PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

“No estamos locos, que sabemos lo que queremos”, rezaba el texto de la canción a la que daban título las tres primeras palabras de esta crónica y que interpretaba el grupo musical español de “flamenco-fusión”, conocido como “Ketama”, que lideraba, aunque no fuera de los miembros fundadores, el hoy solista de éxito Antonio Carmona Amaya. Y nos apoyamos en su tan tarareada frase musical porque vamos a dedicar nuestra página de hoy, exclusivamente, a una canción. Esta semana, no traemos obituario, no hay “viviario”, término inexistente que ya hemos popularizado en las últimas semanas (perdón por la impostura) y tampoco ofrecemos la historia de ningún grupo en concreto. Hoy, nos dedicamos a una canción, lo que puede parecer una locura, aunque estamos convencidos de que, al final, tendremos que aligerar en contenidos, porque la composición en cuestión tiene historia, múltiples versiones, diversos intérpretes, excelentes compositores y toda una trayectoria salpicada de generaciones que han bailado sus compases, bien en las pistas rítmicas o en los momentos íntimos para las parejas, porque acordes de todo tipo tiene esa canción, según la versión, dependiendo de quienes la interpretan o en función de los variados fragmentos que la integran.

PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

“No estamos locos, que sabemos lo que queremos”, rezaba el texto de la canción a la que daban título las tres primeras palabras de esta crónica y que interpretaba el grupo musical español de “flamenco-fusión”, conocido como “Ketama”, que lideraba, aunque no fuera de los miembros fundadores, el hoy solista de éxito Antonio Carmona Amaya. Y nos apoyamos en su tan tarareada frase musical porque vamos a dedicar nuestra página de hoy, exclusivamente, a una canción. Esta semana, no traemos obituario, no hay “viviario”, término inexistente que ya hemos popularizado en las últimas semanas (perdón por la impostura) y tampoco ofrecemos la historia de ningún grupo en concreto. Hoy, nos dedicamos a una canción, lo que puede parecer una locura, aunque estamos convencidos de que, al final, tendremos que aligerar en contenidos, porque la composición en cuestión tiene historia, múltiples versiones, diversos intérpretes, excelentes compositores y toda una trayectoria salpicada de generaciones que han bailado sus compases, bien en las pistas rítmicas o en los momentos íntimos para las parejas, porque acordes de todo tipo tiene esa canción, según la versión, dependiendo de quienes la interpretan o en función de los variados fragmentos que la integran.

Son muchas las canciones legendarias e inolvidables
Y no son pocas las legendarias y míticas canciones que podríamos haber elegido para desarrollar nuestra página de hoy, como, por ejemplo, la dulce y rabiosamente enfadada melodía de “Procol Harum” titulada “A whiter shade of pale” (“Con su blanca palidez”); “Smoke gets in your eyes” (“El humo ciega tus ojos) que bordaban “The Platters”; “House of the rising sun” (“La casa del sol naciente”), con la que nos estremecían “The Animals”; “Imagine”, la “ópera prima”, en materia de éxito, al ser el disco más vendido de los muchos que nos regaló el desaparecido “Ex-Beatles”, John Lennon, en cuyo contenido imagina un mundo idílico, repleto de paz, sin fronteras sociales, religiosas o de nacionalidades y una humanidad libre de posesiones materiales, algo inalcanzable, pero siempre deseable como edén de vida; la inolvidable y romántica balada de “The Moody Blues” que lleva por título “Nights in white satin” (“Noches de blanco satén”); “California Dreamin” (“Sueños de California”), con las maravillosas y muy sincronizadas voces del legendario cuarteto americano “The Mamas and The Papas”, prototipo del folk rock vocal. Y podríamos haber elegido otras muchas, pero hemos pensado que para comenzar esta “aventura” había que apostar por una canción muy popular, sí, pero, al mismo tiempo, divertida, agradable para todos los públicos y de las que no te dejan pasivo cuando suena, sino que son de lasque te hacen lanzarte a la pista de irremediable manera, especialmente en esa parte rítmicamente más intensa que antes ya desvelábamos.

