LAURA CABALLERO ESCÁMEZ/PSICÓLOGA

En los últimos meses a causa de la pandemia, se ha detectado un incremento de casos en las consultas de psicología relacionados con lo que conocemos como hipocondría/hipocondriasis, aunque en el DSM-V (última edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) se cambió el nombre a Trastorno de Ansiedad por Enfermedad. Lo cierto es que aunque una gran parte de la población no se alarma cuando siente un síntoma en concreto, existen personas que experimentan un elevado nivel de ansiedad  y están convencidas de estar sufriendo una enfermedad grave. Esto, como ya hemos adelantado, se ha intensificado en los últimos tiempos por el nivel de alerta ante la posibilidad de contagiarnos del virus o contagiar a otros, así como una mayor conciencia sobre la vulnerabilidad de la salud.

Síntomas

Las personas que padecen este trastorno tienen una preocupación constante por su salud y temen que cualquier cambio físico suponga padecer una enfermedad y debe darse para su diagnóstico durante un periodo de 6 meses. Cualquier signo o síntoma que sientan en su cuerpo, puede ser un motivo de obsesión y preocupación: un cambio en la piel, dolores musculares y hasta síntomas concretos relacionados con la ansiedad como palpitaciones cardíacas, presión en el pecho, etc. De todos es sabido que las personas con este problema se caracterizan por visitar continuamente al médico, con la intención también de que les derive a especialistas que les confirmen sus temidas sospechas. Cierto es que estas visitas al médico pueden calmar momentáneamente, pero no durante mucho tiempo, ya que la preocupación por padecer una enfermedad o el hecho de interpretar cualquier síntoma físico como síntoma de un problema grave de salud, volverá pronto.

Tratamiento psicológico

Para tratar este problema, primero es necesario descartar que no haya ninguna patología real y una vez descartada es necesario que se establezca una buena relación terapeuta-paciente. Las técnicas por lo general son de tipo cognitivo-conductual. El tratamiento en cuestión se basa en primer lugar en ayudar a la persona a detectar las creencias respecto a su estado de salud y cómo éstas afectan a su vida. Habrá que indagar en todas las enfermedades que cree tener, y todos los síntomas que le hacen pensar que tiene dichas enfermedades. Tras ello es importante identificar todas las conductas que la persona realiza para reducir la ansiedad ante la posibilidad de padecer dichas enfermedades: buscar en internet, ir al médico, comprobar constantes vitales, evitar ver noticias relacionadas con problemas de salud, etc.

Precisamente la técnica más eficaz para tratar este problema es la “Exposición con prevención de respuesta” y consiste en exponer a la persona a la ansiedad que le produce la idea de padecer cualquier enfermedad, pero previniendo la respuesta que le reduce la ansiedad, esto es: sin buscar en internet, sin acudir al médico, sin comprobar constantes vitales, etc. También se debe exponer a la persona a las sensaciones interoceptivas que interpreta como síntomas de la supuesta enfermedad. Progresivamente la persona va aprendiendo a “tolerar” el malestar que le producen los pensamientos y las sensaciones, sin llevar a cabo la conducta que, aunque creía que le tranquilizaba, en realidad era el elemento reforzador y lo que mantenía el problema, ya que como hemos comentado, la ansiedad solo desaparece momentáneamente.