Juan David Sánchez Espín

El arte europeo siempre se ha preocupado por la realidad, por representar la sustantividad en sus figuras, sobre todo del cuerpo humano. Pero fue el Renacimiento italiano el que volcó todo su anhelo en representar un cuerpo perfecto y más realista. Una línea del músculo excelente, una superficie del cuerpo impecable y una silueta preceptiva. Tanto que, para algunos, los artistas de este periodo llegaron a ser auténticos anatomistas. Sin ir más lejos, el propio Leonardo da Vinci, quién probablemente no hubiese sido tan conocido sin sus estudios anatómicos.

Juan David Sánchez Espín

El arte europeo siempre se ha preocupado por la realidad, por representar la sustantividad en sus figuras, sobre todo del cuerpo humano. Pero fue el Renacimiento italiano el que volcó todo su anhelo en representar un cuerpo perfecto y más realista. Una línea del músculo excelente, una superficie del cuerpo impecable y una silueta preceptiva. Tanto que, para algunos, los artistas de este periodo llegaron a ser auténticos anatomistas. Sin ir más lejos, el propio Leonardo da Vinci, quién probablemente no hubiese sido tan conocido sin sus estudios anatómicos.
VenerinaEs a partir de aquí cuando ciencia y arte se vinculan firmemente para indagar sobre el cuerpo humano mediante la disección, vocablo que era tabú en décadas anteriores por el cristianismo. Ahora no sólo interesaba una perfecta representación de los músculos y el torso, sino que también empiezan a concernir como se ve a través de la piel.
Comienzan a forjarse grabados y dibujos realmente fisiológicos. Cabe destacar al célebre italiano Andrés Vesalio y sus estudios anatómicos, donde hace del cuerpo humano un desglose del tejido muscular magistral. Pero lo que queremos enfatizar, son las representaciones escultóricas, donde la realidad y naturalismo llegan a su máximo esplendor. En estas, podemos encontrar la máxima belleza del cuerpo, pero también los aspectos más repulsivos, de modo que se combina lo bello y a veces sensual, con lo más desagradable. Hablo de cuerpos bellos, donde hallamos entre desgarros y orificios, partes del interior del cuerpo humano. Y os preguntaréis si a esto le podemos llamar arte, pero ¿quién dice lo que es arte y lo que no?
Bien sean evocadas las esculturas de Clemente Susini y su destacada “Venerina”, a la que se permite el lujo de llamarla Venus, un cuerpo femenino en expresión dramática, casi como si de un orgasmo se tratase, que nos muestra su interior más desabrido. De menos impacto visual, pero no menos espectacular, son las obras de Gunther Von Hagens, en la que nos deja ver ese laberinto de venas, fibras, nervios y toda una anatomía interior, con cuerpos que posan como si aún estuviesen vivos. Es esa combinación de cuerpos bellos, en algunos momentos, sensuales, junto a la inquietud que nos provoca ver el interior del cuerpo humano, lo que se convierte en verdadero arte, porque al fin y al cabo, el arte es lo que tú quieras que sea.