PEDRO ANTONIO HURTADO GARCÍA

Reina de la “chanson” y diosa de la cultura francesa estaba considerada Marie-Juliette Gréco (07-02-1927, Montpellier-Francia/23-09-2020, Ramatuelle-Saint Tropez-Provenza-Francia), conocida artísticamente como Juliette Gréco, cantante y actriz a la que la prensa apodó “La musa de los existencialistas”, quien iniciara su trayectoria como actriz de teatro y radio, aunque, inmediatamente, se inclinó por profesionalizarse en la canción. Entendía que no sabía cantar y que no le gustaban las canciones que sonaban por la radio, pero el tiempo y su trabajo le encumbraron a lo más alto de las voces francesas.

Prestigiosa distinción.- En 1949, ya actuaba en el parisino cabaret “Le boeuf sur le toit”, cosechando clamorosos éxitos, tanto que, al año siguiente, ya recibía el jugoso premio de la “SACEM” por su disco “Je hais les dimanches” (“Odio los domingos”). En 1952, gira por EE.UU. y Brasil con la revista “April in Paris”. Y actuaba, en 1954, en el acreditado “Olympia de París”, convertida en una consagrada intérprete. Resulta condecorada, en 1984, como “Chevalier de la Légion d’honneur” (“Caballero de la Legión de Honor”), la más prestigiosa e importante distinción francesa. Contrajo matrimonio con el pianista Gérard Jouannest, pero, según proclamaba Manuel Vicent, fue prolongada amante de Albert Camus, viéndose en el “Hotel la Louisiane”. ​

Compositores “a sus pies”.- Sus claras dificultades para encontrar canciones adaptables a su estilo, las resolvió relacionándose con diestros compositores que, luego, alcanzarían reconocida fama, como los notables Léo Ferré, Serge Gainsbourg o Jacques Brel. La vida de Juliette Gréco aglutina cine, música y vida intelectual en París a lo largo y ancho de la segunda mitad del pasado siglo XX, codeándose con pintores, escritores, filósofos y esos compositores que “bendecían” que Gréco inmortalizara sus creaciones musicales.

Amante de Miles Davis.- “Largo cabello negro, rostro hermoso, menuda y estilizada”, así la definió Miles Davis, en su autobiografía, cuando, en 1949, le vio entre el selecto público que había asistido a su primer concierto en París, velada en la que también intervenía el sensacional Charlie Parker. Davis quedó realmente fascinado con su presencia y su figura, preguntando que “quién era”, interrogante que, por entonces, solamente podría formular un forastero. “Es una de esas existencialistas, ya sabes”, le aclaró un colaborador. Es cierto, en cualquier caso, que, al concierto, ella, asistía acompañada por Pablo Picasso y Jean-Paul Sartre. Gréco, no obstante, superaba lo de ser la musa de los existencialistas. Llegaba a ser uno de los iconos emblemáticos del París de la posguerra y de su vida cultural recuperada tras la derrota de Hitler, cuando el cabaret pisaba fuerte en pugna con el jazz, mientras ella ya era la cantante de dulce voz con capacidad para adueñarse de las emociones y transmitirlas como nadie. Tenía, entonces, 22 años y Davis explica que se gustaron de inmediato, que se convirtieron en amantes y vivieron unos meses de pasión en aquel París irrepetible, relación destruída a causa del irrenunciable regreso del trompetista a Nueva York. Gréco ya había sido amante de Sartre, como, posteriormente, lo sería del mencionado Albert Camus.

Entre los “grandes”.- Era tan brillante su calidad que se le compara con Brassens, Brel, Aznavour o la mismísima Édith Piaf. Sus 93 años de vida nos dejan historia abundante y sólida cultura, mientras premios relevantes y reconocimientos de categoría resultan incontables, manteniéndose activa hasta el pasado año 2015.