FÉLIX MARTÍNEZ/Espacio de Alcoba

El 29 de septiembre hace ciento cincuenta y seis años nacería en Bilbao Miguel de Unamuno y Jugo, don Miguel de Unamuno a la postre. Este artículo es plenamente subjetivo y casi rozando el más puro ideal romántico, pero don Miguel ha sido una de mis debilidades desde el momento en que leí su primera obra. Fue todo un flechazo a primera lectura.

Don Miguel de Unamuno

Don Miguel de Unamuno

Destacado autor de la llamada Generación del ’98, Unamuno cultivó –y sin lugar a dudas con honroso éxito- la totalidad de la bella arte de la escritura. En su haber se halla la exploración tanto de la novela, como el ensayo –que bien puede ser filosófico que filológico, aunque también lo podemos rastrear en ámbitos más prácticos-, como la poesía y el teatro. Sin mencionar que en su archivo privado se hallan una correspondencia de más de 10.000 cartas. En su primera novela, Paz en la Guerra, se refleja la experiencia que vivió el propio autor al ver su ciudad tomada por los carlistas durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Aunque hablar de obras noveladas tales como Niebla, Abel Sánchez, La Tía Tula o San Manuel Bueno, mártir es hacerlo de unas de las mejores obras jamás escritas en nuestro idioma. Como ensayo destacar: Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos, La agonía del cristianismo o mi favorita: Vida de don Quijote y Sancho. En esta última obra “reescribe” la obra inveterada de Cervantes para dotarla de unos tonos existencialistas únicos y personalísimos, liberando de las manos de Cervantes a Don Quijote y a su escudero. Dentro de sus poesías encontramos obras de temas tan dispares como: El Cristo de Velázquez o Andanzas y visiones españolas. De su producción teatral me quedaría (¡si es que acaso fuera tan sencillo!) con su primera obra teatral: La esfinge y con El otro. En esta última obra teatral aparece el tema de la alteridad en el ser humano desde un punto confluyente entre los pensadores alemanes y el existencialismo incipiente.

Una de las cosas curiosas dentro de la vida de este pensador español será el hecho de que el “inmortal rector de Salamanca”, conocido y reconocido filósofo, jamás ocupó la cátedra de dicho ámbito pues nunca consiguió superar las pruebas para ello. Donde sí obtuvo la cátedra fue en Filología Clásica. A raíz de aquí podemos mentar otra curiosidad que abarca a este hombre intelectualmente inquieto, y es que el pensador vasco dominaba ocho idiomas: castellano, euskera, francés, griego, latín, portugués, italiano e inglés. Por lo demás, leía y comprendía, aunque no lo hablaba dos idiomas más: alemán y danés. Este último idioma es el que entraña una historia más extrema dentro de las ambiciones de don Miguel. Aprendió a leer danés por Søren Kierkegaard, un filósofo y teólogo danés considerado el padre del existencialismo, era llamado por Unamuno como “hermano”. Esto responde a que don Miguel de Unamuno aborrecía de las traducciones -salvo las que él mismo realizaba, claro- y gustaba de leer a los autores en su lengua materna.

No dejaros engañar por mí y penséis que Unamuno es esto que aquí estáis leyendo ni tampoco creer que Unamuno es el que se ha visto en boga últimamente. Don Migueles hay muchísimos, solo será cuestión que cada uno de ustedes lea el alma de ese vigoroso nudo casi indecible que era, es y será don Miguel de Unamuno y Jugo.