaba a José Mari, con una carretilla y gran cesta de mimbre, adquiriendo la carne en la caseta de Atocha, el pescado en la de María la del pescao y la fruta en el puesto de El Rojo Cipiliano; así como la adquisición de fiambres en las tiendas de Andrés Aroca (en El Pilar) y Alfonso Morenilla (en la C. Mayor).

Jesús abandonó el Victoria en 1967 cuando el establecimiento cerró el comedor. José Marí derivó a partir de entonces a la clientela al Cañota en la gran Vía y al Bar 33 que entonces regentaba su hermano Javier; marchando al Bar la Playa que abrieron por entonces Paco y Josefa en la C. del Abrevadero.

Su inquietud profesional le llevó posteriormente a Alicante, donde se hizo cargo del comedor del colegio de los Jesuitas, y en 1968 al hotel Recamar de Palma de Mallorca. En 1972 se vino al hotel Huerto del Cura de Elche y, posteriormente al restaurante La Masía de Alicante, desde donde se vino a Caravaca en 2008 quedándose con la gerencia del restaurante Las Fuentes hasta el presente.

Profesor en la Escuela de Hostelería de Benidorm, Jefe de Rango en Elche y excelente cocinero por donde pasó, nunca olvidó su aprendizaje y salto a la fama en el Hotel Victoria, ni su ciudad, a la que regresó para ofrecer a sus gentes el resultado de lo aprendido fuera de ella.

Hoy, la mesa del restaurante Las Fuentes ofrece el fruto de la experiencia acumulada durante muchos años en los más distintos y distantes lugares de España, a los más exigentes paladares.