GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

Hay veces en que uno siente que la oscuridad se cierra sobre tu alma y que ya no puedes más, pero entonces aparecen esas lucecitas quKeller y Sullivane la vida (o el Facebook) te regala, que te ayudan con el primer café a pasar el día y quitan horas a sus sueños para aliviar tus pesadillas. Eso les pasó a Helen Keller y a Anne Sullivan, juntas aprendieron no solo a sobrellevar sus cargas sino también a superarlas. Helen nació, totalmente sana, en 1880 en el seno de una familia rica de una pequeña ciudad de Alabama. Pero al cumplir los dos años una extraña fiebre cerebral la dejó sorda y ciega. Su madre decidió que la hija podía llevar una vida normal dentro de su ceguera, y buscó los mejores profesores y colegios para sordos. Esta búsqueda la llevó a conocer a Alexander Graham Bell, quien por aquel tiempo trabajaba como profesor con niños sordos. Bell aconsejó a la familia de Helen que ingresara en el Instituto para Ciegos del Sur de Boston. Allí le fue asignada una institutriz e instructora. Se llamaba Anne Sullivan y también tenía deficiencias visuales. Aquella jovencita de 20 años, abandonada por una familia pobre y que no aceptaba lo que le había tocado, se convertiría en la compañera incansable de Helen durante casi 50 años. Anne Sullivan se instaló con los Keller en marzo de 1887. Traería para la pequeña Helen una muñeca. Su nombre sería la primera palabra de todas las que le enseñaría esta joven arisca a esta niña sin vista ni oído, pero con unas ansias de aprender y comunicarse que superaría cualquier otra restricción. No le valían los ojos ni los oídos, pero aún le quedaban las manos, con las que aprendió a comunicarse y a expresarse y corazón para moverse entre toda esa oscuridad y silencio. Aprendió a escribir gracias a un sencillo tablero acanalado y posteriormente con el sistema Braile. También llegó a hablar mediante la identificación de las vibraciones de su garganta. En mayo de 1888 Helen asistió al Instituto para ciegos Perkings y años después, en 1894 ingresó en la Escuela para ciegos Wright-Humason de Nueva York. Le seguirían otros centros educativos como la Escuela de Cambridge para Señoritas en 1896 y más tarde la Universidad de Radcliffe en 1900. Se convertía así en la primera persona sorda y ciega en conseguir alcanzar unos estudios universitarios. Anne estaría a su lado el día que tanto esfuerzo recibió su recompensa: el 28 de junio de 1904 Helen se graduaba cum laude en sus estudios de arte. Todas sus alegrías, tristezas y el largo camino hacia la luz los escribiría Hellen en un libro que ella misma se encargaría de divulgar por todo el mundo junto a su inseparable Anne. Juntas, maleta en mano, pasaron los siguientes años las dos ciegas cambiando con su valentía y esfuerzo el final que para ellas estaba escrito. No solo defendieron que se puede vivir con la mitad de los sentidos, sino que además, se puede vivir bien; defendieron los derechos de los disminuidos y contribuyeron a los derechos de otros colectivos desfavorecidos, así como a las sufragistas. En 1935 Anne se queda totalmente ciega, y muere un año después, a los setenta, sin separarse de la mano que la salvó de su propia oscuridad. En octubre de 1961 Helen sufrió un derrame cerebral, el primero de muchos que la impedirían seguir viajando y que la recluirían en su casa de Connecticut. . Su luz interior se apagó para siempre el 1 junio de 1968 mientras dormía. Dejó su estela en doce libros que nos enseñan que la suma de una más una… algunas veces es una.