Pedro Antonio Hurtado García

Tercera visita, a “Jazz San Javier”, de este pianista que, encorvado, retorcido y encogido sobre el teclado, en una postura inverosímil, logra un nivel de concentración que parece como si el sonido de las notas saliera de su propia piel. Típica formación jazzista: piano, batería y contrabajo. Enorme identificación con el ritmo, momentos de más vibración, pasajes pausados y, en definitiva, una exquisitez y brillantísima variedad, protagonizada por extraordinarios profesionales, como son estos músicos que conforman el espectacular y notable trío que vistió de lujo el escenario en la noche del miércoles, día 28. Notas mágicas centradas en el jazz, pero sin alejarse de los géneros más afines a los que aconseja la formación instrumental del trío, que se prodigó en notas hechiceras, refinadas y, todo ello, magníficamente “perfumado” con la maestría de un baterista que nos regaló un “solo” con el que disfrutó hasta el propio Mehldau, incómodamente sentado sobre la banqueta del piano y un bajista, muy dados, todos ellos, a ofrecer obras “kilométricas” en su interpretación y bellísimas en su concepción. Brad Mehldau, piano; Larry Grenadier, contrabajo; Jeff Ballard, batería. Acogedor, lujoso y brillante.

Giovanni Mirabassi & Cyril Mokaiesh, delicadeza en estado puro

El viernes, 30, abre velada un pianista italiano de refinada y brillante ejecución que hace antesala musical a un cantante galo de la nueva chanson, poniendo ese acento francés en canciones melódicas, colmadas de romanticismo, rebosantes de poesía y delicadeza interpretativa. Forman un dúo que el público aplaude encantado y complacido. Los dos se conocen artísticamente de forma impecable, dominan el escenario y conquistan a la concurrencia. Giovanni Mirabassi, piano; Cyril Mokaiesh, voz. Delicadeza en estado puro.

Marc Berthoumieux & Giovanni Mirabassi Quartet, insuperable

Pero, en el segundo concierto del viernes, repite, al piano, Mirabassi, magnífico músico que goza de una excelente capacidad de adaptación. Se suman contrabajo y batería y preparan “la alfombra” a esa estrella del acordeón que se llama Marc Berthoumieux, quien, además, es compositor e ingeniero de sonido. Antes de su aparición, la bajista se arranca con algunos compases vocales en un derroche de potencia vocal. Luego, el solitario sonido de la música genera un jazz muy limpio y puro para dar paso al esperado acordeón. Ciertamente, el acompañamiento global es magistral, pero, desde su aparición, el acordeonista francés toma todo el protagonismo, en su condición de estrella rutilante e indiscutible especialista de su instrumento, lo que le ha valido para colaborar con valores de la talla de Harry Belafonte, Charles Aznavour, Dee Dee Bridgewater o Didier Lockwood, entre otros grandes. Finalmente y en ese ambiente de familiaridad profesional, invitaron a cantar al francés Cyril Mokaiesh. El tándem Berthoumieux-Mirabassi, insuperable. El cuarteto completo, impecable. Marc Berthoumieux, acordeón; Giovanni Mirabassi, piano; Selène Saintaimé, contrabajo; Lukmil Pérez, batería.

Marc Berthoumieux & Giovanni Mirabassi Quartet

Monty Alexander Trío, premio del festival

Aparece el gran pianista jamaicano Monty Alexander y, desde el principio, ofrece espectáculo tocando el piano de pie, con soltura y maestría. Guiños al batería para entradas y salidas combinadas, con un maestro contrabajista atento a armonizar tan selecto pastel, delicioso y servido en porciones abundantemente generosas. Ritmo, arte, espectacularidad y maestría, sonando “No woman, no cry”, alguna cosita de Nat King Cole, improvisaciones prodigiosas, envidiables “solos” de batería ejecutados por el percusionista, pero dirigidos por el maestro del piano. Un exquisito “Concierto de Aranjuez” y una interminable colección de grandes melodías y, como valor añadido, sin quitarse la mascarilla ningún músico, salvo el momento de soplar, el propio Monty, la boquilla del instrumento denominado “melódica”, con el que ejecuta “Strangers in the night” y otras partituras en segundo plano. La corporación municipal otorgó al jamaicano el premio del festival que se entrega, entre todos los participantes, cada año. Fue la primera teniente de alcalde, María Dolores Ruiz Jiménez, en un claro inglés, la encargada de representar a la primera autoridad local, José Miguel Luengo Gallego, entregándole al pianista una entrañable placa, ante David Martínez Gómez, concejal de cultura y educación y flamante director de “Jazz San Javier”, quien, además, actuó como maestro de ceremonias. El músico correspondió muy agradecido y lo corroboró con un nuevo “bis” en el que interpretó “When the saints go marching in”, como hilo conductor de otras melodías por las que fue pasando. Monty Alexander, piano; Paul Berner, contrabajo; Jason Brown, batería. Extraordinario.