Little Peggy March, la primera intérprete y titular de la versión original
Nos estamos refiriendo a una partitura que vio la luz en 1963 y cuya versión original, como primera intérprete de la misma, corresponde a la americana Little Peggy March. Su título “I will follow him” (“Le seguiré”), una canción que se encaramó a lo más alto de la respeta lista “Billboard”, de Estados Unidos, y cuya música original fue concebida para una primera letra en francés que también grabaría la extraordinaria Petula Clark. Fue co escrita por los excelentes y conocidos músicos Franck Pourcel y Paul Mauriat, quienes, para la ocasión, escondieron su identidad bajo sendos seudónimos, “J.W. Stole” y “Del Roma”, respectivamente. Fue adaptada por Arthur Altman. La letra para la versión inglesa fue tratada por Norman Gimbel, quien la rescató del francés cuando se titulaba “Chariot”, estructura gramatical que había compuesto Jacques Plante para que fuera “número 1” en Francia con la versión de la citada Petula Clark, quien también la colocó en el octavo lugar de ventas en Bélgica, lo que le valió un codiciado disco de oro a la intérprete inglesa afincada en Francia que ya cuenta con 83 años y más de 70 millones de disco vendidos.

Raphael para la versión española
Pero “I will follow him” también tuvo versiones en italiano, con el título “Sul mio carro»; en alemán, como “Cheerio” y en español, donde fue titulada “La tierra” e interpretada por numerosos artistas, aunque nosotros nos quedamos con la versión del siempre especial y exquisito cantante de Linares, Raphael, no sin ocultar que la canción fue desvirtuada en la traducción de su letra y, a veces, hasta de su ritmo. ¿La recuerdan? Decía “La tierra, la tierra, la tierra, no tiene ya fronteras”. Sin embargo, en inglés, está escrita para una voz femenina y la misma estrofa traducida dice “Lo amo, lo amo, lo amo y donde va voy a seguir, voy a seguir, voy a seguir”.

Canciones destrozadas
Todo ello pone de manifiesto el destrozo que se hace con las canciones cuando se adaptan a otros idiomas y “se fuerza”, hasta “con calzador”, la estructura letrística que, en la mayoría de las ocasiones, suele cambiar el sentido, el contenido y el espíritu con el que fue concebida la canción originalmente. Es el ejemplo más claro, para nosotros los españoles, de aquel famoso conjunto músico-vocal, como entonces se les denominaba, conocido por “Los Mustang”, una formación barcelonesa que lideraba el carismática Santi Carulla y a quienes también se les llamaba “Los Beatles Españoles”,porque versionaban copiosamente las canciones del cuarteto de Liverpool, aunque, eso sí, destrozaban las letras para adaptarlas. Así, por ejemplo, la famosa y facilona canción “Ob-la-di, Ob-la-da”, con la letra de “The Beatles” traducida comienza con “Desmond tiene un puesto en el mercado, Dolly es la cantante de un grupo”, mientras que la de “Los Mustang” ofrece “a cambio” y en el mismo comienzo “Alguien dijo un día que en el año mil, todo el mundo llegaría al fin”, lo que ofrecemos como una palpable prueba de las muchas que podríamos esgrimir para demostrar que las canciones son maltratadas en sus traducciones con marcada frecuencia.

Paul McCartney en Madrid, el día 2 de Junio próximo
Y vamos ya, para finalizar, a referirnos a las más destacadas y relevantes versiones de la canción a la que dedicamos esta crónica. Antes de nada, hemos contactado con nuestro extraordinario compañero y excelente amigo, David Sandoval López, experto musical y melómano empedernido, con el que, como no podía ser de otra forma, hemos estado totalmente de acuerdo en todo, incluso hasta para coincidir el próximo día 2 de Junio, en el madrileño estadio Vicente Calderón, de Madrid, para asistir al esperado concierto de Paul McCartney. Por lo tanto, digamos que la canción alcanzó notables éxitos de la mano y en la voz de Pey, en Reino Unido, aunque no tanto con Laurie, en Estados Unidos. También es muy agradable y pegadiza la versión de la americana Sandy Posey. Y no menos cautivadora la de Skeeter Davis, la gran intérprete de música country americana. Y brindan una versión del góspel más auténtico “Free Gospel Band”, la formación americana que goza de gran predicamento en ese género. Y, en cuanto a calidad clásica e interpretativa, cobra especial dimensión la versión del músico neerlandés, nacido en Maastricht, André Rieu, reputado violinista, compositor y director de orquesta, quien con una banda amplísima, unos coros nutridos y unos excelentes solistas, ofrece una versión que enloquece. Y todo ello sin olvidarnos de las versiones de “Sister’s Act”, con el protagonismo de Whoopi Goldberg y un nutrido grupo de “simpáticas monjas”, con cuya interpretación hicieron grande la banda sonora original del film “Sister Act”. Y nada que decir, por agradable, verbenera, graciosa y rítmica de la versión del divertido grupo “Rocky Sharpe and The Replays”, quienes te mantienen “bailongo” desde el primer compás hasta el último, porque ofrecen menos variaciones que las demás interpretaciones. Un tema legendario que, sin duda, pasará a la historia de la música pop. Buenos días.