JOSÉ MARÍA EGEA SÁNCHEZ/Doctor en Agroecología

El cáncer, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es una “enfermedad que se caracteriza por la transformación de las células, que proliferan de manera anormal e incontrolada”; teniendo en cuenta esta definición me vais a permitir que hoy recurra a ella de manera metafórica, y es que creo que es un perfecto ejemplo de lo que para mí es el efímero, al menos espero que así sea, paso de la especie humana por este planeta llamado Tierra. Un desarrollo anómalo e incontrolado, decidido a esquilmar los recursos naturales finitos en pos de un desarrollismo perverso y una supuesta calidad de vida que no deja de ser una entelequia.

Yo siempre he abrazado las teorías de Rousseau para quien el ser humano es en esencia, bueno y cándido, y que es la vida social y cultural la que lo pervierte. Siempre me he sentido atraído por esa idea, más romántica quizá, de la bondad como punto de partida de nuestra existencia y como objetivo último. Sin embargo los hechos me hacen acercarme cada vez con más celeridad al modelo hobbesiano para quien el hombre es malo por naturaleza. Pocas dudas encierro ya, mal que pese a los antropocentristas, de que la vida en la Tierra y ella misma sobrevivirá a nosotros y nos pondrá en nuestro lugar devolviéndonos todas las agresiones que le perpetramos.
Una vez permitida la licencia de quitarme el corsé con esta introducción a modo casi de desahogo, de purga interna, vayamos al grano. En el vasto repertorio de agresiones sin escrúpulos del ser humano al medio ambiente hoy quería hablaros de uno que por cercanía, perversidad y alarma social, creo que debe ser bien reconocido por los ciudadanos. El Fracking o fractura hidráulica consiste en la perforación de pozos a gran profundidad, normalmente en forma de “L”, destinados a la extracción de hidrocarburos, petróleo o gas natural. Para ello se abre una grieta inicial mediante explosivos y luego se agranda mediante la inyección de agua, arena y aditivos químicos a gran presión.
Con la subida del precio de los hidrocarburos este tipo de extracciones se han hecho más rentables y más recurrentes, especialmente en EEUU donde decenas de miles de pozos ya empiezan a poner en evidencia los riesgos ambientales que acarrean y, como dice el refrán, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar….”. Efectivamente, la fiebre del fracking llega a Europa, también a España, y en nuestra comarca concretamente hay varios permisos otorgados para el estudio de la extracción de hidrocarburos por este método, permisos concedidos a las empresas Invexta Recursos S.L. y Oil and Gas Capital, S.L. que suman más de 40.000 hectáreas. Así que me parece apropiado y de capital importancia que la gente conozca los ubérrimos riesgos ambientales a los que nos enfrentamos, riesgos como digo, que son ya una realidad en Estados Unidos y que son obviados por las empresas promotoras.
Según un informe solicitado por el Parlamento Europeo y según el Informe del Tyndall Centre (Universidad de Manchester) que recogen la experiencia en los Estados Unidos, los impactos ambientales del fracking son principalmente el elevado consumo de agua (cada pozo necesita entre 10.000 y 30.000 toneladas de agua), los productos químicos utilizados en las fracturas responsables de la contaminación de acuíferos y aguas subterráneas (el informe del el Centro Tyndall hablan de 260 sustancias químicas, entre las que hay sustancias que producen cáncer, tóxicas para la piel, ojos, sistema digestivo, respiratorio, nervioso, etc.) y no menos importantes son los impactos paisajísticos, pequeños terremotos, contaminación del aire y un largo etcétera de agresiones que esta práctica conlleva.
La Plataforma Cuenca del Segura libre de Fracking dejó constancia por escrito mediante reiteradas cartas dirigidas al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vino de Bullas, concretamente a su presidente Francisco Carreño, advirtiéndoles de los serios riesgos ambientales que afectan a la zona de producción de los vinos que se amparan en dicha DO. En estas cartas se solicitaba formalmente, y cito textualmente, “que se informe al Pleno del Consejo Regulador de la D.O. Bullas, y que se eleve al citado Pleno para su debate el rechazo al uso del fracking en la comarca del noroeste, por las consecuencias negativas que podría tener sobre la DO de Bullas, y sobre el conjunto de la comarca”.
Cartas que a día de hoy siguen sin respuesta.
En 2015 la Plataforma presentó más de seis mil firmas a los gobiernos regionales de Murcia y Castilla La Mancha (ambas comunidades con territorios implicados por estos estudios de prospección) y al gobierno central, pidiendo la suspensión de los permisos otorgados a las empresas anteriormente citadas.
En la Asamblea Regional en dicho año se aprobó una moción presentada por el grupo Podemos y apoyada por PSOE y Ciudadanos; y que sólo el Partido Popular votó en contra, para declarar la Región libre de Fracking (aunque esta no es vinculante y no deja de ser únicamente una declaración de intenciones).
En este sentido es fundamental la movilización social y ciudadana, así como de los ayuntamientos y gobiernos locales. En la actualidad el ayuntamiento de Cieza ha elevado una propuesta de ley a la Asamblea Regional con el fin de que se posicione claramente contraria a la extracción de hidrocarburos mediante fractura hidráulica. Posteriores a los permisos de investigación nos vamos a encontrar otras herramientas para parar estas actuaciones como son permisos ambientales y de otra índole, así que como digo, es fundamental que la sociedad y sus gobernantes a nivel local tengan claros los riesgos reales y se posicionen firmemente en contra de dichas prácticas.
Si bien es cierto que la fiebre del Fracking ha eclosionado en la última década, los primeros “gorrinos” que anduvieron por estos lares en busca de sus preciadas “trufas” por medio de esta técnica se remontan a los años 60. El 22 de diciembre de 1.964 en Cieza recibían el primer equipo de científicos en busca del deseado “oro negro”, en lo que más tarde se sabría, se denominó “Operación petróleo en el Suereste” coordinada desde la Compañía de Investigaciones y Explotaciones Petrolíferas. También en el 80, compañías como la British Petroleum o la Chevron Oil, quisieron clavar sus garras en nuestras tierras, siendo Moratalla y Jumilla sus objetivos. Al final, el agua pareció ser unos de los recursos limitantes en dichas investigaciones.