Steffen Morrison, soul de mucha altura

Enorme fuerza escénica, voz potente, sensacional banda, sonido impecable, contundente y lleno de agradables vibraciones, un soul limpio, brillante y perfectamente concebido, lo que quedó aderezado con prodigiosas baladas que, en la voz de Morrison, se hacían cortas y dejaban con ganas de más. Escuchar soul con una banda tan emblemática y gracias a una voz tan educada para ello es, sencillamente, un privilegio. La alineación contempla todos los instrumentos propios del género y bien que lucen durante las interpretaciones. Steffen Morrison, voz principal; Jeremiah Owusu Ansah, batería; Elisha Amonoo-Neizer, teclados; Alvin Lewis, guitarra; Raoul Foe-Aman, bajo; Marc Mangin, saxo; Randell Heye, trompeta.

Homenaje a Alberto Nieto Meca, director general del certamen desde su fundación

La jornada de cierre, la del domingo, día 1, comenzó con el homenaje, siempre entrañable y merecido, a quien, hasta ahora, ha sido director general del certamen desde su fundación, Alberto Nieto Meca. El acto protocolario estuvo dirigido por David Martínez Gómez, concejal de cultura y educación y actual director de “Jazz San Javier”, quien, tras su intervención inicial y el reconocimiento a su predecesor, cedió el micrófono al alcalde de San Javier, José Miguel Luengo Gallego, quien le hizo entrega de la distinción al homenajeado, no sin, antes, hablar de su dedicación, entrega y lealtad, añadiendo palabras amables y de reconocimiento que sirvieron, sobre todo, para emocionar a un Alberto Nieto al que poquito le faltó para “romperse”, pese a que no pudo disimular su emoción, porque era extraordinariamente intensa, dedicando palabras a su esposa por haber estado en lo bueno, en lo malo y compartiendo sinsabores.

Se refirió a su equipo de trabajo, insistiendo sobre la deuda que mantiene contraída con todos sus integrantes, por lo desinteresada y permanentemente que le han apoyado. Y, si se dejó agradecimientos pendientes fue, quizás, porque la emoción no le alcanzaba mucho más allá, pero le conocemos perfectamente y sabemos de su nivel de gratitud con mencionados e, incluso, los involuntariamente omitidos. Manifestó su sentimiento cartagenero por razones de origen en esa tierra portuaria, pero no ocultó su vinculación marmenorense a través de San Javier, municipio al que ha dedicado muchos años laborales y una gran tarea a través de su afición al jazz.

Podemos afirmar que habló mientras la emoción se lo permitió, pero recogió, posiblemente, el premio que más podía compensarle. Y no nos referimos a la distinción municipal concedida, que también la valora enormemente, sino a los más de cinco minutos que duraron los aplausos de reconocimiento con todo el auditorio del “Parque Almansa” puesto en pie. Merecido, ganado a pulso y algo que puso de acuerdo a todos, lo que no es nada fácil después de más de dos décadas de gestión organizativa en las que se cosechan triunfos y crítica, pero, él, Alberto Nieto, se instaló, en esta ocasión y por la intensidad y prolongación de los aplausos, en el cariño, el aprecio, la consideración y el respeto que todos le tributamos.

In Memoriam Chick Corea, tan divertido como sentido

Lo de la parte artística obedecía a un homenaje a Chick Corea, en el que, los artistas que relacionamos al final, quisieron dar lo mejor de cada uno al legendario pianista de Chelsea-Massachusetts-EE.UU. Y lo hicieron de maravilla, incluídas sus exhibiciones individuales. José de Josele, al piano, interpretó una composición de Chick Corea, privilegiado y joven pianista que tocó, a cuatro manos, con el propio Chick Corea, en su última visita a San Javier, en 2019. El americano siempre le brindó sus consejos, ya que le admiraba por esas condiciones de futuro que el tiempo ha confirmado. Podemos resumir al grupo como un conjunto de artistas generosos empeñados en protagonizar este cálido y merecido homenaje a un artista de incalculable altura. Pero digamos, también, que no faltó ese Tomasito y “sus cosas”, convertidas en genialidades, como el rap que le dedicó a Corea. El Niño Josele y su guitarra española arrancándose con lo mejor de su repertorio. El bajo de Carlos Benavent cuando se atrevió con un “solo” magistral, o Jorge Pardo alternando flauta y saxo. Todos aportaron su profesionalidad, al baile, al cante o recordando ese “My spanish heart” (“Mi corazón español”) que tanto proclamó el pianista desaparecido. Hicieron cosas como “Madrid”, “Ajetreo”, “La vida es sueño”, “Surcos”, “La leyenda” o “Spain”. Carles Benavent, bajo eléctrico; Jorge Pardo, saxofones y flauta; Tino di Geraldo, batería y tabla; Niño Josele, guitarra española; José de Josele, piano; Tomasito (cante y baile). Divertido y muy sentido.

Castillo final de fuegos artificiales

El ciclo terminó con la sonoridad, la luminosidad, el colorido, la fuerza y la belleza de un prolongado castillo de fuegos artificiales sobre el “Parque Almansa”, dejando como alternativa final el obligado apagado de luces de una edición más breve, pero no menos intensa. Buenos días.