José María Ortega González.
Al nuevo Jefe de Estado
Estimado ciudadano,
Las élites económicas de este país, respaldadas por PP y el PSOE acaban de provocar la abdicación de su padre y la proclamación de Ud. como nuevo Rey de España. Pero de la mermada presencia de súbditos en las calles el día de su proclamación –menos que en cualquier celebración futbolera- deducirá Ud. que algo pasa.Felipe VITodo se ha realizado como en el marco de una estrategia precipitada por los resultados de las Elecciones Europeas, que han debilitado al bipartidismo; y en el contexto de una más que probable imputación de su hermana, acusada de colaborar en el robobo de la jojoya* de los dineros públicos. Se prevé además, que su cuñado pueda ir a la cárcel, al no poder ser enterradas (aunque se ha intentado), las pruebas de su desvergonzada ocupación de los últimos años: el latrocinio de dinero público, usando la imagen de la corona y el nombre del antiguo rey. Es previsible que la evolución judicial del caso Urdangarín conlleve un nuevo empeoramiento de la imagen de la institución monárquica, ya de por sí muy cuestionada por millones de españoles entre los que me encuentro. Por eso, recurriendo a la vieja estrategia del enroque, los poderosos de este país han procedido a renovar la monarquía en dos semanas. Había que dar un lavado de cara a esta institución, para fortalecerla ante el chaparrón que viene. El proceso se ha hecho obviando el paso por las urnas, es decir, la manifestación democrática de la voluntad del pueblo. Así, han procedido a nombrarle a usted como Jefe de Estado, todo ello para que, como decía aquel personaje del gatopardo «que todo cambie, para que todo siga igual».
Estimado ciudadano, debe saber que, para millones de españoles será usted en lo sucesivo, Jefe de Estado, pues no se nos ha permitido otra forma de elección y ya ostenta usted dicho cargo, entre tanto logramos que se pueda elegir democráticamente a dicha figura. Sin embargo, nunca será Ud. nuestro rey. Ni lo tenemos, ni lo queremos ni lo necesitamos. Respecto a la figura del Jefe de Estado, me parece que, no va a poder usted ejercer más papel que el que otros le escriban en su propio beneficio. Su elección por parte de «diputados amarrados» y no por ciudadanos hará que vaya a ser «la figura de ellos» y nunca la de nosotros. Habla usted en los discursos que le escriben de unidad, democracia, reconciliación. Todo falso. En este país, el «atado y bien atado» de Franco se ha extendido como un cáncer a muchas facetas de nuestras vidas. Aquí todo el diseño del país lleva décadas haciéndose de parte, en beneficio de unos y a costa del resto. Unos provocan crisis, otros pagamos la factura.
Le pongo un ejemplo, de la España de doble rasero e indecencia: la memoria histórica. La Institución a la que usted pertenece ha estado presente en múltiples ceremonias de beatificación y canonización, celebradas en el Vaticano. Algunas de las personas beatificadas en estas ceremonias lo han sido como mártires de la guerra civil que asoló España hace 70 años. No negaré el mérito ante los hombres o antes Dios, si lo hubiere, de quien muere asesinado por defender unas ideas, o una fe. Sin embargo, ¿sabe usted que hay más de 100.000 cuerpos de españoles y españolas que todavía permanecen enterrados en las cunetas porque darles sepultura para el gobierno que ha propiciado su proclamación es remover el pasado? Pues eso, unos beatificados, otros en las cunetas. Y usted, que se dice figura mediadora y de consenso, no dirá nada sobre este y otros temas sensibles, porque en su sueldo va la obligación de ciertas palabras, y también la de ciertos silencios.
Le han puesto a usted ahí para no incordiar nunca al poder establecido, dar una imagen amable frente a todos, al tiempo que lo esencial, esto es, un modelo de sociedad injusto y escasamente democrático, permanece atado y bien atado.
Que le vaya bien, ciudadano.

*Película perpetrada por el dúo Martes y Trece; bodrio que significó el fin de sus respectivas carreras cinematográficas.