GLORIA LÓPEZ CORBALÁN

No hay semáforo, cruce o stop que no nos acusen a las mujeres de hacer uno bien. Digo yo, que habrá de todo, las hay que ponen el intermitente pero les arrancan las puertas al coche. Y los hay que no volverán a ponerlo cuando se enteren que fueron inventados por una mujer.


Florence Bridgwood nació el 2 de enero de 1886 en Canadá. La pequeña de tres hermanos de un constructor de carros y una actriz con un nombre artístico poco original: Lawrence. Apellido que Florence asumiría años después. Con tres años ya actuaba junto a su madre, pero de forma esporádica. Le gustaba estudiar y se graduó. Pero la muerte de su padre le obligó a volver a los escenarios y marcharse a Nueva York, donde comenzó su carrera como actriz.

Con el nuevo siglo cambiaron muchas cosas, aires nuevos, nuevos inventos, nuevas estrellas. Y Florence estaba en el momento justo en el lugar adecuado. Se convirtió en la actriz estrella y su nombre era el más demandado para interpretar todas las películas. Incluso en esos años, en que los actores no aparecían en los títulos de crédito, tal fue su fama que las cinematográficas decidieron ponerlo como reclamo comercial. Se convirtió en la «La chica de la Biograph”.

En 1908 se casó con un joven actor llamado Harry Solter y se convirtieron en la pareja del momento. Tanto dinero entraba que en 1912 la pareja funda su propia compañía, la Victor Film Company, pero para ese año ya eran más una empresa que un matrimonio. Ella, que vio venir el final, decidió retirarse de los escenarios para intentar salvar lo poco que quedaba. Pero la compañía no era lo mismo sin ella y Harry la obligó a volver. Su mala suerte ya estaba marcada y en las primeras escenas de lo que sería su vuelta triunfal sufre un accidente que le dejan secuelas físicas y psíquicas.
Florence deja a su marido, al que considera responsable y se dedica a su hobby: los automóviles. Unos artilugios casi del demonio por aquel entonces y que la actriz, a la que no le faltaba el dinero, le apasionan y los colecciona. La poca clarividencia que tuvo para su vida, le sobró para inventar un artilugio en forma de palo que se movía para indicar si el coche iba a girar hacia un lado u otro y una señal de stop que aparecía en la parte de atrás cuando el conductor accionaba el pedal de frenos.
Coleccionándolos conoce al que sería su segundo marido. Charles Byrne, un vendedor de coches con el que estuvo diez años casada.

Pero los felices años 20 acabaron de golpe en 1929. Como para muchos americanos, ese año marcó el final de la felicidad de Florence y el comienzo de una cuesta abajo que solo acabaría en su tumba. No solo perdió casi todos sus ahorros con el crack, dejó de tener trabajo y ese mismo año murió su madre. Los pocos ahorros que tenía terminaron en un mausoleo para ella.
La crisis económica y personal de Florence acabó también con el segundo matrimonio, pero como las desgracias nunca vienen solas, volvió a enamorarse. Cinco meses y muchos golpes le duró el tercer matrimonio con Henry Bolton.
La primera actriz más famosa del cine de Hollywood, La chica Biograph, la inventora de los intermitentes no supo girar al final de sus días en ningún sentido y decidió poner el spot un 27 de diciembre de 1938. Fue enterrada junto al mausoleo de su madre en una tumba sin nombre.
No sería hasta 1991 cuando un alma misericordiosa, o quizá el que patentó los intermitentes, añadió una placa que reza: “La chica Biograpg, primera estrella del cine”